Mateo 18,21-19,1 – Movido a compasión

agosto 17, 2017

Movido a compasión

“Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

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Mateo 18,21-19,1 Movido a compasión

Mateo – Capítulo 18

Reflexión: Mateo 18,21-19,1

De un momento a otro, hemos empezado a dar tanta importancia a los derechos, que parece que estos gobernaran nuestras vidas y que todo se redujera a exigirlos y respetarlos. Esta es la gran idolatría de nuestro tiempo. Hemos sacado al Amor y a Dios del centro, para ponernos a nosotros y nuestros derechos.

Cuando el hombre se encasilla de tal modo en sus conceptos y en ideologías construidas para preservar sus preferencias, inclinaciones o costumbres, pierde la perspectiva de la realidad y de la vida. No somos nosotros mismos el fin de la vida, sino Dios, al que llegamos amando al prójimo.

Esto es lo que nos hemos empeñado en confundir, con la ayuda de la perniciosa Ideología de Género, cuya existencia sus principales operadores se dedican a negar, pero que evidentemente existe, tal como lo podemos constatar en la vida cotidiana.

Sea por una conspiración –como muchos sostienen-, o porque han confluido una serie de circunstancias y movimientos, el hecho incontrovertible es que estamos ante una poderosa Ideología Totalitaria que se viene imponiendo a toda la humanidad desde el poder.

La concertación ha sido más sencilla de lograr de lo que imaginamos. Bastó reunir a las personas adecuadas en varias conferencias en la ONU a fines del siglo pasado. Un puñado de tecnólogos y profesionales progres, representantes de movimientos LGTBI y feministas lograron sentar las bases de lo que se viene imponiendo desde la cúpula de aquél Organismo Mundial.

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Lucas 7,11-17 – el Señor se conmovió

junio 5, 2016

Texto del evangelio Lc 7,11-17 – el Señor se conmovió

11. En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
12. Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
13. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».
14. Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate».
15. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
16. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo».
17. El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

Reflexión: Lc 7,11-17

La Palabra del Señor tiene siempre el poder de atraernos y fascinarnos. No hay lectura que no toque una fibra profunda en nuestros corazones y la haga vibrar en su verdadera dimensión. Sin embargo la historia que se narra e este pasaje es sin lugar a dudas de las más extraordinaria y enternecedoras. Si hace tan solo unos días veíamos a un Jesucristo enérgico y fuerte emprenderla con dureza contra los mercaderes en el templo, hoy muestra una dulzura y una sensibilidad que no puede nada más que hacernos sentir felices y confiados de estar con Él, de que nos haya escogido, que nos haya llamado. ¡Cómo no permanecer a Su lado! Jesús es incapaz de fallarnos. Por eso, si en alguien podemos confiar es en Él. Podemos anticipar que su gran corazón jamás podrá defraudar nuestras esperanzas. Si en alguien podemos confiar más que en el Sol y las estrellas del firmamento es en Jesucristo. Él no nos dejará jamás; no pasará de largo, indiferente, insensible. Él sabe ver y comprender lo que sucede. Es así que se acerca a esta pobre viuda que lloraba la muerte de su hijo y sin mediar pedido alguno, simplemente porque pasaba por allí y vio lo que sucedía, se acercó a consolarla y acto seguido se aproximó al féretro y sin mediar palabra, volvió a la vida al joven que estaban por enterrar. ¿Por qué lo hizo? Porque se conmovió al ver el sufrimiento de aquella pobre viuda; porque es eternamente misericordioso y porque, sin lugar a dudas, es Dios. ¡Qué alegría, qué Gracia tener a Dios con nosotros! No podemos otra cosa que repetir con Santa Teresa: Quién a Dios tiene, nada la falta. Con un Dios como Jesucristo, tan sensible, tan amoroso, tan justo y bueno, ¿qué nos puede faltar? ¿No es suficiente para creerle, oírle y obedecerle? ¿A quién podremos recurrir en búsqueda de alivio y consuelo? Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores». Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate».

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Marcos 10,1-12 – serán los dos una sola carne

mayo 20, 2016

Texto del evangelio Mc 10,1-12 – serán los dos una sola carne

01. Jesús dejó aquel lugar y se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las muchedumbres se congregaron a su alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles, como hacía siempre.
02. En eso llegaron unos (fariseos que querían ponerle a prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?»
03. Les respondió: «¿Qué les ha ordenado Moisés?»
04. Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de separación y después divorciarse.»
05. Jesús les dijo: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes
06. Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer;
07. por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa,
08. y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo.
09. Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe.»
10. Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo,
11. y él les dijo: «El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa;
12. y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio.»

Reflexión: Mc 10,1-12

El Señor, a través de Su Iglesia, nos invita a reflexionar hoy en un tema muy hermoso, íntimamente ligado a la vida y por lo tanto al amor: el matrimonio. Quiso Dios en su excelsa e infinita sabiduría que perpetuáramos la vida en la tierra como resultado del amor. Nos creó distintos, pero al mismo tiempo complementarios como puede serlo el día para la noche, la tierra para el agua, el Sol para la Tierra y aún más que todo aquello que podamos imaginar. Lo hizo de tal modo que fuera imposible que pudieran prescindir el uno del otro, porque sin la unión de ambos y por lo tanto el acuerdo, sin la armonía, sin el amor y esta complementariedad que seguramente va mucho más allá de cuanto podemos enumerar y describir, no habría vida. Nos atrevemos a creer -por las evidencias que Dios nos ha dado en toda la Creación y por las mismas Palabras de Dios contenidas en el Génesis, que nos relatan que fuimos creados a Su imagen y semejanza-, que la complementariedad que evoca el matrimonio y a la que nos estamos refiriendo es perfecta, como toda obra de Dios. Sin embargo. Al ponerla en nuestras manos y por influencia del pecado, del egoísmo, la soberbia, la lujuria, el orgullo y el hedonismo, entre otros, ha sido distorsionado en sus diferentes aspectos hasta convertir esta bella relación -que ha inspirado las mejores poesías y las más bellas melodías-, en una unión precaria, basada muchas veces en mezquinos intereses, cuando no puramente sensuales o de alguna conveniencia pasajera. Solo así podemos admitir que se pretenda equiparar o sustituir esta relación, por la relación de dos personas del mismo género, como si diera exactamente lo mismo…por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo.

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