Mateo 13,1-9 – Otras cayeron en tierra buena

julio 26, 2017

Otras cayeron en tierra buena

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.

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Mateo 13,1-9 – Otras cayeron en tierra buena

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,1-9

¿Cómo ser tierra buena? ¿Qué podemos hacer para ser tierra buena? ¿Hay algo que dependa de nosotros o se trata de una suma de circunstancias, en algunas de las cuales nos es imposible influir? ¡Queremos ser tierra buena y dar frutos!

Tal vez este solo deseo ya es un buen comienzo. Es nuestro corazón, nuestra mente, nuestro espíritu el que debe ser bien trabajado, preparado y abonado para convertirse en buena tierra. Ciertamente hay cosas que no dependen de nosotros, pero empecemos por las que sí.

Esto parece lo más razonable. En cuanto podamos, sacudámonos de toda influencia negativa, de todo aquello que sabemos que nos daña, de todo vicio, de toda maledicencia, de la mediocridad, de la ira, de la soberbia, del orgullo, de la envidia, del egoísmo.

¿Es esto posible? Pensemos en situaciones concretas de nuestra vida. Cuando nos enfocamos en personas y situaciones concretas, inmediatamente empiezan a surgir circunstancias y nombres con los que estamos involucrados.

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Mateo 13,1-23 – éste sí que da fruto

julio 16, 2017

Éste sí que da fruto

Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.

mateo-13-23

Mateo 13,1-23 éste sí que da fruto

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,1-23

Estamos llamados a dar fruto. Solo a través de los frutos se puede verificar que la Palabra ha sido oída. Solo entonces adquiere sentido el oír. Dicho de otra forma, una fe sin obras es una fe muerta. Porque, ¿qué más da que hayamos oído si no ponemos en práctica lo oído?

La Palabra del Señor es como una braza que quema entre las manos. No la podemos sostener. Tenemos que dejarla caer en buena tierra para que dé fruto. El tipo de tierra no depende de nosotros, como tampoco la Semilla, pero si el sembrar y difundir.

La Semilla es la Palabra que hemos de oír atentamente, conocer y difundir. Tenemos que desarrollar esta Misión, haciéndonos partícipes de este modo, de la Misión de Cristo. El fruto que den nuestros hermanos será nuestro propio fruto.

Todos tenemos esta misma obligación, por ello habremos de acudir al Espíritu Santo invocando su apoyo en el desarrollo de esta Misión. Primero conocernos a nosotros mismos ¿Qué clase de tierra somos? Luego a nuestros hermanos ¿Qué clase de tierra son?

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