Lucas 1,5-25 – tu petición ha sido escuchada

Diciembre 19, 2016

Tu petición ha sido escuchada

El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan

Texto del evangelio Lc 1,5-25

05. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
06. los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
07. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.
08. Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo,
09. le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
10. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.
11. Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
12. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él.
13. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;
14. será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento,
15. porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,
16. y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios,
17. e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.»
18. Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad.»
19. El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva.
20. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.»
21. El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario.
22. Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablabla por señas, y permaneció mudo.
23. Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa.
24. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses
25. diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres.»

Reflexión: Lc 1,5-25

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Lucas 1,5-25 tu petición ha sido escuchada

La lección que se nos viene inmediatamente a la cabeza es que los tiempos de Dios no son los mismos que los nuestros. Por lo tanto debemos seguir orando incansablemente por todo aquello que queremos.

No sabemos cuándo el Señor atenderá nuestras suplicas y de algún modo nos dará aquello por lo que le estuvimos pidiendo. A nosotros nos toca pedir, sabiendo que para Dios no hay imposibles. ¡No los hay!

Él tiene Sus propios planes. Y, si nosotros somos justos, Él sabrá cómo encajar nuestros pedidos con Sus Planes. Justo era Zacarías, como justo era José. Seamos justos y no dejemos de suplicar, poniendo nuestras vidas en Sus manos, donde estarán seguras.

El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan

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Mateo 17,10-13 – el Hijo del hombre tendrá que padecer

Diciembre 10, 2016

El Hijo del hombre tendrá que padecer

Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.

Texto del evangelio Mt 17,10-13

10. Sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?»
11. Respondió él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo.
12. Les digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.»
13. Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

Reflexión: Mt 17,10-13

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Mateo 17,10-13 el Hijo del hombre tendrá que padecer

Del mismo modo que Elías –Juan el Bautista- tuvo que padecer, porque no le reconocieron, Jesucristo –el Hijo del Hombre- también tendrá que padecer. Así, padecer parece el común denominador del día de hoy. ¿Será que todos tenemos que padecer?

¿Será que solo ellos dos tuvieron que padecer o es que a todos nos toca padecer en algún momento? Tal parece que no podemos pasar al otro lado sin padecer. Esta es una regla que podemos constatar muy fácilmente si miramos a nuestro alrededor.

Todos pasamos. Nadie queda. Solo Dios permanece. No hay nada, absolutamente nada, que podamos hacer para aliviar ese tránsito. El que nos lo ofrezca, nos está vendiendo “cebo de culebra”. No existe. Por lo tanto, debemos estar preparados.

Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.

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Lucas 9,18-22 – les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie

Septiembre 23, 2016

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

Texto del evangelio Lc 9,18-22 – les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie

18. Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
19. Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado».
20. «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».
21. Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
22. «El hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».

Reflexión: Lc 9,18-22

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Lucas 9,18-22 les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie

En la boca del Señor, no hay ninguna palabra ociosa. Nada se dice por decir. Todo tiene un significado y una importancia que va más allá de cuanto somos capaces de entender. Queremos detenernos ahora en por qué la enérgica determinación en que no se lo digan a nadie.

Ensayaremos algunas aproximaciones, puesto que es algo que no deja de inquietarnos desde la primera vez que nos topamos con esta lectura. Además, es algo que el Señor repite en varias oportunidades. ¿Por qué el afán en que no se lo digan a nadie?

Una primera razón que marca la distancia entre nuestro proceder natural y el de Jesús, es que Él no busca ni privilegios ni notoriedad. Lo normal entre nosotros sería exhibir nuestras credenciales, aquello que nos distingue y por lo que mereceríamos cierto respeto y privilegios. Jesús es distinto.

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

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Mateo 16,13-23 – Tus ambiciones no son las de Dios

Agosto 4, 2016

Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

Texto del evangelio Mt 16,13-23 – Tus ambiciones no son las de Dios

13. Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la gente, ¿quién es este Hijo del Hombre?»
14. Respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que eres Elías o Jeremías, o alguno de los profetas.»
15. Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
16. Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.»
17. Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.
18. Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer.
19. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.» 20. Entonces Jesús les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
21. A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades judías, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley lo iban a hacer sufrir mucho, que incluso debía ser ejecutado y que resucitaría al tercer día.
22. Pedro lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas.»
23. Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

Reflexión: Mt 16,13-23

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Mateo 16,13-23 Tus ambiciones no son las de Dios

Es tiempo que nos esforcemos por comprender cómo piensa el Señor. Sus pensamientos, sus ambiciones no son las de los hombres. Esto nos puede dar una lectura completamente distinta de nuestra propia historia y la de la humanidad.

