Juan 21,20-25 – ¿qué te importa? Tú, sígueme

junio 3, 2017

¿Qué te importa? Tú, sígueme

Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»

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Juan 21,20-25 – ¿qué te importa? Tú, sígueme

Reflexión: Juan 21,20-25

El Señor nos enseña en este texto a ser discretos, a no andar con chismes ni especulaciones respecto a los demás. Ocupémonos del seguimiento del Señor, especialmente en lo que concierne a nosotros, puesto que el Señor se ocupa de aquellos que están bien encaminados. Confiemos en Él y en nuestros hermanos.

Muchas veces somos víctimas de envidia y nos dejamos llevar por bajas pasiones, que, sobre todo en el caso de quienes tenemos cierto recorrido, no deben darse. Nuestro deber es evangelizar, es decir, llevar la Palabra de Dios a quienes no la conocen, a fin que se conviertan y se bauticen. Esta es una tarea común.

Todos cuantos hemos sido tocados por el Señor, hemos de seguirlo. Cada quien desde el carisma que le toque. No debemos perder tiempo en un excesivo celo en lo que hacen los demás hermanos, que para eso también ellos cuentan con el Espíritu Santo. Confiemos en Dios y en nuestros hermanos.

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Mateo 4,18-22 – Vengan conmigo

noviembre 30, 2016

Vengan conmigo

Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres. Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.

Texto del evangelio Mt 4,18-22

18. Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores,
19. y les dice: «Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres.»
20. Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.
21. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó.
22. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

Reflexión: Mt 4,18-22

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Mateo 4,18-22 Vengan conmigo

Tantas cosas se vienen a nuestra cabeza, tantas ideas. Primero: el Señor nos llama. Sí, nos llama a cada uno con nuestro nombre y en lo que estamos haciendo. No va reclutando desocupados, aunque tampoco los desprecia, pero busca a la gente en su medio y en su faena diaria, para darle sentido.

Esto quiere decir que no necesariamente debo dejar lo que hago. Claro, habrá excepciones, como en todo. Por ejemplo si eres un ladrón, un delincuente, un estafador o un mentiroso. Pero siendo trabajadores honestos, comunes y corrientes, Él nos llama.

Pero el objeto de Su llamado es a darle el verdadero sentido a nuestra labor. Y es que, en el fondo, no importan lo que hagamos, debemos hacerlo para mayor Gloria de Dios. Es decir, hacerlo teniendo en claro el fin último.

Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres.» Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.

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Mateo 18,21-19,1 – perdone de corazón a su hermano

agosto 11, 2016

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

Texto del evangelio Mt Mateo 18,21-19,1 – perdone de corazón a su hermano

21. Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?»
22. Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces.»
23. «Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados,
24. y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro.
25. Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo.
26. El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.»
27. El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda.
28. Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes.»
29. El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.»
30. Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda.
31. Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor.
32. Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste.
33. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?»
34. Y tanto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
35. Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»
01. Después de terminar este discurso, Jesús partió de Galilea y llegó a las fronteras de Judea por la otra orilla del Jordán.

Reflexión: Mt 18,21-19,1

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Mateo 18,21-19,1 perdone de corazón a su hermano

Este comportamiento nuestro es el que seguramente ha dado lugar a la sentencia aquella: más papista que el Papa. Es que muchas veces somos inflexibles e intolerantes con los errores de los demás. Sin embargo reclamamos comprensión cuando somos nosotros los que fallamos.

¡Qué difícil nos resulta reconocer –con humildad- que nos hemos equivocado. No podemos extirpar de nuestros corazones la ponzoña originada por una ofensa o un desaire. Pero reclamamos benevolencia y comprensión -¡una oportunidad más!-, cuando el error o la falta ha sido nuestra.

Queremos obtener buenos frutos, cuando hemos sido incapaces de sembrar buena semilla. No damos buen ejemplo a nuestros hijos. No nos comportamos amablemente con nuestros vecinos. No somos tolerantes con nuestros compañeros. ¡Sin embargo, cómo nos duele que uno de ellos nos falle! ¡No se lo perdonamos!

