Juan 16,23b-28 – Lo que pidan al Padre en mi nombre

mayo 12, 2018

Lo que pidan al Padre en mi nombre

“Lo que pidan al Padre en mi nombre, Él se los dará. Hasta ahora no le han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que la alegría de ustedes sea completa.”

Sábado de la 6ta Semana de Pascua | 12 Mayo 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Lo que pidan al Padre en mi nombre

Debemos meditar profundamente en estas palabras. No puede haber nada mejor que lo que nos revela Jesús. Si leemos atentamente, nos está dando el mismo poder que Él tiene frente al Padre. Para conseguirlo debemos pedir en Su Nombre.

Claro, si entendemos literalmente estas palabras, pediremos una casa, una esposa, un esposo, la salud de nuestros seres queridos, empleo, fortuna, etc. y todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo y posiblemente no lo consigamos, con lo cual anidará la duda en nuestros corazones.

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San Lucas 21,5-11 – No tengan pánico

noviembre 28, 2017

No tengan pánico

En el Evangelio de Lucas 21,5-11 el Señor nos recuerda que todo lo que vemos, absolutamente todo, es pasajero y habrá de acabar algún día, lo que es parte de la ley de esta vida. No tengan pánico nos advierte, porque nosotros hemos sido destinados por Dios para vivir eternamente, es decir, superar todas las limitaciones que vemos en nuestro entorno. Nosotros somos hijos de Dios; hemos sido creados a Su imagen y semejanza.

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Juan 16,20-23a – su alegría nadie se las podrá quitar

mayo 6, 2016

Texto del evangelio Jn 16,20-23a – su alegría nadie se las podrá quitar

20. «En verdad, en verdad les digo que llorarán y se lamentarán, y el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en gozo.
21. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.
22. También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrará su corazón y su alegría nadie se las podrá quitar.
23. Aquel día no me preguntarán nada. En verdad, en verdad les digo: lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre.

Reflexión: Jn 16,20-23a

Por un momento el panorama que se abre ante nuestros ojos puede ser sombrío, pareciéndonos que estamos cercados y que no tendremos escapatoria, por más que nos esforcemos en evadir esta situación, nos será imposible. Para este momento debemos interiorizar y recordar estas palabras de consuelo de Jesús. Hemos de pensar que tras esta tristeza, tras esta angustia e impotencia, vendrá finalmente la calma y después la alegría, una alegría infinita que nada ni nadie podrán quitarnos. Obviamente el Señor nos está hablando de otra realidad que está más allá, que trasciende cuanto peligro sentimos que nos acosa y que supera nuestras propias limitaciones, porque se trata de una realidad distinta, de la cual pasamos a formar parte por Gracia de Dios. Jesucristo con Su vida, muerte y resurrección ha unido estos dos mundos, los ha enlazado como un puente, poniendo a nuestro alcance el tránsito a esta nueva vida, una vida plena y abundante que habrá de cambiar nuestra tristeza en gozo y alegría sin fin. Es pues pensando en estas promesas que cuando llegue aquél momento no debemos desmayar, ni dejarnos aturdir, poniendo la mirada de nuestras mentes y nuestros corazones firmemente en aquel sol, en aquella luz que nos ilumina desde el Infinito, que nos ha amado tanto y desde siempre, que ha dado su propio Hijo para Salvarnos y que nos espera –tras la partera-, con los brazos abiertos de Padre, uniéndonos en un abrazo sin fin, con el gozo de quien finalmente encuentra aquello que había anhelado con toda el alma desde siempre. Entonces lo veremos todo de otro modo y finalmente conoceremos la Verdad. Solo imaginar aquella plenitud debe servirnos de acicate para pasar cualquier tribulación con la confianza que cuanto ocurra no podrá nunca compararse con la intensidad, profundidad y amplitud de aquella emoción que nos aguarda, que acarreará una alegría como no la tuvimos jamás aquí en la tierra. Nada, ni nadie podrán superarla. Todo cuanto hayamos tenido que pasar, sin importar qué, lo encontraremos pequeño e insignificante al lado de estas Gracias prometidas y finalmente concedidas. Por lo tanto, bien haremos en empeñarnos desde ahora por alcanzarlas, haciendo lo que Jesucristo nos manda y pidiendo con todo nuestro corazón mantenernos fieles y perseverantes en la senda del amor señalada por Jesús. También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrará su corazón y su alegría nadie se las podrá quitar.

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