Hay muchos episodios, seguramente, que no alcanzamos a comprender, tanto en nuestras vidas como en las del mundo. Muchas cosas no comprendemos y nos preguntamos por qué tienen que pasar. Algunas nos llevan incluso a renegar o cuando menos cuestionar a Dios.

¿Por qué no nos das lo que te pedimos? En vez de atender nuestras súplicas, a veces parece que te empeñaras en hacernos sufrir. La delincuencia se incrementa, al igual que la corrupción. Por momentos parece que el mal nos estuviera cercando.

Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

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Mateo 16,13-19 – te daré las llaves del Reino

Junio 29, 2016

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.

Texto del evangelio Mt 16,13-19 – te daré las llaves del Reino

13. Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la gente, ¿quién es este Hijo del Hombre?»
14. Respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que eres Elías o Jeremías, o alguno de los profetas.»
15. Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
16. Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.»
17. Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.
18. Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer.
19. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.»

Reflexión: Mt 16,13-19

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Mateo 16,13-19 te daré las llaves del Reino

Si algo cuidamos son las llaves de nuestra casa. Seguramente desde tiempos primitivos, acostumbramos almacenar en ella nuestras subsistencias. Se entiende por lo tanto, que no se las entregaremos jamás a alguien en quien no tengamos absoluta confianza. De otro modo corremos riesgos impredecibles.

Pedro da una respuesta única a Jesús, una respuesta que obviamente no podía haber elaborado solo. Por eso, sin mayor consideración adicional Jesucristo le entrega las llaves del Reino de los Cielos. Las llaves de la casa celestial, de donde salimos y a donde volveremos. ¡Qué duda cabe que Jesucristo le está dando a Pedro una responsabilidad ÚNICA!

¿Quién merece tal confianza? ¿A quién le damos las llaves de nuestra casa? ¿Qué seguridad podemos tener de lo que hay en nuestras casas si alguien más tiene la llave? ¿Qué responsabilidad implica tener la llave de una casa que no es nuestra? Solo puede ser aceptada si tenemos absoluta autoridad.

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.

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Lucas 9,18-24 – quién dicen que soy yo

Junio 19, 2016

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».

Texto del evangelio Lc 9,18-24 – quién dicen que soy yo

18. Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
19. Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado».
20. «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».
21. Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.
22. «El hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».
23. Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
24. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.

Reflexión: Lc 9,18-24

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Lucas 9,18-24 quién dicen que soy yo

Hoy el Señor nos invita a detenernos un momento a responder posiblemente la pregunta más importante de nuestras vidas, de cuya respuesta se derivarán una serie de consecuencias. Para los cristianos, el sentido de nuestras propias vidas lo señala la respuesta a esta pregunta, puesto que hemos escogido ser reconocidos como cristianos. Si ser cristiano es ser seguidor de Cristo, poder dar respuesta apropiada a la pregunta ¿quién es Cristo para nosotros? Reviste una importancia fundamental.

Tal vez Cristo no llega a ser lo que debía en nuestras vidas. Eso lo podemos evidenciar por lo que hacemos. Por lo tanto, para facilitar el encuentro de la respuesta acertada, aquella que nos aproxima a la verdad, convendría pensar en lo que hacemos cada día y qué lugar ocupa en ello el Señor. Respondámonos sinceramente ¿dedicamos un tiempo a la oración cada día? ¿tenemos un lugar y un modo de orar concretos? ¿Cuánto tiempo dedicaos a la oración cada día, cada semana, cada mes?

¿En nuestra vida cotidiana dedicamos algún tiempo en especial a obras de caridad y misericordia? ¿Visitamos enfermos, ancianos, presos? ¿Ayudamos a alguna causa en especial, apoyamos algún proyecto con cierta asiduidad y perseverancia? ¿O, tal vez nos conformamos con dar alguna limosna a quien de pronto nos sale al paso? ¿Tratamos de ser siempre justos y de obrar en cada uno de nuestros actos conforme lo dispone Jesús, mostrando amor a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos?

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios».

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