Juan 6,51-58 – vivirá para siempre

junio 18, 2017

Vivirá para siempre

Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

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Juan 6,51-58 vivirá para siempre

Juan – Capítulo 06

Reflexión: Juan 6,51-58

El Señor ha hecho tanto por nosotros. Hemos dicho muchas veces que Él nos manda amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mimos, lo que Él mismo sintetiza en varias oportunidades como amarnos los unos a los otros.

Este es el Camino. Para decirlo en términos coloquiales, la vida es un reto. Todos queremos estar a la altura del reto. Es decir, responder adecuadamente. Pero no siempre es posible, por diversos motivos, entre ellos nuestra ignorancia o nuestra aparente incapacidad.

Ante la duda y porque el Señor nos ama, Él nos dice cómo debemos responder. De todas las variables que podríamos imaginar y ponernos a practicar, Él nos adelanta que solo hay una correcta: el amor. Ese es el Camino que el Señor nos enseña con Su ejemplo.

Nosotros podemos experimentar todo lo que queramos, pero es insulso, porque el Señor tiene la “Guía Completa”. Si no queremos perder el tiempo, corriendo el riesgo de dañarnos y dañar a los demás, debemos seguir las Instrucciones.

Pensemos que estamos en un avión que acaba de caer repleto de pasajeros al mar. Todavía no nos hemos hundido, pero en cualquier momento lo haremos. Tenemos unos segundos para leer la cartilla de salvataje y hacer lo que allí se dispone o hacemos lo que nos venga en gana y entonces quién sabe cuál será el resultado.

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Juan 6,44-51 – Yo soy el pan vivo

abril 14, 2016

Texto del evangelio Jn 6,44-51 – Yo soy el pan vivo

44. «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
45. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
47. En verdad, en verdad les digo: el que cree, tiene vida eterna.
48. Yo soy el pan de la vida.
49. Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron;
50. este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»

Reflexión: Jn 6,44-51

El Señor nos revela aquí misterios centrales de nuestra fe, que no tendríamos como conocerlos si no es por Él. Es vital y central para todo cristiano entender quién es Jesucristo, conocerle y creer en Él, porque allí radica la Vida Eterna. Muchas veces confundimos este conocimiento con la mera recepción o repetición superficial de cierta información básica. Es como decir que conocemos a alguien por ver su Documento de Identidad. Incluso para tomar a un empleado en una gran empresa, los funcionarios encargados, luego de una selección inicial basada en la Hoja de Vida, recurrirán a la entrevista personal, dependiendo de la importancia de la plaza que se desea cubrir. No basta con el mero listado de datos que constituyen tan solo una referencia lejana, por más amplia que esta sea, de la persona que se presenta. Es preciso verle, intercambiar algunas palabras, desarrollar un diálogo, para lo que existen incluso expertos en gestos no verbales e investigadores que van mucho más allá de los papeles, para confirmar cierta información clave que permita una mayor aproximación a quién es en realidad la persona a la que se le ofrece el puesto. Es muy frecuente, casi obligatorio, que se recurra a test psicológicos que permitan asegurar al empleador que la persona en cuestión cumple con todos los requisitos de personalidad que requiere el cargo. Todo esto y mucho más se hace imprescindible para poder anticipar cual será el comportamiento de una persona frente a determinadas situaciones y sin embargo, ni aun así acertamos, porque existe un conocimiento más íntimo y profundo en el que recién las personas revelan su espíritu, su alma, y este se da a través de la frecuencia y la amistad, que va mucho más allá de todos los datos de referencia que podamos acumular. Es preciso llegar a este punto para conocer a una persona al grado de abrirnos completamente a la amistad, en la que se revelan valores y actitudes que nos trascienden, como la generosidad, la comprensión, la incondicionalidad, la lealtad, el cariño y el amor, que nos llevan no solamente a desear lo mejor para el otro, sino el no querer separarnos de la persona que amamos, el estar pendiente de sus alegrías y penas, haciendo de su felicidad la nuestra. Es aquí que se da el verdadero conocimiento de las personas, cuando no solamente se conocen de oídas, sino cuando se llegan a amar. ¿Hemos dado en nuestra vida la oportunidad de conocer a tal grado a Jesucristo que podemos decir que le amamos? ¿Quién es para nosotros Jesús? Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

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