Marcos 12,18-27 – serán como ángeles en los cielos

Junio 7, 2017

Serán como ángeles en los cielos

Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.

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Marcos 12,18-27 serán como ángeles en los cielos

Marcos – Capítulo 12

Reflexión: Marcos 12,18-27

Todos de uno u otro modo, tratamos de examinar a Jesús, de ponerlo a prueba, con interrogantes que a nuestros ojos parecen imposibles de responder, sin caer en contradicción. Dicho de otro modo, lamentablemente muchas veces nos esforzamos por encontrar contradicciones en la prédica de Jesús.

Se trata de un esfuerzo inútil, porque nunca alcanzaremos este propósito, ni por asomo. Y, tengámoslo por seguro, que si alguna vez nos parece que finalmente lo hicimos, si somos honestos, si no nos engañamos ni procuramos engañar a los demás, encontraremos que tuvimos un error de interpretación o de lectura, pero jamás encontraremos contradicción en la Palabra de Dios.

Del mismo modo, hemos sostenido y sostenemos que no encontraremos error, ni una palabra que sobre o alguna que falte. Y esto responde a una razón muy simple: se trata de la Palabra de Dios. No es solamente que de Él proviene, y por eso es Palabra de Dios, sino que siendo así, como todo lo que proviene de Dios, carece de error. Es perfecta.

¡Fíjense lo que afirmamos! ¡Sin la menor duda! Es un asunto de fe, pero que coincide con la razón. Es decir que fe y razón no son opuestas, ni están peleadas. Con los ojos de la razón podemos echarnos a buscar la contradicción y el error y no lo encontraremos. Con los de la fe, esta certeza nos llena de confianza.

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Juan 13,16-20 – dichosos serán si lo cumplen

Mayo 11, 2017

Dichosos serán si lo cumplen

En verdad, en verdad les digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos serán si lo cumplen.

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Juan 13,16-20 dichosos serán si lo cumplen

Juan – Capítulo 13

Reflexión: Juan 13,16-20

Hay una íntima comunidad de amor entre el Padre y el Hijo, al igual que lo debe haber entre el Hijo y a quien Él envía. El amor y la misma Misión nos hacen misteriosamente uno, porque así lo ha dispuesto Dios. No se trata entonces de declaraciones verbales, ni de poesía, ni de pensamientos o intenciones. La unión es más profunda que eso y determina comunidad en la acción, esto quiere decir que todos siendo parte de la misma obra somos iguales.

Así lo ha dispuesto el Señor. La mejor forma de agradecer y bendecir es acoger la Palabra de Dios y hacer lo que nos manda. Es una promesa y al mismo tiempo un misterio tan grande el que nos revela el Señor, que bien vale la pena detenernos en Él para tratar de interiorizarlo y hacerlo nuestro. Seremos dichosos si cumplimos. ¿Qué es lo que tenemos que cumplir? La Voluntad de Dios, es decir, aquello que se nos ha encomendado.

¿Qué nos une con Jesús? Que Él como nosotros, hemos sido enviados. Él fue enviado por el Padre y nosotros por Cristo. El envío es con un mismo propósito. Hay un propósito común en el envío que hace Dios Padre a Jesucristo, y en el que Jesucristo nos hace a nosotros. Ambos hemos sido enviados. Siendo Jesucristo Hijo de Dios y fiel hasta el extremo, nos transmite el envío del Padre tal como lo recibió y nos manda hacer lo mismo. Jesucristo nos ha traído una Buena Nueva; nosotros –como enviado de Cristo-, tenemos que hacer exactamente lo mismo.

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Juan 20,1-9 – vio y creyó

Abril 16, 2017

Vio y creyó

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

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Juan 20,1-9 vio y creyó

Juan – Capítulo 20

Reflexión: Juan 20,1-9

Si estuviéramos frente a una novela, este sería el núcleo: Creer. Ver y creer solo fue para unos cuantos escogidos, los suficientes e indicados, según el criterio Divino. Si hemos de creer, tendremos que hacerlo íntegramente. No podemos escoger tan solo aquello que nos gusta, nos acomoda o nos parece. Sin embargo creemos que esta es nuestra principal dificultad.

