Lucas 21,29-33 – Mis palabras no pasaran

diciembre 1, 2017

Mis palabras no pasaran

En el Evangelio de Lucas 21,29-33 el Señor nos invita a reflexionar en lo único que es realmente sólido, inamovible y confiable: el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Qué mejor invitación a perseverar y mantener la serenidad frente a toda adversidad, con la seguridad que a quien tiene a Dios nada más le hace falta.

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Juan 14,15-16.23b-26 – Espíritu Santo

mayo 15, 2016

Texto del evangelio Jn 14,15-16.23b-26 – Espíritu Santo

15. Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
16. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
23. «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
24. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
25. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
26. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

Reflexión: Jn 14,15-16.23b-26

A muchos cristianos lamentablemente escapa la importancia de la fiesta que hoy celebra la Iglesia. Es verdad que es muy difícil decir qué fecha es más importante, cuando tenemos tantas en el Calendario Litúrgico en el que recordamos acontecimientos únicos en la historia de la humanidad. Sin una, no habría la otra y es que todo está referido finalmente al Plan de Salvación puesto en marcha por Dios Padre Creador, que demandó su irrupción en la historia de la humanidad para volvernos al Camino que da razón y sentido a nuestra existencia. Toda nuestra historia está jalonada de sucesos en los que podemos atestiguar la presencia de Dios con el único propósito de Salvarnos, conforme a Su Plan. Es atendiendo a Su Santísima Voluntad que viene nuestro Señor Jesucristo a cumplir con la Misión encomendada de darnos a conocer lo que Dios Padre tenía planeado para nosotros desde que fuimos creados, por una sola razón: por amor. La motivación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es el amor infinito e incondicional que nos tienen, el que les ha llevado a manifestarse señalándonos el Camino de la Luz, la Verdad y la Vida. Jesucristo nos aclara que no existe otra motivación, que no hay mérito alguno en nosotros, que es Voluntad de nuestro Dios Padre y Creador, que seamos felices y vivamos eternamente. Esta es la Buena Noticia que nos trae Jesucristo y que ha quedado registrada en los Evangelios. Su nacimiento, vida, muerte y resurrección dando cumplimiento a esta Misión encomendada por Dios, están plagadas de fechas trascendentes y de una importancia gravitante en nuestra salvación. Este es un acontecimiento que hemos de celebrar siempre con nuestras propias vidas. No podemos nada más que estar permanentemente alegres con esta Buena Noticia, que da sentido a todo lo que hacemos e incluso al sufrimiento. Todo adquiere un sentido y una razón que van más allá de cuanto podemos maginar y nos llenan de alegría y gozo indescriptible, que se habrá de colmar cuando las promesas de Cristo lleguen a su culminación. Entre tanto, cada día es una celebración que dedicamos al Señor. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

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