Mateo 5,27-32 – córtatela y arrójala de ti

Junio 10, 2016

Texto del evangelio Mt 5,27-32 – córtatela y arrójala de ti

27. «Han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
28. Pues yo les digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
29. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.
30. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
31. «También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio.
32. Pues yo les digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.

Reflexión: Mt 5,27-32

Nos cuesta cortar con todo aquello que –proviniendo del demonio, del mal espíritu-, nos hace daño. Queremos mantenernos ahí, cerca, sin cerrar definitivamente la posibilidad de volver, de repetir. Y hay que decirlo sin tapujos, es fundamentalmente todo lo que rodea al sexo, a nuestro goce y disfrute personal y egoísta el que nos causa mayores problemas de conciencia…Por eso los “seudo liberales” pretenden que son las normas morales de la Iglesia Católica las que les han cohibido y les han hecho daño, insinuando o declarando abiertamente que debía permitírseles aquello que ellos en su interior siempre supieron que estaba mal. Por ejemplo el encuentro furtivo con la esposa o la novia de un amigo, lo que a todas luces constituye una traición, una falta a la confianza, que luego nos obliga a mentir, porque tenemos que ocultar algo que no debimos hacer. Que la tentación fue muy grande y que luego no lo pudimos evitar, eso salta a la vista y nadie lo discute, pero debimos ser capaces de controlarnos, teniendo en claro que hay valores superiores a la complacencia y al disfrute ocasional, aunque sea mutuo, como la amistad, la lealtad y la verdad. Que podemos ser perdonados, pues claro que sí, pero a condición que estemos arrepentidos, pidamos perdón y reparemos el daño causado. Pero el problema surge cuando nos entra el gusanillo y nos gustó tanto aquello, que preferimos seguir a ocultas, engañando a nuestro amigo y queremos que Dios no se meta en nuestros problemas de conciencia y como nos molesta tanto, renegamos de Él, inventando cualquier excusa tonta, que somos nosotros los primeros en creer. Es decir que no solo engañamos a los demás, porque seguimos siendo puros, castos e inmaculados frente a nuestras propias esposas, hijos, familiares y amigos, sino que nos engañamos a nosotros mismos, conviviendo con el pecado y elaborando intrincadas teorías para justificarlo, alejándonos del único que ciertamente puede impedirlo, porque es el único que tiene acceso a la verdad plena. Y así llegamos a negar a Dios. Lo matamos en nosotros mismos e intentamos matarlo en los demás, alejando a todo el mundo de él, empezando por la adúltera esposa de nuestro amigo, quien también vivirá en la mentira frente a sí misma y a los suyos, todo por justificar nuestros actos. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

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