Nos resistimos a creer y cuando lo hacemos, pretendemos servirnos aquello que se nos antoja, como si se tratara de un bufet. Así, encontramos muchos que nos decimos cristianos, porque decimos creer en Cristo, sin embargo, no es necesario escarbar mucho para constatar que el Cristo en el que decimos creer no corresponde a las Escrituras, no del todo. Se trata más bien de una adaptación que se acomoda y calza perfectamente con aquello que nos gusta, con aquello que estamos dispuestos a creer, con aquello que nos parece razonable.

Incluso hermanos y hermanas muy inteligentes cultos y respetables, creen sin más que este proceder es correcto y cuando se ven cuestionados te espetan un: “eso es lo que pienso; eso es lo que creo”. Pero, si nos atrevemos a insistir un poco más, entonces harán uso de su escudo o coraza “impenetrable” tan denostada en los demás, pero tan apreciada cuando de nosotros se trata. Y es que somos muchos los cristianos que nos erigimos en la norma. Decimos creer en Cristo, pero en realidad creemos en nosotros o en un Cristo y un Dios creado a nuestra imagen y semejanza.

Poco a poco, sin mala intención, tan imperceptiblemente como equívocamente hemos ido creando un Dios a nuestro agrado, a nuestra imagen. Hemos tergiversado el Génesis. Le hemos dado la vuelta sin darnos ni cuenta. Hablamos y defendemos categóricamente todo aquello en lo que creemos. Interpretamos a Cristo y le oímos decir siempre lo que nos gusta, lo que aprobamos, que resulta siendo siempre lo más cómodo, lo menos reñido con el estilo de vida que hemos adoptado, que es tan bueno como el de las mayorías.

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Juan 5,31-47 – él escribió de mí

Marzo 30, 2017

Él escribió de mí

Porque, si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creen en sus escritos, cómo van a creer en mis palabras?»

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Juan 5,31-47 él escribió de mí

Juan – Capítulo 05

Reflexión: Juan 5,31-47

¿Qué nos viene a decir Jesús en este pasaje en buena cuenta? Nos enfrenta con nuestras propias creencias. Los judíos dicen creer en Moisés, porque además han estudiado las Escrituras. Pero el Señor les dice que en realidad no las conocen o las conocen, como solemos decir, por el forro. Es decir, que en realidad no han interiorizado ni asimilado las Escrituras en las que dicen creer, porque si así fuera, Él no necesitaría más credenciales, porque las Escrituras hablan de Él.

La pregunta para nosotros, aquella en la que hoy debemos reflexionar es: ¿nosotros, en qué creemos? ¿No será que respondemos o nos desembarazamos muy rápidamente de esta pregunta y en realidad no decimos nada sólido, porque tenemos puesta nuestra pobre e incipiente fe en argumentos deleznables?

Dicho de otro modo, ¿hemos dado tiempo suficiente en nuestras vidas para responder maduramente la razón de nuestras existencias? ¿En qué creemos en realidad? ¿Hemos profundizado debidamente en este tema o simplemente respondemos cualquier cosa por salir del paso? ¿Cómo podemos creer en Cristo o rechazarlo si no tenemos ninguna base sólida que avale aquello en lo que decimos creer?

¿Si nuestra fe es tan enclenque, tan precaria, no será por el poco tiempo que en realidad hemos dedicado? ¿No será que simplemente aparentamos una u otra posición, pero en realidad no somos nada más que hojas llevadas por el viento? ¿Hoy estamos aquí, mañana allí, según donde sople el viento? ¿Es la moda la que determina nuestras creencias? ¿Es lo comúnmente aceptado, aquello en lo que las mayorías parecen creer, el sustento de nuestra fe?

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Marcos 12,18-27 – cuando resuciten de la muerte

Junio 1, 2016

Texto del evangelio Mc 12,18-27 – cuando resuciten de la muerte

18. Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron:
19. «Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto.
20. Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos.
21. El segundo se casó con la viuda y murió también sin dejar herederos, y así el tercero.
22. Y pasó lo mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer.
23. En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa.»
24. Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden las Escrituras y tampoco el poder de Dios.
25. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.
26. Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27. Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.»

