La razón de nuestra existencia

julio 14, 2017

¿Tenemos alguna razón para existir?

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La razón de nuestra existencia

Un tema que siempre nos inquieta, sobre el cual volvemos una y otra vez en nuestras vidas, algunas veces con mayor acierto que otras es la razón de nuestras existencias. ¿Por qué vivimos? ¿Para qué? ¿Qué hacemos en este mundo al que no pedimos venir? ¿Quién nos ha puesto aquí? ¿Qué espera de nosotros? ¿Qué debemos hacer?

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Mateo 11,25-30 – hallarán descanso para sus almas

mayo 26, 2017

Hallarán descanso para sus almas

Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

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Mateo 11,25-30 hallarán descanso para sus almas

Mateo – Capítulo 11

Reflexión: Mateo 11,25-30

¿De dónde viene el descanso? ¿De dónde viene la paz que Jesucristo nos ofrece? De la fe. Y es que no hay nada como saber que Dios está en control de todo. Que todo lo hizo perfecto y que lo que quiere es que seamos felices y vivamos eternamente. Nadie nos ama como Él. Nadie nos ha amado ni nos amará más que Él, con un amor verdadero, con un amor misericordioso, completo, total.

Acurrucados en este amor, ¿cómo no sentir paz? ¿cómo no sentir alivio? No hay absolutamente nada que Él no haga por sostenernos, por protegernos, por defendernos, por darnos paz, tranquilidad, amor y felicidad. ¿Qué otra cosa podemos necesitar? ¿Es que puede haber algo más grande? ¿Es que puede haber algo mejor a lo que Dios nos ofrece? ¡No, no lo hay! Entonces mantengámonos unidos a Él, con la mirada fija en Él. Como Pedro, en el monte tabor, tendríamos que exclamar: ¡Qué bien se está aquí!

Y es que quien tiene a Dios, nada le falta, tal como expresaba Santa Teresa. Quien ha encontrado a Dios, ha encontrado el tesoro de los tesoros. No hay nada superior; no hay nada por lo que valdría la pena cambiarlo. No hay nada que se le parezca, en ningún sentido. Él constituye nuestra alegría plena; la felicidad total. Por eso, el sabernos con Él nos da paz, nos da alivio, nos da descanso. ¡Qué más podemos querer!

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Mateo 5,20-26 – no entrarán en el Reino de los Cielos

marzo 10, 2017

No entrarán en el Reino de los Cielos

Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

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Mateo 5,20-26 no entrarán en el Reino de los Cielos

Puedes leer el Evangelio aquí. 

Reflexión: Mateo 5,20-26

¿Qué puede ser peor? Nuestro propósito, la razón de nuestras vidas si se quiere, es hacer los méritos suficientes para entrar en el Reino de los Cielos. La vida habrá o no valido la pena en función de este objetivo. Porque, ¿de qué nos sirve tener riqueza, poder, fama y todo lo que pudiéramos desear e imaginar en este mundo si finalmente no alcanzamos la Vida Eterna?

Si la Vida es el Don más preciado que hemos recibido de manos de Dios, el Don sobre todo Don, porque sin él nada tendría sentido, nada tendría importancia, ¿qué podemos decir de la Vida Eterna? ¿Qué otra cosa es entrar en el Reino de los Cielos, sino alcanzar la Vida Eterna? Todos tenemos la posibilidad de alcanzar esta meta, porque así lo ha querido Dios.

Sin embargo hay una condición que depende única y exclusivamente de nosotros. Una condición que ha de cumplirse para que alcancemos el fin para el cual fuimos creado por Dios. Recordemos que Dios nos creó por amor, para que seamos felices y vivamos eternamente. Él nos ama tanto, que ha puesto todo en nuestras manos.

Sin embargo, hay una condición. Y alguien dirá, sin detenerse a reflexionar y sin haber entendido completamente este mensaje. ¿Por qué Dios nos pone condiciones? Y no solamente eso, sino que se revelará y renegará contra Dios, argumentando que si Él nos creó por amor, no tendría por qué habernos puesto exigencias y condiciones. Y parecerá razonable su argumento, tantos que muchos lo seguirán.

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Mateo 6,7-15 – hágase tu Voluntad

marzo 7, 2017

Hágase tu Voluntad

…venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

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Mateo 6,7-15 hágase tu Voluntad

Puedes leer el Evangelio aquí.

Reflexión: Mateo 6,7-15

Quizá no haya nada tan importante en nuestras vidas como aprender a orar. No priorizamos adecuadamente esta urgencia. Muchos nos pasamos dando vueltas a la oración con el propósito de algún día tal vez darnos el tiempo suficiente para aprender a orar.

Otros creemos que orar es repetir continuamente frases como: ayúdame Señor; ten piedad; ven en mi auxilio; no permitas que me equivoque; ilumina mis pasos; te compasión; ten misericordia; acuérdate de mí y un largo etcétera. Todas estas frases las repetimos en cualquier lugar y en cualquier momento.

Otros hablan con Dios como si fuera otra persona como nosotros, un amigo, uno de nuestros padres. Le van comentando todo lo que hacen o pidiendo a cada paso su ayuda para alcanzar sus propósitos y coronar con éxito sus planes.

No somos nadie para decir cuál es la forma correcta de orar, mucho menos después que Cristo mismo nos enseña a orar. Nuestra participación debe limitarse a decir que hagamos lo que el Señor nos dice. ¿Qué mejor consejo?

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El Espíritu Santo habita en nuestros corazones

mayo 24, 2016

El Espíritu Santo habita en nuestros corazones

Una hermana nos hace la siguiente pregunta:

Tengo una duda sobre El Espíritu Santo y quisiera que me ayudaras a disiparla. ¿Si el Espíritu Santo habita en nuestros corazones porque lo invocamos? ¿Porque cuando oramos le decimos Ven si ya está dentro de nosotros? ¿Es por falta de Fe?

Muy interesante tu pregunta querida hermana. Un reto para el que no parecen brotar las palabras inmediatamente, por lo que en un primer momento nos dejó paralizados como quien efectivamente había encontrado una incongruencia. Así parece a primera vista, pero no lo es para quien se pone en manos del Señor e invoca el auxilio del Espíritu Santo, como lo acabamos de hacer.

Nosotros creemos en Dios y por eso sabemos que Dios tiene una serie de atributos que -confieso no me los sé de memoria-, que los podemos encontrar por la observación y el mismo razonamiento lógico, pero que también los describe el Catecismo de la Iglesia y más sucintamente el artículo que enlazo.

Pero Dios es ante todo y antes que nada Infinito, es decir el Innombrable, alguien cuya inmensidad y poder podemos tratar de intuir e imaginar, pero que nunca llegaremos a abarcar por completo por una simple razón: si pudiéramos hacerlo, inmediatamente seríamos más que Dios o en otras palabras, habríamos encontrado sus límites, lo cual hemos de aceptar, es IMPOSIBLE, para quienes creemos en Dios y conforme a los atributos señalados e intuidos lo consideramos por encima de todo y sabiéndonos limitados.

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