junio 1, 2016

Quien no vive para servir, no sirve para vivir

El Papa Francisco ha dicho en Sta. Marta en su homilía: Quien no vive para servir, no sirve para vivir. Recordando que el servicio y el encuentro hacen experimentar una “alegría” que “llena la vida”

Si aprendiéramos el servicio e ir al encuentro de los otros, “cómo cambiaría el mundo”. Así lo ha indicado el papa Francisco al concluir la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta. Este martes, el Santo Padre ha dedicado su reflexión a la Virgen, en el último día del mes mariano. Servicio y encuentro hacen experimentar una “alegría” que “llena la vida”.

Así, ha destacado la valentía femenina, capacidad de ir al encuentro de los otros, mano extendida en señal de ayuda, cuidado. Son ideas que el Papa traza del pasaje del Evangelio que narra la visita de María a santa Isabel. Este pasaje –observa– junto a las palabras del profeta Sofonías en la Primera Lectura y de san Pablo en la segunda diseña “una liturgia llena de alegría” que llega como una bocanada de “aire fresco” a “llenar nuestra vida”.

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Texto del evangelio Mc 12,18-27 – cuando resuciten de la muerte

18. Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron:
19. «Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto.
20. Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos.
21. El segundo se casó con la viuda y murió también sin dejar herederos, y así el tercero.
22. Y pasó lo mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer.
23. En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa.»
24. Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden las Escrituras y tampoco el poder de Dios.
25. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.
26. Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27. Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.»

Reflexión: Mc 12,18-27

Hay dos aspectos sobre los que constantemente estamos especulando y que el Señor responde muy claramente en este episodio, para quien realmente presta atención y sinceramente quiere saber. Como muchas realidades Sobrenaturales que corresponden a la Divinidad de la que Jesús forma parte, podemos imaginar e intuir estas realidades, especulando cómo se desenvuelve con la precisión y el detalle que Jesús nos revela, ni más ni menos, porque según Su Infinita Sabiduría no necesitamos saber más. Por lo tanto, con lo que nos dice Jesús debíamos darnos por satisfechos y no seguir tratando de profundizar o especular, porque corremos el riesgo de distorsionar la realidad y no llegar a saber nunca mucho más, con lo que estaremos perdiendo innecesariamente el tiempo. Bástenos con lo que aquí nos dice Jesucristo. Para el resto, tenemos la fe, que como ya dijimos anteriormente ha de impulsarnos a la aventura de creer, sin tener la certeza absoluta, confiando en la Palabra del Señor. Si Él así lo dice, ha de ser así, aunque no entendamos bien cómo. Ese es el modelo que debemos tomar de la Virgen María que cree en la Anunciación que le hace el Ángel, sin pedir más detalles. ¡Es preciso tener fe! El Señor nos ha dado sobrados motivos para creerle no solamente en los Evangelios, es decir hace 2mil años, sino también en nuestras propias vidas. Todos tenemos historias personales o familiares que contar que pudieran haber sido distintas sin la intervención milagrosa y misericordiosa del Señor. ¡Hagamos memoria! Y si es posible, escribámosla, porque llegará un momento en que necesitemos de estas para animarnos y nos será difícil recordarlas, porque así de ingratos somos, cuando no nos falla la memoria, nos falla el corazón. A la distancia, terminamos por no creer que aquellas experiencias fueron importantes y hasta determinantes en nuestras vidas, y vamos descartando paulatinamente el milagro para transformarlo paulatinamente en buena suerte. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.

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¿Quién es San Agustín?

El 28 de agosto la Iglesia celebra al más grande de los Padres de la Iglesia, San Agustín; y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental. Quien nació nació en el año 354 en Tagaste (Argelia actual).

Una de las autobiografías más famosas del mundo, las Confesiones de San Agustín, comienza de esta manera: “Grande eres Tu, Oh Señor, digno de alabanza … Tu nos has creado para Ti, Oh Señor, y nuestros corazones estarán errantes hasta que descansen en Ti” (Confesiones, Capítulo 1). Durante mil años, antes de la publicación de la Imitación de Cristo, Confesiones fue el manual más común de la vida espiritual. Dicho libro ha tenido más lectores que cualquiera de las otras obras de San Agustín. El mismo escribió sus Confesiones diez años después de su conversión, y luego de ser sacerdote durante ocho años. En el libro, San Agustín se confiesa con Dios, narrando el escrito dirigido al Señor. San Agustín le admite a Dios: “Tarde te amé, Oh Belleza siempre antigua, siempre nueva. Tarde te amé” (Confesiones, Capítulo 10). Muchos aprenden a través de su autobiografía a acercar sus corazones al corazón de Dios, el único lugar en donde encontrar la verdadera felicidad … ¿Quién fue este ‘pecador que llegó a ser un santo’ en la Iglesia?