Reflexión: Mc 12,18-27

Hay dos aspectos sobre los que constantemente estamos especulando y que el Señor responde muy claramente en este episodio, para quien realmente presta atención y sinceramente quiere saber. Como muchas realidades Sobrenaturales que corresponden a la Divinidad de la que Jesús forma parte, podemos imaginar e intuir estas realidades, especulando cómo se desenvuelve con la precisión y el detalle que Jesús nos revela, ni más ni menos, porque según Su Infinita Sabiduría no necesitamos saber más. Por lo tanto, con lo que nos dice Jesús debíamos darnos por satisfechos y no seguir tratando de profundizar o especular, porque corremos el riesgo de distorsionar la realidad y no llegar a saber nunca mucho más, con lo que estaremos perdiendo innecesariamente el tiempo. Bástenos con lo que aquí nos dice Jesucristo. Para el resto, tenemos la fe, que como ya dijimos anteriormente ha de impulsarnos a la aventura de creer, sin tener la certeza absoluta, confiando en la Palabra del Señor. Si Él así lo dice, ha de ser así, aunque no entendamos bien cómo. Ese es el modelo que debemos tomar de la Virgen María que cree en la Anunciación que le hace el Ángel, sin pedir más detalles. ¡Es preciso tener fe! El Señor nos ha dado sobrados motivos para creerle no solamente en los Evangelios, es decir hace 2mil años, sino también en nuestras propias vidas. Todos tenemos historias personales o familiares que contar que pudieran haber sido distintas sin la intervención milagrosa y misericordiosa del Señor. ¡Hagamos memoria! Y si es posible, escribámosla, porque llegará un momento en que necesitemos de estas para animarnos y nos será difícil recordarlas, porque así de ingratos somos, cuando no nos falla la memoria, nos falla el corazón. A la distancia, terminamos por no creer que aquellas experiencias fueron importantes y hasta determinantes en nuestras vidas, y vamos descartando paulatinamente el milagro para transformarlo paulatinamente en buena suerte. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.

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Lucas 24,13-35 – insensatos y tardos de corazón

Abril 10, 2016

Texto del evangelio Lc 24,13-35 – insensatos y tardos de corazón

13. Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,
14. y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.
15. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;
16. pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
17. El les dijo: «¿De qué discuten entre ustedes mientras van andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.
18. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»
19. El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
20. cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron.
21. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.
22. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,
23. y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía.
24. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»
25. El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!
26. ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»
27. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
28. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.
29. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.
30. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
31. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.
32. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
33. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,
34. que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!»
35. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

Reflexión: Lc 24,13-35

Esta es una buena oportunidad para reflexionar en nuestra fe. ¿Qué clase de sentimientos albergamos en nuestros corazones para Jesucristo? ¿Quién es Él en realidad para nosotros? ¿Es lo que corresponde, lo que se ha esforzado en dar a conocer o será más bien lo que hemos podido construir en nuestras mentes y corazones, tomando un poco de aquí y de allá? Jesús quiere ser gravitante y determinante en nuestras vidas. ¿Lo es? ¿Por qué no? ¿Por qué si? ¿Será que guardamos en nuestros corazones la añoranza de un ser extraordinario que finalmente murió hace 2mil años? ¿Es el recuerdo de un Jesucristo muerto el que nos acompaña a donde vamos y el que proyectamos en nuestras vidas? ¿Será esto lo que quiso dejar Jesús en nosotros? ¿Será que vamos por la vida como acompañando a estos discípulos, tristes y cabizbajos por todo aquello que ocurrió y que finalmente acabó con la vida de Jesucristo? ¿Será que siendo buenos, hemos perdido toda esperanza y tratamos de alejarnos y marcar distancia de todas estas cosas tan terribles que han sucedido? ¿Es la imagen que guardamos en nuestros corazones la imagen que Jesús ha querido dejar o será más bien que estamos equivocados? «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»

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