San Lucas 18,35-43 – que vea

noviembre 20, 2017

que vea

Qué difícil se le hace al hombre caminar sin ver. Eso es algo que los ciegos comprenden en carne propia mejor que nadie, tal como nos lo recuerda el Evangelio de Lucas 18,35-43. Por eso, quien vive esta desgracia por alguna razón en la vida, no puede tener mejor anhelo que el que declara el ciego de Jericó: Señor, que vea.

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Lucas 18,35-43 – Recupera la vista

noviembre 14, 2016

¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez». Y Jesús le dijo: « Recupera la vista, tu fe te ha salvado».

Texto del evangelio Lc 18,35-43 – Recupera la vista

35. Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
36. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía.
37. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret.
38. El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».
39. Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».
40. Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó:
41. ¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez».
42. Y Jesús le dijo: « Recupera la vista, tu fe te ha salvado».
43. En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

Reflexión: Lc 18,35-43

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Lucas 18,35-43 Recupera la vista

Esto es lo que el Señor está dispuesto a hacer con cada uno de nosotros si se lo pedimos de todo corazón y con fe. No nos quedemos en el caso anecdótico, aunque prodigioso, de este ciego. Lo más importante fue su insistencia. No se detuvo hasta conseguir lo que quiso.

Esto es precisamente lo que debemos aprender. A pedir insistentemente aquello que de un modo sutil comunica el Señor al ciego: la salvación. ¿Y cómo llega la salvación a este ciego? Por la fe. ¡Pidámosle al Señor insistentemente que nos devuelva la vista!

Incluso el hecho de pedir que nos devuelva la vista es algo significativo. Es que cuando somos niños en realidad vemos muy bien. Es en el proceso de convertirnos en adultos que, adecuándonos al mundo, perdemos la vista por completo. Muchos nos cegamos para siempre.

¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez». Y Jesús le dijo: « Recupera la vista, tu fe te ha salvado».

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Lucas 17,11-19 – dar gracias a Dios

octubre 9, 2016

¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?». Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».

Texto del evangelio Lc 17,11-19 – dar gracias a Dios

11. Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.
12. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
13. y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!».
14. Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados.
15. Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
16. y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
17. Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
18. ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?».
19. Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».

Reflexión: Lc 17,11-19

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Lucas 17,11-19 dar gracias a Dios

¡Qué importante es reconocer y dar gracias! No solo a Dios, sino a todo el mundo. Muchas veces actuamos con nuestros hermanos como si todo lo que hacen nos lo mereciéramos. Hay demasiada soberbia y menos precio.

Es que no llegamos a entender y ver en nuestro prójimo el rostro de Jesús. No solo entre nuestros familiares y amigos, sino entre nuestros congéneres en general. Todos somos hijos de Dios y por lo tanto es así como debíamos vernos siempre.

Tenemos que reconocer que es tan solo la lectura asidua de los Evangelios, la oración y la participación constante en el Sacramento de la Eucaristía lo que nos va paulatinamente cambiando. Solo ellos pueden llevarnos a ver al mundo como los ojos de Jesucristo.

¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?». Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».

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Mateo 9,18-26 – «Animo, hija; tu fe te ha salvado.»

julio 4, 2016

Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado.» Y desde aquel momento, la mujer quedó sana.

Texto del evangelio Mt 9,18-26 – «Animo, hija; tu fe te ha salvado.»

18. Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los judíos, se postró delante de él y le dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá.»
19. Jesús se levantó y lo siguió junto con sus discípulos.
20. Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto.
21. Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.»
22. Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado.» Y desde aquel momento, la mujer quedó sana.
23. Al llegar Jesús a la casa del jefe, vio a los flautistas y el alboroto de la gente.
24. Entonces les dijo: «Váyanse, la niña no ha muerto sino que está dormida.» Ellos se burlaban de él.
25. Después que echaron a toda la gente, Jesús entró, tomó a la niña por la mano, y la niña se levantó
26. El hecho se divulgó por toda aquella región.

Reflexión: Mt 9,18-26

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Mateo 9,18-26 «Animo, hija; tu fe te ha salvado.»

El Señor no deja de asombrarnos. No solamente por su poder, sino también por Su Infinita Misericordia. No solamente cura, sino que además salva. Si antes para mostrar que era capaz de perdonar los pecados, concedió esta Gracia al paralítico, ahora concede la salvación a esta mujer por haberlo tocado.

El común denominador es la fe. Esta misma fe mueve a este jefe de los judíos a buscarlo, sabiendo que sólo Él podía revivir a su hija. Jesucristo evidenciando Su poder Divino y Su Misericordia sin límites ni condiciones obra ambos milagros.

Jesús es una fuente inagotable de Bien y Salvación para quién se lo pide con la confianza que solo puede dar la fe. La fe nunca será defraudad por Jesús. Pero ocurre que pocos alcanzamos a tener la fe que evidencian este judío y esta mujer.

Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado.» Y desde aquel momento, la mujer quedó sana.

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