Texto del evangelio Mc 11,27-33 – No lo sabemos

27. Volvieron a Jerusalén, y mientras Jesús estaba caminando por el Templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y las autoridades judías,
28. y le preguntaron: «¿Con qué derecho has actuado de esa forma? ¿Quién te ha autorizado a hacer lo que haces?»
29. Jesús les contestó: «Les voy a hacer yo a ustedes una sola pregunta, y si me contestan, les diré con qué derecho hago lo que hago. Háblenme
30. del bautismo de Juan. Este asunto ¿venía de Dios o era cosa de los hombres?
31. Ellos comentaron entre sí: «Si decimos que este asunto era obra de Dios, nos dirá: Entonces, ¿por qué no le creyeron?»
32. Pero tampoco podían decir delante del pueblo que era cosa de hombres, porque todos consideraban a Juan como un profeta.
33. Por eso respondieron a Jesús: « No lo sabemos.» Y Jesús les contestó: «Entonces tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas.»

Reflexión: Mc 11,27-33

No podemos osar desafiar al Señor en sabiduría, ni en audacia o astucia; siempre saldremos perdiendo. Sin embargo vemos cómo los poderosos pretenden emplazar y sorprender a Jesús, sometiéndolo a un interrogatorio, tal vez buscando intimidarlo. Pero el Señor no se acobarda ni se amilana; recordemos que no le hubieran podido tocar un solo pelo si Él no hubiera entregado Su vida por nosotros. Nadie le puede quitar nada, ni por lo tanto podrá ponerlo en problemas para contestar, ni se rendirá ante nadie, como no sea para cumplir con el Plan de Salvación. En toda circunstancia, no importa la dificultad o el peligro, el Señor responde con la Verdad, lo que no le impide ser astuto y aplicar su Inteligencia Divina. Fariseos, escribas y judíos pretende hacerle caer en una celada para atraparlo en ese momento, puesto que estaban hartos que anduviera soliviantando a los pobres y alterando el orden al que estaban acostumbrados, donde todo se hacía según sus disposiciones. No podían permitir que viniera este individuo y de buenas a primeras tratara de cambiarlo todo, mucho menos atacando el centro de su poder y prestigio. ¿Cómo iban a permitir y dejar pasar este escándalo en el Templo, donde ellos tenían poder supremo? No podían dejarlo pasar y por eso le salen al encuentro y le enrrostran esta pregunta desafiante, para terminar de una buena vez con esta insurrección. Pero la ágil y acertada respuesta del Señor, que solo podía venir de su privilegiada inteligencia, los dejó de una pieza. Les quedó claro que de esta forma no podrían competir con Jesús. No podían provocarle y mucho menos aprehenderle, porque a pesar de haberles dado la excusa perfecta, soberbios y confiados en su poder, hablaron más de la cuenta, tal vez por temor de lo que en realidad podía hacer, ya que acababa de darles una muestra de su carácter y energía. El Señor exhala autoridad, por lo que se hace difícil prestarle oposición. Además estaba el pueblo y sus seguidores, a los que tenían miedo. Por eso respondieron a Jesús: « No lo sabemos.» Y Jesús les contestó: «Entonces tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas.»

(44) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Mc 11,11-26 – todo lo que pidan en la oración

11. Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a su alrededor y, siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania.
12. Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre.
13. A lo lejos divisó una higuera llena de hojas y fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó, pero no encontró más que hojas, pues todavía no era tiempo de higos.
14. Entonces Jesús dijo a la higuera: «¡Que nadie coma fruto de ti nunca jamás!» Y sus discípulos lo oyeron.
15. Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas,
16. y no permitía a nadie transportar cosas por el Templo.
17. Luego se puso a enseñar y les dijo: «¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en una guarida de ladrones!»
18. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se enteraron de lo ocurrido y pensaron deshacerse de él; le tenían miedo al ver el impacto que su enseñanza producía sobre el pueblo.
19. Cada día salían de la ciudad al anochecer.
20. Cuando pasaban de madrugada, los discípulos vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz.
21. Pedro se acordó, y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.»
22. Jesús respondió: «Tengan fe en Dios.
23. Yo les aseguro que el que diga a ese cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le concederá.
24. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.
25. Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo,
26. para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas.»

