Texto del evangelio Jn 6,16-21 – Soy yo. No teman

16. Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar,
17. y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos;
18. soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse.
19. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo.
20. Pero él les dijo: « Soy yo. No teman. »
21. Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

Reflexión: Jn 6,16-21

El Poder de Jesucristo, Hijo de Dios, es sorprendente. Todo aquello de lo que fueron testigos los discípulos en realidad es nada comparado a lo que está a Su alcance. Es que debe quedar muy claramente establecido para todos nosotros que estamos frente a Dios y que Dios todo lo puede. Y todas estas cosas pasan en realidad para que creamos que Jesucristo es Hijo de Dios, por lo tanto tiene todo el poder sobre el cielo y la tierra, por más que solo nos de unas pequeñas muestras de su poder prodigioso. Pero estas son más que suficiente, si juzgamos por las reacciones de Sus discípulos. Por otro lado, no es para menos. Nunca antes ni después hemos visto a alguien que camine sobre las aguas. Este solo hecho, sumado a los anteriores, como la multiplicación de los panes y los peces, debía ser suficiente para que creamos que es Dios. Esto es lo que busca el Señor. ¿Por qué? No por vanidad y ni si quiera por despertar admiración, sino por suscitar nuestra fe, porque solo así haremos lo que nos manda, sin cuestionarlo ni poner en dudad lo que nos dice. ¿Y por qué necesita que creamos de este modo? Porque solo si tenemos fe ciega en Él haremos lo que nos manda y eso es lo que nos conviene para salvarnos. O sea que todo esto lo hace por amor a nosotros. Si no fuera así, no le importaría que le prestemos atención, ni se ocuparía de darnos los argumentos necesarios para que creamos en Él…ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero él les dijo: « Soy yo. No teman. »

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Texto del evangelio Jn 6,1-15 – se saciaron

1. Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades,
2. y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos.
3. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
4. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
5. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?»
6. Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.
7. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.»
8. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
9. «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
10. Dijo Jesús: «Hagan que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000.
11. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
12. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recojan los trozos sobrantes para que nada se pierda.»
13. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.»
15. Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

Reflexión: Jn 6,1-15

Para el que pone su confianza en Dios y hace lo que Él manda, no hay nada imposible. El multiplicará nuestros esfuerzos todo lo que sea necesario para alcanzar la tarea propuesta. Este es un milagro que constantemente hace Jesús con quienes confían en Él. En la Iglesia tenemos infinidad de ellos. Solo es preciso ver las obras de las Congregaciones u Organizaciones de la Iglesia para constatarlo. Nos encanta oír Radio María de España. Lo hacemos a través de un APP en nuestro móvil que nos permite elegir entre media centena o más de emisoras católicas. El hecho es que hace unos días oíamos una campaña especial de recaudación de fondos de esta radio y nos enterábamos que nació en Italia, como radio parroquial en 1983, en Arcellasco d’Erba, en la provincia de Como, en la Diócesis de Milán. Poco a poco fue creciendo hasta que enero de 1987, cuando se constituye la asociación Radio María, compuesta por laicos y sacerdotes, con la finalidad de volver la emisora independiente de la parroquia y de comprometerla en una obra de evangelización en una escala mucho más amplia. Desde entonces no ha dejado de crecer expandiéndose por el mundo entero, con varias estaciones, presentes en más de 60 países. Es una organización extraordinariamente grande con muchísimas estaciones afiliadas. Posiblemente la Radio Católica de mayor cobertura en el Planeta. ¿Pero –nos estaremos preguntando- qué hay de extraordinario en ello además de la excelente calidad de sus programas? Pues que una de las características fundacionales de esta radio, según comentaban en Radio María España, es que no hacen publicidad. ¿Y, entonces, de qué viven? De las donaciones. Dan gratis lo que recibieron gratis. ¿No podemos ver aquí claramente la mano del Señor? Es la multiplicación de los panes y los peces a quienes cumpliendo Sus mandatos, se lanzan a hacer Su Voluntad. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recojan los trozos sobrantes para que nada se pierda. »

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Texto del evangelio Jn 3,31-36 – El que cree en el Hijo tiene vida eterna

31. El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo,
32. da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
33. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
34. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida.
35. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
36. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.»

