Mateo 5,17-19 – No he venido a abolir

marzo 7, 2018

No he venido a abolir

“No crean que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento.”

Miércoles de la 3ra Semana de Cuaresma | 07 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Deuteronomio 4,1.5-9
  • Salmo 147
  • Mateo 5,17-19

Reflexión sobre las lecturas

No he venido a abolir

Por ignorancia algunos pensamos que el Nuevo Testamento remplaza al Antiguo Testamento. Que basta con tener en cuenta lo que dispone el Nuevo y que no interesa conocer el Antiguo. Lo cierto es que si bien es cierto que el Nuevo nos trae la novedad de Cristo entre nosotros, cuyo conocimiento basta para salvarnos, sin embargo este no es opuesto al Antiguo Testamento.

No lo decimos nosotros. Es el mismo Jesucristo quien lo subraya en este pasaje. Y es que se trata de una sola Historia Sagrada. De una sola humanidad y un solo Dios Padre Creador que ha salido a nuestro encuentro para salvarnos, lo que es evidente, de modo coherente en las Sagradas Escrituras, es decir, en la Biblia entera.

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Mateo 5,17-19 – No he venido a abolir

junio 8, 2016

Texto del evangelio Mt 5,17-19 – No he venido a abolir

17. «No piensen que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
18. Sí, les aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.
19. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.

Reflexión: Mt 5,17-19

Hay varias ideas que podemos proponer para nuestra reflexión el día de hoy, inspirados en el Evangelio que acabamos de leer. Trataremos de enfocarnos en tres: precisión, coherencia y trascendencia. En cuanto a (1) precisión, hemos de tener la certeza que todo está milimétricamente calculado. A la Creación de la cual somos parte privilegiada, no le falta ni le sobra nada. Todo tiene su espacio, su tiempo y su razón de ser. No sobra el fuego, como tampoco el agua. El Cosmos con la infinidad de estrellas y cuerpos celestes que lo contienen, muchos de los cuales nos son y nos seguirán siendo ajenos por los siglos de los siglos tienen su cómo, su por qué y su para qué, aun cuando escape a nuestra comprensión. Cada una de las células, de las moléculas y las partículas que tiene nuestro organismo, que pueden seguir dividiéndose al infinito, tienen su razón de ser y existir, en la forma en que han sido creadas, porque tras todo esto hay una Inteligencia Infinita y por tanto superior a cuanto podemos imaginar y entender. Si nosotros hemos sido capaces de crear máquinas de precisión asombrosa, capaces de navegar por el torrente sanguíneo, podemos tratar de aproximarnos con la ayuda del pensamiento y la imaginación a la perfección de Dios, pero nunca lograremos abarcarla, porque siempre lo encontraremos sorprendentemente más allá de cuanto podemos pensar o imaginar, lo que, bien pensado, debe resultarnos lógico, puesto que se trata de Dios, nuestro Creador, Principio y Fin de todo cuanto existe. Increíblemente, de un modo sorprendente, que solo podía ser explicado por Él, Su Único Hijo se hizo hombre como nosotros y nació de la Virgen María –una mujer como nosotros, pero escogida por Dios para tal honor-, y vino a vivir entre nosotros con una Misión encomendada por Su Padre: Salvarnos de la muerte y del pecado, a fin que Vivamos Eternamente en el Reino de los Cielos, alabando y gozando de la presencia de Dios Padre, para lo cual fuimos creados. Todo ha sido calculado y organizado hasta el más mínimo detalle para hacerlo posible. Solo se necesita un ingrediente que depende de nuestra voluntad: que creamos. Si confiamos nuestras vidas a un piloto y una máquina creada por hombres para trasladarnos de un lugar a otro, ¿por qué nos cuesta tanto confiar en Dios que lo hizo TODO por amor? No piensen que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

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