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Texto del evangelio Lc 1,39-56 – acordándose de su misericordia

39. En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
40. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
42. exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
43. ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
44. Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
45. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
46. María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor,
47. y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador,
48. porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
49. porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
50. Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
51. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
52. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
53. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
54. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia,
55. como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
56. María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Reflexión: Lc 1,39-56

Hoy la Iglesia celebra y recuerda la fiesta de “La Visitación”, llamada así porque evoca el encuentro de la Santísima Virgen María Con Isabel, su prima, a quién se dice fue a ayudar, habiendo tomado conocimiento que se encontraba embarazada. Haciendo abstracción de los detalles referidos a la caminata de María, la clase de apoyo o ayuda que llevó a Isabel, así como el tiempo que permaneció con ella, lo que siempre ha destacado la Iglesia y en lo que nos detendremos a reflexionar es en la exclamación de María una vez que recibe el saludo de Isabel, porque se trata de un canto de alegría tan maravilloso, precioso y preciso, que solo podía proceder de alguien muy especial, de alguien que, a pesar de su edad, vivía una espiritualidad muy profunda, lo que la distingue precisamente de todos nosotros. María había sido elegida por Dios Padre desde la eternidad, para ser madre de Jesucristo. María es única entre todas las mujeres, tal como recordamos en la oración del Ave María, que constituye parte del saludo de Isabel: “…y Bendita eres entre todas las mujeres”. Tal vez debíamos agregar, no solo entre todas las mujeres, sino entre toda la creación, porque su elección fue un privilegio único, una distinción jamás concedida a creatura alguna. Así de excepcional es María. De allí que el pueblo cristiano la tenga en un sitial especial. ¡Cómo no hacerlo, si el mismo Dios la eligió para que fuera la madre de Jesucristo, Su Hijo y nuestro Salvador! El que no quiere entender esto, es simplemente por testarudez y necedad. Si yo amo y respeto a la madre de mi mejor amigo, simplemente por ser madre de aquel a quien amo, como no voy a amar y admirar a la Virgen María, a quien Dios deparó la Gracia de ser Madre de nuestro Salvador, Jesucristo, el Hijo de Dios. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.

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Legión de María organización apostólica de laicos en la Iglesia Católica

La Legión de María es una organización apostólica de laicos en la Iglesia Católica que cuenta con más de 10 millones de miembros en el mundo y ha recibido el reconocimiento de numerosos Papas, incluyendo Juan Pablo II.

La Legión de María Comienza en un hogar de Dublín (Irlanda), el 7 de septiembre de 1921 cuando un grupo de adolescentes se reúnen con Frank Duff (fundador), oran y se deciden a servir a los enfermos y llevar el evangelio a todo el mundo.

El Nombre de Legión de María obedece a que el espíritu de la organización quiere ser el mismo de la Virgen Santa María. Ella es la reina de los Apóstoles, porque fue la primera en presentar a Cristo ante los hombres.

Tal como las legiones romanas del imperio se organizaban y luchaban para conquistar el mundo, los nuevos legionarios buscan conquistar el mundo para Cristo. Pero ahora las armas son espirituales y el amparo es la Reina de los Apóstoles, la Virgen María.

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SAN FRANCISCO DE ASÍS, MAESTRO DE ORACIÓN

por Umberto Occhialini, O.F.M.

[ Francesco d’Assisi, maestro di preghiera, en Forma Sororum 18 (1981) 230-246].

San Francisco de Asís asombró a la cristiandad de su tiempo, y no cesa de suscitar emoción y admiración también hoy. Eso explica los innumerables intentos que se han llevado a cabo a lo largo de los siglos para comprender mejor su espiritualidad, para poner en evidencia sus elementos esenciales.

En las biografías del Santo y en las diversas obras dedicadas al estudio de la espiritualidad franciscana, se trata naturalmente el tema de la oración: la oración de Francisco ante todo, pero también el espíritu y las formas de oración de sus discípulos más representativos.