Reflexión: Jn 3,31-36

Así de claro y directo, como para que no quede duda alguna. Es preciso creer en Jesucristo para alcanzar la Vida Eterna. Esto no podrá querer decir jamás que el Señor condene a quienes no han tenido oportunidad de conocerle y no solo como quien alguna vez escucho de Él, sino en el grado de profundidad requerido para contar con los elementos de juicio necesarios para optar por Él. De allí se deriva precisamente nuestra responsabilidad de evangelizar, tal como el mismo Jesucristo nos manda. Veamos que nos se trata de una sugerencia o de algo que sería deseable, sino de un mandato. A muchos nos causa incomodidad esta palabra. No queremos aceptar que Jesucristo nos mande, por lo que consideramos como una intromisión, una imposición a nuestro libre albedrío. Este no es nada más que un recurso engañoso de nuestra propia cosecha, inspirado por el mal espíritu para hacernos desistir de nuestra Misión, sembrando dudas y conflictos donde no los hay. Y es que, si creemos en Dios, no puede haber dudas. Lo que pasa es que no llegamos a creer y por lo tanto nuestro juicio es errado. ¿Cómo? Muy simple. Si creemos en Dios, ese Dios que intuimos y que jamás llegaremos a abarcar, por el intelecto sabremos que es Infinito, Omnipotente, Omnipresente, pura Sabiduría y Verdad, entre otras cosas, por lo tanto, hemos de reconocer que Él lo puede todo y lo sabe todo. Detengámonos aquí un momento; si lo sabe todo, quiere decir que ve el mundo desde una perspectiva muy distinta a la nuestra, que abarca todos los tiempos y todas las “dimensiones” que pueden converger en ellos en cualquier momento, lo que debe llevarnos a admitir que definitivamente sabe infinitamente más que cualquiera de nosotros. Premunido de ese conocimiento, ¿no es lógico que hagamos caso a lo que nos dice? ¿no es lógico que obedezcamos Su Voluntad? ¿Si Él dice que hagamos esto o aquello, no debía ser lo que hagamos? ¿No debíamos obedecerle? ¿No es lo más lógico y sensato? Si no lo hacemos tiene que ser únicamente porque no le creemos, porque no confiamos en Él. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

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Texto del evangelio Jn 3,16-21 – tanto amó Dios al mundo

16. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
18. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
19. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
20. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras.
21. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

