Juan 15,9-17 – Esta es la vida eterna

mayo 15, 2018

Esta es la vida eterna

“Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.”

Martes de la 7ma Semana de Pascua | 15 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Esta es la vida eterna

Jesucristo no se ha reservado nada. No mantiene ningún secreto. Todo lo que tenía que revelarnos está en los Evangelios. Él tenía que darnos a conocer a Dios y así lo hizo. Las Escrituras contienen la Palabra de Dios y ellas nos dan a conocer todo lo que necesitamos.

Todo lo que tenemos que hacer para alcanzar la Vida Eterna es conocer a Dios Padre y a su enviado, Jesucristo. ¿Cómo podemos conocerlos? Por las Escrituras, de manera completa y amplia o por los Evangelios, de modo más directo, no por ello menos completo.

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Juan 6,60-69 – El espíritu es el que da vida

abril 16, 2016

Texto del evangelio Jn 6,60-69 – El espíritu es el que da vida

60. Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
61. Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto los escandaliza?
62. ¿Y cuando vean al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?…
63. « El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida.
64. «Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
65. Y decía: «Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»
66. Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
67. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren marcharse?»
68. Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿dónde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna,
69. y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»

Reflexión: Jn 6,60-69

Va llegando la hora de la Verdad y el Señor no se anda con rodeos. Nos cuesta entender lo que quiere fundamentalmente porque no queremos creer lo que nos dice y nos pide. Nos gustaría poder oír otra cosa; algo en un tono un poco más conciliador, que nos permita abrigar la esperanza de seguir con nuestros propósitos y nuestra forma de vida, pero el Señor es drástico y exigente. No podemos fingir o pretender seguirle y coquetear con el mundo y el mal, manteniendo nuestros hábitos de siempre. O estamos con Él o estamos contra Él; así de claro y definitivo. El Señor no es conciliador, ni contemplativo a este respecto. Ni si quiera trata de suavizar su mensaje con el propósito de no perderlos a todos. Él sabe lo que hay que hacer y está decidido a hacerlo. Somos sus discípulos los que trastabillamos, porque dudamos, porque no estamos dispuestos a arriesgarlo todo, por falta de fe. Al final “salimos” de la presión simplemente posponiendo cualquier decisión y conviviendo a nuestro modo con la exigencias incumplidas, de allí que cuando nos preguntan si somos cristianos respondemos que sí, pero no practicantes. Y es que poco a poco nos vamos volviendo cristianos a nuestra manera, que es una forma velada de evadirnos del mandato de Jesús, entrando por la puerta ancha, por la grande, por la que pasan todos. Es que tal como dicen los mismos discípulos, es duro este lenguaje, quién puede oírlo. En lugar de dorarnos la píldora para hacerlo más digerible, con el propósito que no le abandonemos, el Señor nos presenta las cosas tal como son; lo aceptamos o lo dejamos también, como tantos que ya lo han abandonado. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son vida.

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