Reflexión: Mc 11,11-26

Aparecen frente a nuestros ojos una serie de episodios aparentemente inconexos y hasta desconcertantes, sobre los que trataremos de reflexionar para entender su significado. ¿Qué tienen que ver la higuera con los comerciantes en el templo y la fe? En primer lugar no puede dejar de llamarnos la atención la impaciencia de Jesús con la higuera. Claro, tenía hambre, pero la higuera no podía darle los frutos que buscaba, por razones naturales. No era tiempo de higos. Sin embargo su reacción parece poco tolerante e incluso intemperante. Nos parece que pocas veces hemos visto así a Jesucristo, si hay otra, no la recordamos, a no ser la misma del templo que sigue a este episodio…Y tal vez por ahí encontremos la relación entre uno y otro. Claro, el Señor nos hace notar a través de esta maldición cuál es su poder, que es el mismísimo poder de Dios, capaz de hacer cualquier prodigio, por más descabellado que pudiera parecernos. Secar a una pobre higuera por no dar frutos a destiempo, parece un exceso, sin embargo, si asociamos este hecho a su reflexión sobre la fe, ha de quedarnos muy claro que todo es posible para Dios y lo mismo para el que tiene fe en Él. Hubiera podido seguramente hacer que la higuera diera frutos, pero en su divina pedagogía consideró más importante en esta ocasión demostrarnos quizás que también, si quisiera, podría castigarnos por no dar los frutos esperados, pero esa no es su actitud con nosotros. Por el contrario, nos tiene una paciencia infinita. Sin embargo, estamos llamados a dar mucho fruto y lo podremos hacer, si tenemos fe, porque no hay nada imposible para Dios. Él podría secarnos, pero no, Él quiere que demos frutos abundantes movidos por la Fe, cosa que era imposible pedirle a esta higuera o a cualquier otra creatura que no seamos nosotros. Él podía hacerlo, sin duda, tal como la secó, pero optó por esto último para enseñarnos la diferencia: nosotros podemos participar en este milagro de dar frutos para nuestro Padre Celestial, porque nosotros somos Sus hijos y como tales, somos capaces de tener fe y esto es todo lo que se necesita para mover montañas. Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.

(56) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Mt 11,25-30 – Vengan a mí los que van cansados

25. En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado.
26. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos.
27. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer.
28. Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.
29. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso.
30. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.»

Reflexión: Mt 11,25-30

Hermoso fragmento de los Evangelios, que solo pueden llenarnos de paz y esperanza. ¿A quiénes? A los atribulados, a los apesadumbrados, a los explotados, a los que llevan pesadas cargas y se sienten como aplastados por ellas, porque no ven ninguna salida a una rutina lúgubre, densa, oscura, a la que se sienten engrilletados, sin poder ver el horizonte. Desde luego, esa no es la situación de todos, pero hay algunos, muchos entre nosotros que efectivamente sentimos que parece que es imposible levantar cabeza, que cuando no es una cosa, es otra, que pareciera que solo hubiéramos venido a este mundo a sufrir, ante la indiferencia de nuestros hermanos. Si nosotros mismos no lo estamos padeciendo, es algo con lo que podemos tropezar todos los días. Gentes condenadas a arrastrar duras cadenas, de las que pareciera que no tienen como salir, sin que alguien les eche una mano y les dé una nueva oportunidad. Las encontramos en las esquinas, recostadas sobre la pared, con las manos extendidas; o en los parques durmiendo abrigadas entre cartones; a la salida de los templos o en los niños limpiando los parabrisas de los carros por unos centavos. Pero no son solo ellos, sino también los cientos de miles de refugiados que se encuentran tocado las puertas de Europa, familias enteras, mendigando una posibilidad de seguir viviendo libres de la de violencia y el acoso a que se exponen diariamente en sus países, donde además escasean recursos tan esenciales como el agua y los alimentos. Es a toda esta gente que sobrevive angustiada, asustada, frágil, debilitada, deprimida, violentada, agotada, exhausta por interminables noches de insomnio, cansada de arañar piedras para obtener agua o alimentos, que se contentaría con los mendrugos que caen de nuestras mesas, con la comida que dejamos malograr en nuestra nevera y que luego arrojamos a la basura, es a estas personas, que son nuestros hermanos, que se dirige el Señor, ofreciéndoles alivio, amor, paz y esperanza. El Señor es el único que tiene la capacidad para restañar nuestras heridas, aun aquellas que llevamos desde hace años grabadas como un tatuaje. Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso.