Reflexión: Jn 3,16-21

La falta de comprensión del mensaje de Cristo es lamentablemente una constante y nos parece que en gran parte es por la forma en que se nos han transmitido su conocimiento. Como toda tradición, ha sido transmitida de boca a boca, de generación en generación. Esto resulta algo incomprensible en los tiempos que vivimos y sin embargo ha sido así por muchos siglos. Cuando analizamos estos aspectos nos cuesta considerar que tan solo hace poco más de un siglo, siendo la quinta parte de la población, es decir más o menos mil seiscientos millones, muy pocos tenían la fortuna de poder leer y pocos tenían algunos libros en su hogar. El mundo era pues muy distinto; y si retrocedemos 4 o 5 siglos, el mundo era abismalmente diferente de lo que hoy conocemos. Tengamos en cuenta que el primer libro impreso fue la Biblia, en 1454, hace poco más de 500 años, y por ese entonces éramos alrededor de 500 millones de habitantes, la inmensa mayoría analfabetos. Casi todo se transmitía oralmente. Todo se ha venido desarrollando lentamente, aun cuando con una aceleración continua, que era casi imperceptible hace mil o dos mil años, sin embargo y desde hace 50 años parecemos haber llegado a un desarrollo explosivo en todos los aspectos, lo que definitivamente exige una capacidad de adaptación y respuesta a nuevos retos y situaciones siempre cambiantes, para las que muchas veces no estamos preparados y por lo tanto no sabemos responder. Es fácil entender a lo que nos referimos si seguimos teniendo en cuenta el aspecto del crecimiento poblacional al que nos hemos venido refiriendo. En poco menos de 50 años, desde 1970 se ha doblado la población mundial pasando de 3,692’492,000 a 7,376’471,981 lo que aparejado a una verdadera revolución en las comunicaciones y el procesamiento de información, entre otras cosas, ha dado lugar que en el 2014 el número de celulares en el planeta haya superado el número de pobladores y si tenemos en cuenta el índice más bajo de usuarios de 63 por cada 100 pobladores en África y lo proyectamos a la población mundial, podemos decir que aproximadamente 4,647 millones de habitantes están comunicados, muchísimos de ellos con acceso a Internet, que entre otras cosas es una gran biblioteca que pone todo el conocimiento de la humanidad a la distancia de clic a quien quiera accederla. ¿Cómo afecta todo esto a nuestra capacidad de razonar y de procesar, no solo información, sino también valores y principios? Es difícil diagnosticar, pero es un hecho que somos proporcionalmente muchísimos más alfabetos que nunca y que difícilmente se puede cumplir la transferencia de tradiciones entre las últimas generaciones desconcertadas y deslumbradas, con la comprensible tentación de poner todo lo recibido por esa vía en tela de juicio y optando por posiciones universales o en todo caso vanguardistas, con serios reparos para entender algo que no sea el cambio como lo único absoluto, de allí la dificultad de entender a un Dios Inmutable y heredado. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna

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Texto del evangelio Jn 3,7-15 – Así es todo el que nace del Espíritu

7. No te asombres de que te haya dicho: Tienes que nacer de lo alto.
8. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»
9. Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
10. Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?
11. «En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
12. Si al decirles cosas de la tierra, no creen, ¿cómo van a creer si les digo cosas del cielo?
13. Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
15. para que todo el que crea tenga por él vida eterna.

Reflexión: Jn 3,7-15

Dos aspectos nos llaman especialmente a la reflexión en este pasaje. El primero tiene que ver con algo que nos cuesta asumir como un modo de vida, y es el que se refiere precisamente a nacer de lo alto y entonces estar en el mundo como a merced de viento. Qué difícil se nos antoja esta situación. En verdad no logramos entenderla o tal vez nos resistimos a hacerlo. Pareciera decirnos que no debemos tener planes, ni proyectos, ni nada en que anticipar que nos ocuparemos durante nuestro día, porque ello no depende de nosotros, sino de donde sople el viento del Espíritu Santo. Eso es muy difícil que alguien lo acepte así de plano. Siempre estaremos tentados a poner condiciones, agregando interpretaciones o explicaciones adicionales, a fin de no terminar leyendo y comprendiendo lo que nos dice. ¿Es este proceder correcto? ¿No será más bien que no estamos dispuestos a cumplir con semejante reto, porque exige una fe que no tenemos? ¿Cuáles son los límites de esta propuesta y por qué el Señor no los señala? ¿No estaremos entibiando su mensaje y por esa vía terminando en hacer lo que queremos, lo que nos parece y lo que según nuestro criterio y nuestros planes tendríamos que hacer? ¿Será, entonces, que lo que dispone el Espíritu Santo exige una enmienda o cuando menos una interpretación “razonable”? ¿Quiere decir que así, tal como nos lo transmite, no es razonable? ¿Jesús se equivoca o está suponiendo tal vez cierta capacidad de entendimiento que no tenemos? Todo esto nos parece incorrecto. Creemos que el énfasis está dado sobre la necesidad de hacer la Voluntad de Dios, que nos llega a través del Espíritu Santo, sin que sepamos por donde, ni a dónde nos conducirá, lo que exige que estemos permanentemente alertas y nos dejemos llevar, como un velero que tiene siempre desplegadas sus alas al viento, pero con la diferencia que hemos de dejarnos llevar, porque es el Espíritu Santo el que sopla y nos conduce a donde Él quiere, lo que siempre será bueno, consecuentemente nosotros debemos dejarnos llevar confiadamente. No somos nosotros los que dirigimos la nave, sino Él. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.

