Marcos 12,28-34 – El Señor, nuestro Dios, es el único Señor

marzo 9, 2018

El Señor, nuestro Dios, es el único Señor

“Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.”

Viernes de la 3ra Semana de Cuaresma | 09 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

El Señor, nuestro Dios, es el único Señor

Por aquí hemos de empezar. Jesús nos recuerda los dos principales mandamientos en los que se reduce la Ley y los profetas. Comienza aclarando de modo definitivo e inequívoco, que Dios es el único Señor.

No podemos, pues, estar especulando en torno a distintas divinidades de otras culturas y de otros tiempos o sociedades, porque nuestro Planeta, así como nuestra historia es una sola. La Creación es una. La Humanidad es una.

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Marcos 12,28b-34 – No estás lejos del Reino de Dios

junio 2, 2016

Texto del evangelio Mc 12,28b-34 – No estás lejos del Reino de Dios

28. Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?
29. Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es un único Señor.
30. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.
31. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»
32. El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él,
33. y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.»
34. Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

Reflexión: Mc 12,28b-34

Tengamos en cuenta las palabras tan llenas de esperanza y sabiduría que Jesucristo dedica a este maestro de la ley, dejando a todos mudos y perplejos, porque no podían encontrar falta alguna en lo que había dicho y el mismísimo maestro de la ley, a quien seguramente todos respetaban, lo estaba confirmando. El Señor se refiere aquí a estos dos mandamientos como los más grandes. En otro pasaje dirá que “de estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas”, es decir que todo el sentido y razón de nuestras vidas la podemos encontrar aquí. Siendo de tal importancia, no debemos dejar pasar la ocasión para meditar y reflexionar todo lo que nos sea posible en estos mandamientos, porque podemos decir que si los memorizamos y los ponemos en práctica no será necesario nada más. Por favor, midamos la amplitud y grandeza de estas afirmaciones, que están al alcance de todo aquel que quiera comprenderlas. Aquí están, si se quiere, resumidas todas las enseñanzas de Jesús, de los profetas y toda la Historia Sagrada. No es necesario agregarle una sola coma, ni tampoco quitarle nada. ¡Así de grande es Dios, que puede ser expresado en tan pocas palabras. Toda la Doctrina Cristiana, los miles y aun millones de libros que pueden haberse escrito a lo largo de la historia de la humanidad están condensados en estas palabras. Esto quiere decir que si solo pudiéramos sinceramente aprenderlas y aplicarlas en cada instante de nuestras vidas, estaríamos haciendo la Voluntad de Dios, por lo tanto, estaríamos cumpliendo con el propósito para el cual fuimos creados y alcanzaríamos las promesas de nuestro Señor Jesucristo, vale decir, la Salvación, la Felicidad y la Vida Eterna. Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

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