(236) vistas

Imágenes Relacionadas:

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Mc 10,32-45 – servir y dar su vida como rescate

32. Continuaron el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban desconcertados, y los demás que lo seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió a los Doce para decirles lo que le iba a pasar:
33. «Estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley: lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros,
34. que se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará.»
35. Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.»
36. El les dijo: «¿Qué quieren de mí?»
37. Respondieron: «Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria.»
38. Jesús les dijo: «Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo estoy bebiendo o ser bautizados como yo soy bautizado?»
39. Ellos contestaron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «Pues bien, la copa que voy a beber yo, la beberán también ustedes, y serán bautizados con el mismo bautismo que voy a recibir yo;
40. pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí el concederlo; eso ha sido preparado para otros.»
41. Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan.
42. Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad.
43. Pero no será así entre ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos,
44. y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos
45. Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre.»

Reflexión: Mc 10,32-45

Es difícil no vernos retratados en este pasaje. Cuantas veces el Señor no está hablando de algo importante en nuestra vidas, algo crucial, algo determinante y nosotros estamos distraídos pensando en nuestros pequeños dilemas, en nuestros mezquinos intereses. No alcanzamos a ver la magnitud de la tarea que tenemos por delante, ni la trascendencia de cuanto está ocurriendo y los alcances que ello habrá de tener para nuestras vidas. Enfrascados en nuestras minucias, por ver el árbol, perdemos de vista el bosque. Todo el Evangelio y la vida de oración a la que estamos dedicados, de pronto la tiramos por la ventana por un mal rato, por una mala pasada que nos juega nuestro carácter, por un exabrupto, un mal pensamiento o un dar rienda suelta a lo primero que se nos viene a la cabeza, a nuestra lengua o a nuestro instinto. El Camino que nos propone el Señor es exigente, y en primer lugar demanda estar atentos, con nuestros cinco sentidos puestos en lo que hacemos, pero sobre todo en lo que nos rodea, en nuestro prójimo y en lo que conocemos como los signos de los tiempos, es decir, lo que viene sucediendo en nuestra sociedad. No podemos aislarnos y ser ajenos a las vicisitudes que vive nuestro prójimo, a sus preocupaciones, ni a los movimientos que se van gestando en nuestras narices en la sociedad en la que vivimos. No podemos marcar distancia y hacer como que todo aquello no fuera importante. No podemos vivir aislados, pero sobre todo, no podemos ser indiferentes. Paremos bien las orejas; abramos bien los ojos. Detengámonos a ver y analizar. Esforcémonos por comprender la situación, para no caer, como los discípulos, en discusiones bizantinas, mientras el Señor nos está revelando los acontecimientos que se desplegarán frente a nuestros ojos en cumplimiento del Plan de Dios. Hay que ser frío, no haber comprendido nada o estar totalmente desenchufado para tener tan impertinente reacción. Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre.

(65) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

El Espíritu Santo habita en nuestros corazones

Una hermana nos hace la siguiente pregunta:

Tengo una duda sobre El Espíritu Santo y quisiera que me ayudaras a disiparla. ¿Si el Espíritu Santo habita en nuestros corazones porque lo invocamos? ¿Porque cuando oramos le decimos Ven si ya está dentro de nosotros? ¿Es por falta de Fe?