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Texto del evangelio Lc 1,26-38 – El Espíritu Santo vendrá sobre ti

26. Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27. a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
29. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
31. vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33. reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
34. María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
35. El ángel le respondió: « El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
36. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
37. porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
38. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Reflexión: Lc 1,26-38

Si recuperamos el hilo conductor de la reflexión de ayer, volvemos a encontrarnos con el anuncio de un hecho prodigioso: una joven virgen de nombre María es visitada por el Ángel Gabriel para anunciarle que ha encontrado Gracia delante de Dios y concebirá un hijo de nombre Jesús. El mismísimo Espíritu Santo la cubrirá con su sombra y por eso al que ha de nacer le llamarán el Hijo de Dios. Todo esto es mayúsculo y desconcertante. Solo ha ocurrido una vez: fue en Nazareth, una ciudad de Galilea, hace poco más de 2mil año. No ha ocurrido antes, no ha vuelto a ocurrir, ni volverá a ocurrir nunca más, como que Tierra hay una sola y cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. Para algunos resulta sumamente difícil aceptar este hecho. Cuestionan que haya sido allí y no en China, por ejemplo o que haya sido en aquel tiempo. Pero no se pregunta por qué en aquella familia, ni de aquel modo, porque muchos dan por descontado en su interior -como una fábula-, aquello de la virgen y de la participación del Espíritu Santo. Es desde aquí, es decir, desde el comienzo que su fe empieza a flaquear y comienzan a crear una historia digerible a su capacidad y razón, la que desde luego es pobre y limitada, pero nunca estarán dispuestos a reconocerlo. ¿Por qué? Por soberbia, aunque tampoco reconozcan esta característica en ellos. Y es que según ellos, esto no encaja con la razón y solo están dispuestos a aceptar explicaciones razonables. Por lo tanto, de plano están rechazando a Dios, aunque afirmen creer en Él. ¿Qué clase de Dios sería aquel que se ajuste a sus limitaciones, que se ajuste a lo que a ellos les parece? Pues nada menos que un dios creado a su imagen y semejanza. Y como según su razón, una virgen no puede dar a luz, entonces descarta a la virgen. Y así siguen tomando y descartando lo que les parece, lo que se ajusta a su razón. ¿Nos damos cuenta de la necedad? Es decir que según ellos, Dios solo puede hacer lo que a ellos les parece. Con un dios así, no vamos a ninguna parte. Será un dios bastante minúsculo, insignificante e inútil en realidad. No se parece en nada al Dios de los cristianos que sería capaz de sacar hijos de las piedras, creando estrellas, constelaciones, planetas animales y al ser humano. Si esta es la razón por la que no son capaces de venerar a la Virgen María, será porque en el fondo tampoco creen en Dios. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.

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Texto del evangelio Jn 20,19-31 – Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios

19. Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con ustedes.»
20. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.
21. Jesús les dijo otra vez: «La paz con ustedes. Como el Padre me envió, también yo los envío.»
22. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo.
23. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.»
24. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
25. Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.»
26. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con ustedes.»
27. Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.»
28. Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»
29. Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
30. Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro.
31. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.