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

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Lucas 9,28b-36 – vieron la gloria de Jesús

agosto 6, 2016

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Texto del evangelio Lc 9,28b-36 – vieron la gloria de Jesús

28. Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar.
29. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.
30. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías,
31. que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
32. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
33. Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «¡Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». El no sabía lo que decía.
34. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor.
35. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo».
36. Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

Reflexión: Lc 9,28b-36

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Lucas 9,28b-36 vieron la gloria de Jesús

Nos parecía bien empezar diciendo que estamos frente a uno de los pasajes más asombrosos del Evangelio. Sin embargo, al punto caímos en cuenta que en realidad los evangelios están plagados de episodios extraordinarios.

Nuestra vidas, tal vez unas más que otras, también están plagadas de esta clase de sucesos. Lo que ocurre es que muy pronto los olvidamos y luego pasamos a ignorarlos. Al parecer esta es una constante más frecuente de lo que pensamos.

El proceso de conversión al que estamos llamados todos, por Gracia de Dios, empieza por la toma de conciencia de uno de estos sucesos extraordinarios en nuestras vidas. El encuentro con Cristo corresponde a esta categoría.

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

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Mateo 16,13-19 – te daré las llaves del Reino

junio 29, 2016

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.

Texto del evangelio Mt 16,13-19 – te daré las llaves del Reino

13. Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la gente, ¿quién es este Hijo del Hombre?»
14. Respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que eres Elías o Jeremías, o alguno de los profetas.»
15. Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
16. Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.»
17. Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.
18. Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer.
19. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.»

Reflexión: Mt 16,13-19

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Mateo 16,13-19 te daré las llaves del Reino

Si algo cuidamos son las llaves de nuestra casa. Seguramente desde tiempos primitivos, acostumbramos almacenar en ella nuestras subsistencias. Se entiende por lo tanto, que no se las entregaremos jamás a alguien en quien no tengamos absoluta confianza. De otro modo corremos riesgos impredecibles.

Pedro da una respuesta única a Jesús, una respuesta que obviamente no podía haber elaborado solo. Por eso, sin mayor consideración adicional Jesucristo le entrega las llaves del Reino de los Cielos. Las llaves de la casa celestial, de donde salimos y a donde volveremos. ¡Qué duda cabe que Jesucristo le está dando a Pedro una responsabilidad ÚNICA!

¿Quién merece tal confianza? ¿A quién le damos las llaves de nuestra casa? ¿Qué seguridad podemos tener de lo que hay en nuestras casas si alguien más tiene la llave? ¿Qué responsabilidad implica tener la llave de una casa que no es nuestra? Solo puede ser aceptada si tenemos absoluta autoridad.

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.

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Lucas 9,18-24 – quién dicen que soy yo

junio 19, 2016

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».

Texto del evangelio Lc 9,18-24 – quién dicen que soy yo

18. Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
19. Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado».
20. «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».
21. Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
22. «El hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».
23. Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
24. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.

Reflexión: Lc 9,18-24

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Lucas 9,18-24 quién dicen que soy yo

Hoy el Señor nos invita a detenernos un momento a responder posiblemente la pregunta más importante de nuestras vidas, de cuya respuesta se derivarán una serie de consecuencias. Para los cristianos, el sentido de nuestras propias vidas lo señala la respuesta a esta pregunta, puesto que hemos escogido ser reconocidos como cristianos. Si ser cristiano es ser seguidor de Cristo, poder dar respuesta apropiada a la pregunta ¿quién es Cristo para nosotros? Reviste una importancia fundamental.

Tal vez Cristo no llega a ser lo que debía en nuestras vidas. Eso lo podemos evidenciar por lo que hacemos. Por lo tanto, para facilitar el encuentro de la respuesta acertada, aquella que nos aproxima a la verdad, convendría pensar en lo que hacemos cada día y qué lugar ocupa en ello el Señor. Respondámonos sinceramente ¿dedicamos un tiempo a la oración cada día? ¿tenemos un lugar y un modo de orar concretos? ¿Cuánto tiempo dedicaos a la oración cada día, cada semana, cada mes?

¿En nuestra vida cotidiana dedicamos algún tiempo en especial a obras de caridad y misericordia? ¿Visitamos enfermos, ancianos, presos? ¿Ayudamos a alguna causa en especial, apoyamos algún proyecto con cierta asiduidad y perseverancia? ¿O, tal vez nos conformamos con dar alguna limosna a quien de pronto nos sale al paso? ¿Tratamos de ser siempre justos y de obrar en cada uno de nuestros actos conforme lo dispone Jesús, mostrando amor a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos?

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».

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