Muy interesante tu pregunta querida hermana. Un reto para el que no parecen brotar las palabras inmediatamente, por lo que en un primer momento nos dejó paralizados como quien efectivamente había encontrado una incongruencia. Así parece a primera vista, pero no lo es para quien se pone en manos del Señor e invoca el auxilio del Espíritu Santo, como lo acabamos de hacer.

Nosotros creemos en Dios y por eso sabemos que Dios tiene una serie de atributos que -confieso no me los sé de memoria-, que los podemos encontrar por la observación y el mismo razonamiento lógico, pero que también los describe el Catecismo de la Iglesia y más sucintamente el artículo que enlazo.

Pero Dios es ante todo y antes que nada Infinito, es decir el Innombrable, alguien cuya inmensidad y poder podemos tratar de intuir e imaginar, pero que nunca llegaremos a abarcar por completo por una simple razón: si pudiéramos hacerlo, inmediatamente seríamos más que Dios o en otras palabras, habríamos encontrado sus límites, lo cual hemos de aceptar, es IMPOSIBLE, para quienes creemos en Dios y conforme a los atributos señalados e intuidos lo consideramos por encima de todo y sabiéndonos limitados.

(81) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Mc 10,28-31 – recibirá cien veces más

28. Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.»
29. Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa.
30. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. (Mt 20,16 Lc 13,30)
31. Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros.»

Reflexión: Mc 10,28-31

Pedro, como la cabeza ya destacada de los discípulos saca la cara por ellos a fin de no dejar pasar la ocasión de refrescar al Señor que ellos si habían dejado todo por seguirle, lo que obviamente no era desconocido para el Señor, pero se entiende que Pedro quería hacerlo notar para dejarlo bien establecido, para que no se le fuera escapar al Señor y seguramente porque más de uno de sus hermanos lo codeo para hacer algo que seguramente ya venían conversando desde hacía buen rato. Y, como no. ¿Cuántos de nosotros hemos sido capaces de cumplir con el seguimiento que el Señor exige y que los discípulos practican? ¿No nos parece que conforme nos hemos ido distanciando de aquellos hechos, nos hemos distanciado también de estas exigencias? La mayoría de nosotros practicamos tal seguimiento que resulta sumamente difícil distinguirnos de cualquier otra persona de nuestro tiempo. Le entramos a todo, como el que más y como ellos, tampoco realizamos ninguna práctica religiosa externa, a no ser una Misa anual o cada vez que se nos antoja y alguna que otra visita a un santuario, en recuerdo de nuestra madre o porque está de moda y todo el mundo lo hace. Nuestra vida de fe es tan privada, que difícilmente alguien la podría notar. Será necesario que nos pregunten para saber que somos católico, porque hasta convivimos como lo hace cualquiera y estamos de acuerdo con todas estas corrientes “modernas” que abogan por el matrimonio igualitario, el aborto, el divorcio, el matrimonio de los religiosos como remedio a la pedofilia y la ordenación de las mujeres. Todas señales de los avances científicos y sociales de nuestro tiempo, a las que solo un necio y anticuado puede oponerse. Por eso estamos contentos con el Papa Francisco, porque según lo que escuchamos en todos lados y constantemente nos hacen saber a través de las redes sociales, este es un Papa de avanzada, adecuado a los tiempos que vivimos. Claro, aquella exigencia de la que Pedro y sus compañeros se jactan resulta también figurativa, porque no hay forma que se nos aplique a nosotros que nos consideramos cristianos y no creemos que en realidad nadie siga los pasos de estos locos. Tiene que haber una forma más razonable de interpretar estos textos y de hecho parece que la mayoría la encuentran, porque no conocemos a nadie que se ciña a estas palabras de modo tan espartano. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.

(160) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Mc 10,17-27 – qué difícil es entrar en el Reino de Dios

17. Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?»
18. Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios.
19. Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.»
20. El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven.»
21. Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.»
22. Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.
23. Entonces Jesús paseó su mirada sobre sus discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!»
24. Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios!
25. Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»
26. Ellos se asombraron todavía más y comentaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
27. Jesús los miró fijamente y les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible.»