Recorriendo estas obras, se da uno cuenta de que, por una parte, es fácil encontrar temas comunes, como el de la nota dominante de la alabanza y contemplación de la humanidad de Cristo en la oración de san Francisco y de la escuela franciscana, o el de su carácter afectivo; por otra parte, en cambio, resulta difícil encontrar líneas precisas, metódicas, específicas de la piedad franciscana tomada en su conjunto. Esto es fácil de explicar: san Francisco no dejó ningún tratado sobre la oración, ni métodos de oración, ni itinerarios para ascender a la contemplación. Y sus discípulos, si lo han intentado, como muchos lo han hecho,[1] han procurado traducir el espíritu del seráfico Padre en métodos y esquemas que expresaban más un punto de vista o una experiencia personal, que el desarrollo lógico y armónico de una dirección común.

Por esta razón creemos que, para hablar del carácter específico de la oración en la espiritualidad franciscana, es necesario, ante todo, captar su tono y sus motivaciones de fondo en sus fuentes, en el mismo Francisco, en su modo de orar.

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Texto del evangelio Marcos 12,1-12 – entregará la viña a otros

01. Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.
02. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña.
03. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías.
04. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron.
05. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros.
06. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: “A mi hijo le respetarán”.
07. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.”
08. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.
09. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.
10. ¿No han leído esta Escritura: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido;
11. fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?»
12. Trataban de detenerle – pero tuvieron miedo a la gente – porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

Reflexión: Marcos 12,1-12

Es una historia siniestra, macabra, salvaje. Leemos y releemos y no podemos creer que alguien sea capaz de esto. ¿Qué clase de personas serían estos? No podemos dejar de pensar en una banda de bandidos de los más desalmados. Solo se nos puede ocurrir compararlos con los terroristas de Isis, que no han tenido el menor reparo en atacar y matar a ancianos, mujeres y niños cristianos, con la mayor crueldad jamás vista. Cada vez que oímos o vemos uno de estos episodios sangrientos, nos deja el mismo sin sabor, dolor y desconcierto que nos deja este fragmento de las Escrituras. ¿Cómo puede haber tremenda maldad? ¿Qué podemos esperar de personas que han perdido todo el respeto por la vida ajena y que por lograr un beneficio económico son capaces de semejantes atrocidades. ¿Cómo llega a envenenarse, a contaminarse de tal manera el alma humana para actuar de este modo sin el menor reparo, sin el menor escrúpulo? ¿Cómo es posible que seamos capaces de llegar a semejantes salvajadas? Ciertamente, para una persona normal, esto no es posible. Y es que contrariamente a lo que sostienen los mentores de la “Ideología de Género” hay leyes naturales que son fundamentales e inamovibles, una de estas es la diferencia de sexo entre un hombre y una mujer, y todas las consecuencias que ello trae, que no tienen por qué obviarse o ignorarse, porque no son denigrantes, sino por el contrario elevan la dignidad del rol que a cada quién le toca jugar en la perpetuación de la vida y todas sus consecuencias. Y la otra es precisamente el respeto a la vida, porque no es nuestra, no nos pertenece, sino que es una Gracia que hemos recibido de Dios que tenemos el deber y la obligación de administrar conforme a la Voluntad de Dios. Actuar como estos labradores es a todas luces una brutalidad que solo puede tener su origen en el alejamiento de Dios, alentado por el Demonio, es decir, la ambición, el egoísmo, la crueldad, los apetitos aberrantes, el abuso y el desenfreno. Nadie bien nacido puede estar de acuerdo con este proceder. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.

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El papa a los diáconos: No somos los dueños de nuestro tiempo

El papa Francisco presidió este domingo la santa misa delante de la basílica de San Pedro, ante miles de fieles y peregrinos que en este IX domingo del Tiempo ordinario participaron en el Jubileo de los diáconos. La misa solemne acompañada con música polifónica, que se realizó a pesar del tiempo inestable y con alguna lluvia, fue la conclusión del evento de los diáconos permanentes, que inició el miércoles pasado en Roma, y terminó con la oración del ángelus. Después de la eucaristía el Francisco saludó con gran afecto a muchos de los diáconos allí presentes. Seguidamente el texto de su Homilía.

En su homilía ha recordado: apóstol y servidor, están unidos

«Servidor de Cristo» (Ga 1,10). Hemos escuchado esta expresión, con la que el apóstol Pablo se define cuando escribe a los Gálatas. Al comienzo de la carta, se había presentado como «apóstol» por voluntad del Señor Jesús (cf. Ga 1,1). Ambos términos, apóstol y servidor, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús.

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