Juan 16,16-20 – Su tristeza se convertirá en alegría

mayo 10, 2018

Su tristeza se convertirá en alegría

“En verdad, en verdad les digo que llorarán y se lamentarán, y el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría.”

Jueves de la 6ta Semana de Pascua | 10 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Su tristeza se convertirá en alegría

Creemos ver un doble sentido en la promesa que Dios expresa hoy a Sus discípulos y a través de ellos a todos nosotros: Nuestra tristeza se convertirá en alegría. Solo esta afirmación viniendo de Jesucristo, debía llenarnos de esperanza, alegría y paz.

No importa lo que pueda ocurrir, sea lo que sea, nuestra tristeza se convertirá en alegría. ¿Qué podría ser más consolador que saber que en poco tiempo estaremos alegres, gozosos? ¿Qué podría ponernos alegres, sino una Buena Noticia, algo que indiscutiblemente sea bueno?

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Juan 16,16-20 – su tristeza se convertirá en gozo

mayo 5, 2016

Texto del evangelio Jn 16,16-20 – su tristeza se convertirá en gozo

16. «Dentro de poco ya no me verán, y dentro de otro poco me volverán a ver.»
17. Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: “Dentro de poco ya no me verán y dentro de otro poco me volverán a ver” y “Me voy al Padre”?»
18. Y decían: «¿Qué es ese “poco”? No sabemos lo que quiere decir.»
19. Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andan preguntándose acerca de lo que he dicho: “Dentro de poco no me verán y dentro de otro poco me volverán a ver?”
20. «En verdad, en verdad les digo que llorarán y se lamentarán, y el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en gozo.

Reflexión: Jn 16,16-20

A quien coge la Biblia por primera vez, quien está empezando a aproximarse al Señor, efectivamente este fragmento le puede parecer raro. Un acertijo. No tendría por qué ser así para quien lo viene siguiendo de cerca por varios meses, incluso por lo menos por tres años seguidos. Sin embargo son sus mismos discípulos los que piden explicaciones de lo que el Señor quiere decirles con estas palabras, porque tienen como un velo en sus mentes que les impide entender todo aquello de lo que el Señor les habla, a pesar que, nadie como ellos, tuvieron evidencias extraordinarias de estar siguiendo al mismísimo Jesucristo, Hijo de Dios. Ellos son los protagonistas de una historia única, singular, irrepetible. Parece parte de la naturaleza humana, encontrarnos en medio de una circunstancia excepcional, con personas excepcionales y sin embargo no darnos cuenta de lo que estamos viviendo hasta que pasó, hasta que acabó, hasta que las circunstancias y las personas cambiaron. Entonces recordamos con emoción lo vivido, como algo increíble. Si, ahí estuve yo; ahí estuvimos nosotros, contaremos después hinchando el pecho, pero en el momento, la singularidad de la ocasión pasó desapercibida para nosotros. Eso mismo podemos constatar que está pasando con los discípulos de Jesús. No entienden mucho lo que ocurre y hasta se encuentran torpemente incapacitados para hilvanar una cosa con otra. No es poco lo que han vivido y –a nuestro modesto juicio, desde la perspectiva que dan más de 2mil años de distancia-, tendrían suficiente para considerar de modo determinante como cierto lo que Jesús decía de sí mismo. Después de todo, los milagros que obra el Señor son únicos y están dirigidos a mostrar quién es, para que creamos en Él. Los milagros serán los argumentos que irrefutablemente muevan a la fe. No los únicos, pero ciertamente los más contundentes. Y es que es indispensable -para Jesús, nuestro Salvador-, que no quede duda que estamos frente al Hijo de Dios que como el mismo lo define es la Luz, la Verdad y el Camino. En verdad, en verdad les digo que llorarán y se lamentarán, y el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en gozo.

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