Reflexión: Mc 10,17-27

Normalmente tenemos la tendencia a quedarnos prendidos con lo que el Señor dice de los ricos y llega un momento en que incluso simpatizamos con ellos y hasta nos dan pena. Algunos de nosotros tenemos amigos millonarios o personas bien acomodadas, que son en realidad buenas personas, que nos han echado la mano más de una vez, cuando han podido, por lo que la sentencia que el Señor dicta sobre ellos llega a parecernos excesiva. En cuanta ocasión hemos tenido de discutir este fragmento, a muchos les resulta incómodo y a otros les parece un exceso. Por su puesto, también hay los que se sienten finalmente vengados y se alegran de tan solo pensar en lo que acabarán aquellos soberbios antipáticos, que porque tienen mucho dinero hacen lo que les da la gana. No faltan estos ejemplares en nuestras vidas, tampoco. Y claro, como la mayoría de nosotros sentimos que no encajamos en esa categoría, nos sentimos tranquilos al encontrar unas líneas que parecen exclusivamente dedicadas a estas personas, de las que definitivamente no formamos parte. Como no se refiere a nosotros, rápido salimos del embrollo exclamando: que vean ellos. ¿Sera cierto que el Señor quería dedicar estos versículos exclusivamente a los ricos? Reflexionemos un momento, teniendo como base las líneas que hemos seleccionado para el efecto. «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios.»

(96) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Jn 16,12-15– Espíritu de la Verdad

12. Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
13. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
14. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
15. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: «Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes».

Reflexión: Jn 16,12-15

El Espíritu Santo es una fuerza que inspira, comunica, revela e impulsa. Es como resultado o evidencia de su participación en nuestra historia que la Iglesia perdura en el tiempo, a veces dispersa, otras equivocada o enconada o polarizada, pero siempre marcando la pauta en un camino permanente a la perfección. Se han cometido sin duda muchos errores, como en toda obra en la que interviene el libre albedrío de personas humanas, sin embargo siempre ha prevalecido la capacidad de autocrítica, corrección e incluso reparación, enmendándose y pidiendo perdón. Es el Espíritu Santo el que la impulsa y protege y le da esta capacidad de reinventarse y corregirse, conduciendo a la humanidad entera, al Pueblo escogido a la Vida Eterna. Su historia no ha estado exenta de grandes obstáculos y dificultades, de contradicciones, errores y horrores, pero tampoco de grandes ejemplos que han sabido brillar en los momentos más difíciles, señalando el Camino del Señor. Esta es obra del Espíritu Santo, como lo fueron la redacción de los Evangelios, la selección de los autores mediáticos, la selección de los textos y las traducciones. Es la mismísima Palabra de Dios la que se ha recogido en los libros que conforman la Biblia, por inspiración y soplo del Espíritu Santo. Porque ninguno de estos libros apareció de la nada y sin embargo su sabiduría, su belleza y su calidad literaria han sido reconocidas por el mundo entero, sin importar credo, tiempo o nacionalidad. Aun hoy, la Biblia es el libro con más ediciones y publicaciones en el mundo. Nadie puede negar su valor y todo aquel que se aproxima a ella con sinceridad y humildad, queda deslumbrado, al descubrir la Verdad, porque es de esto de lo único que se ocupan sus páginas desde el comienzo hasta el fin. Y es que se trata de la Palabra de Dios, que tiene la capacidad de llegar a todos, llenando el vacío o la interrogante que buscaba. Sin importar la época, ni la nacionalidad, ni la condición social, la Biblia tiene las respuestas a todas las interrogantes que los hombres se ha planteado o se planteará alguna vez. Y es que, efectivamente, se trata de la Palabra de Dios confirmada por nuestro Señor Jesucristo, Su Hijo, que vino a revelarnos que Dios es Su Padre, que lo envió a salvarnos, tal como lo había prometido a Su Pueblo por boca de los profetas, lo que, efectivamente, llegado el tiempo hizo, muriendo y resucitando por nosotros, sellando de este modo definitivamente Su pacto con nosotros. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.

(70) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...