Reflexión: Jn 20,19-31

Es imprescindible que caigamos en cuenta de la importancia que tiene creer en Jesucristo, Hijo de Dios. Estos versículos están especialmente orientados a enfatizar este principio fundamental, sin el cual nada tiene sentido. Muchas desviaciones se dan precisamente por pretender pasar por alto esta Verdad. Es que no da lo mismo si partimos de esta premisa que si no lo hacemos. Jamás llegaremos a las mismas conclusiones, si prescindimos de algo tan fundamental como la fe en Dios, que es inseparable de la fe en Jesucristo, Hijo de Dios. Es precisamente la piedra angular, aquella que desecharon los arquitectos. Nada encaja ni tiene sentido si descartamos a Dios y creemos que podemos prescindir de Jesucristo o Su Divinidad, es exactamente lo mismo, porque Jesucristo, Dios Padre y el Espíritu Santo son básicamente lo mismo: tres personas distintas en un solo Dios Verdadero. ¿No llegamos a comprenderlo a cabalidad? Pues no nos aflijamos, ya que es un Misterio que pertenece al plano Divino. ¿Qué quiere decir que sea un Misterio Divino? Que por más que nos esforcemos no lograremos a comprender sino hasta donde Dios mismo lo haga posible. ¿Por qué? Es bien simple en realidad y depende de cual sea nuestro concepto de Dios, por eso debemos procurar que este sea el correcto. Obviamente, definirlo en palabras es casi imposible, pero de acuerdo con la experiencia de muchos santos y sabios en la historia, podemos recurrir a la Biblia o al Catecismo de la Iglesia Católica para aproximarnos. Sin embargo hay una figura literaria que nos gusta mucho y nos ayuda a aproximarnos intuitivamente a la inconmensurabilidad de Dios y es la que se desprende esta pequeña historia. Un día un hombre caminaba por la playa y encontró a un niño que iba y venía hasta la orilla con un balde llevando agua a un pequeño hueco que había cavado en la arena. El hombre le preguntó cuál era el propósito en el que se encontraba tan afanado, y el niño respondió: Quiero reunir aquí toda el agua del mar. El hombre sonrió. Y es que eso es imposible. Igualmente resulta para el hombre tratar de abarcar a Dios, porque Él nos rebasa en todos los sentidos, sin embargo hay realidades que Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha revelado y que hacen posible aproximarnos, si tenemos fe. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.

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Texto del evangelio Mc 16,9-15 – se les apareció y les echó en cara su incredulidad

9. Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.
10. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos.
11. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron.
12. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea.
13. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos.
14. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.
15. Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación.

Reflexión: Mc 16,9-15

A veces, influenciados por tantas ideas y concepciones escépticas, que paulatinamente van condicionándonos a creer tan solo en lo tangible, como es el dinero contante y sonante, nos invaden las dudas, sobre todo cuando lo que hacemos no pareciera retribuirnos ni un céntimo y por el contrario, si hiciéramos algunas cosas distintas y prestáramos más atención a ciertos eventos o personajes, podríamos estar recibiendo algo de dinero contante y sonante. ¿Por qué aferrarnos a estas cosas que como decía un cierto curita, pasaron hace tanto tiempo “ y sabe Dios si serán ciertas”. Y es que así, entre broma y broma se va sembrando en nosotros la incertidumbre y poco a poco llega un momento que sin darnos ni cuenta, hemos perdido la fe, hemos dejado de creer. Y, ya no nos asusta ni nos llama la atención, porque miramos a nuestro alrededor y parece que este fuera el común denominador de cuantos nos rodean. Vivimos en un mundo en el que Dios está lejísimos; pocos se acuerdan de la fe y para qué sirve, a no ser cuando atravesamos por alguna dificultad o queremos lograr salud, dinero, fama, títulos o sabiduría. Dios es como nuestra Partida de Nacimiento, que sabemos que está por algún lado y jamás la tenemos presente, a no ser cuando la necesitamos. Así, por la fuerza de la costumbre nos va resultado cada vez más sencillo arrinconarlo y prescindir de Él. Eso sí, para todos los efectos somos cristianos, solo que “no practicantes”. Muy pronto seremos los primeros en oponernos a lo que dicen los curas y a sus ideas “anacrónicas”, abrigando la esperanza que algún día muy cercano la Iglesia se adaptará al mundo moderno, tal como nos parece lo viene pretendiendo el Papa Francisco, del cual sabemos tanto como unos cuantos titulares leídos muy rápidamente y algunas frases sueltas tomadas de Facebook con miles de likes. La verdad es que no conocemos al Señor, ni creemos en Él. En realidad creemos en un Dios forjado en nuestro interior a nuestra imagen y semejanza, es decir justo al revés de lo que nos enseña la Biblia. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.

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