Mateo 13,47-53 – separarán a los malos de entre los justos

agosto 3, 2017

Separarán a los malos de entre los justos

Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego

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Mateo 13,47-53 – separarán a los malos de entre los justos

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,47-53

Vamos a reflexionar lo que hoy nos revela el Señor. Detengámonos en lo figura que utiliza para presentarnos el Reino de los Cielos. No basta un solo objeto, ni una acción. Son un conjunto de objetos y actividades realizadas las que nos permiten reconocer el Reino.

No es solamente la red. Tampoco es solamente la acción de pescar con la ayuda de una red, que es capaz de atrapar muchos peces de diferentes tamaños y especies, no todos comestibles, desde luego. Es preciso seleccionar.

Tampoco es exclusivamente la selección. Se trata de todo un proceso, toda una faena que culmina cuando los malos son separados de los justos y arrojados al fuego. Solo hay fuego para estos últimos, que ciertamente lo sufrirán entre llantos y rechinar de dientes.

Los malos son separados y arrojados al lugar que les corresponde. No habla de los que hicieron los malos, pero sí de los otros, a los que no caracteriza como buenos, es decir la antípoda de malos, sino de justos. Otro elemento sobre el cual meditar.

¡No basta ser buenos! No es suficiente. Hay que ser justos. La justicia va más allá de la bondad que podría reducirse a no hacer mal. El justo solo puede serlo porque en su proceder se cuida de ser equitativo y dar a cada quien lo que necesita.

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Mateo 13,44-52 – El Reino de los Cielos

julio 30, 2017

El Reino de los Cielos

El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

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Mateo 13,44-52 – El Reino de los Cielos

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,44-52

¿Por dónde empezar esta reflexión? El Señor no puede ser más claro respecto al Reino de los Cielos. Se trata de un tesoro por el cual debíamos estar dispuestos a dejarlo todo. No hay nada en este mundo que merezca tanto la pena como el Reino de los Cielos.

De eso quiere convencernos y de eso debíamos estar convencidos como seguidores de Cristo. Y efectivamente muchos lo estamos, sin embargo nos cuesta ser consecuentes en el tiempo. Es decir que no lo manifestamos en nuestro día a día, cada segundo de nuestras vidas.

Tal vez eso sea lo más difícil: ser consecuentes. Se nos ocurre en este momento que es como estar asidos a una cuerda sobre un precipicio. ¡No podemos soltarnos porque caeríamos y moriríamos! ¡Nosotros lo sabemos! Además, es evidente ante nuestros ojos.

Todo lo que tenemos que hacer es subir, sin desprendernos de la soga, lo que es posible, aun cuando a veces represente cierta dificultad. Debemos resistir. Es nuestro peso el que debemos cargar y estamos preparados para ello. Peo hay momentos en que la fatiga nos invade.

Entonces, en vez de subir, estamos tentados a dejarnos caer. Más aun, a saltar sobre unas burbujas de aire multicolores que suben ante nuestros ojos, que nos invitan a llevarnos cómodamente instalados a otro lugar.

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