Juan 16,20-23a – Está triste, porque le ha llegado su hora

mayo 11, 2018

Está triste, porque le ha llegado su hora

“La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.”

Viernes de la 6ta Semana de Pascua | 11 Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Hechos 18,9-18
  • Salmo 46
  • Juan 16,20-23a

Reflexión sobre las lecturas

Está triste, porque le ha llegado su hora

El Señor escoge la figura más adecuada para hacernos entender lo que estamos viviendo. Es como el embarazo de una madre, que espera el nacimiento inminente de su hijo. Lo espera con ansias; a ratos con desesperación. Quiere tenerlo ya en sus brazos.

Todo lo que ocurre en torno al parto, más aun cuando este es completamente natural, como ocurría en aquellos tiempos, combina una serie de emociones que van desde la angustia hasta la alegría plena.

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Juan 16,20-23a – su alegría nadie se las podrá quitar

mayo 6, 2016

Texto del evangelio Jn 16,20-23a – su alegría nadie se las podrá quitar

20. «En verdad, en verdad les digo que llorarán y se lamentarán, y el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en gozo.
21. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.
22. También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrará su corazón y su alegría nadie se las podrá quitar.
23. Aquel día no me preguntarán nada. En verdad, en verdad les digo: lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre.

Reflexión: Jn 16,20-23a

Por un momento el panorama que se abre ante nuestros ojos puede ser sombrío, pareciéndonos que estamos cercados y que no tendremos escapatoria, por más que nos esforcemos en evadir esta situación, nos será imposible. Para este momento debemos interiorizar y recordar estas palabras de consuelo de Jesús. Hemos de pensar que tras esta tristeza, tras esta angustia e impotencia, vendrá finalmente la calma y después la alegría, una alegría infinita que nada ni nadie podrán quitarnos. Obviamente el Señor nos está hablando de otra realidad que está más allá, que trasciende cuanto peligro sentimos que nos acosa y que supera nuestras propias limitaciones, porque se trata de una realidad distinta, de la cual pasamos a formar parte por Gracia de Dios. Jesucristo con Su vida, muerte y resurrección ha unido estos dos mundos, los ha enlazado como un puente, poniendo a nuestro alcance el tránsito a esta nueva vida, una vida plena y abundante que habrá de cambiar nuestra tristeza en gozo y alegría sin fin. Es pues pensando en estas promesas que cuando llegue aquél momento no debemos desmayar, ni dejarnos aturdir, poniendo la mirada de nuestras mentes y nuestros corazones firmemente en aquel sol, en aquella luz que nos ilumina desde el Infinito, que nos ha amado tanto y desde siempre, que ha dado su propio Hijo para Salvarnos y que nos espera –tras la partera-, con los brazos abiertos de Padre, uniéndonos en un abrazo sin fin, con el gozo de quien finalmente encuentra aquello que había anhelado con toda el alma desde siempre. Entonces lo veremos todo de otro modo y finalmente conoceremos la Verdad. Solo imaginar aquella plenitud debe servirnos de acicate para pasar cualquier tribulación con la confianza que cuanto ocurra no podrá nunca compararse con la intensidad, profundidad y amplitud de aquella emoción que nos aguarda, que acarreará una alegría como no la tuvimos jamás aquí en la tierra. Nada, ni nadie podrán superarla. Todo cuanto hayamos tenido que pasar, sin importar qué, lo encontraremos pequeño e insignificante al lado de estas Gracias prometidas y finalmente concedidas. Por lo tanto, bien haremos en empeñarnos desde ahora por alcanzarlas, haciendo lo que Jesucristo nos manda y pidiendo con todo nuestro corazón mantenernos fieles y perseverantes en la senda del amor señalada por Jesús. También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrará su corazón y su alegría nadie se las podrá quitar.

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