Legión de María organización apostólica de laicos en la Iglesia Católica

La Legión de María es una organización apostólica de laicos en la Iglesia Católica que cuenta con más de 10 millones de miembros en el mundo y ha recibido el reconocimiento de numerosos Papas, incluyendo Juan Pablo II.

La Legión de María Comienza en un hogar de Dublín (Irlanda), el 7 de septiembre de 1921 cuando un grupo de adolescentes se reúnen con Frank Duff (fundador), oran y se deciden a servir a los enfermos y llevar el evangelio a todo el mundo.

El Nombre de Legión de María obedece a que el espíritu de la organización quiere ser el mismo de la Virgen Santa María. Ella es la reina de los Apóstoles, porque fue la primera en presentar a Cristo ante los hombres.

Tal como las legiones romanas del imperio se organizaban y luchaban para conquistar el mundo, los nuevos legionarios buscan conquistar el mundo para Cristo. Pero ahora las armas son espirituales y el amparo es la Reina de los Apóstoles, la Virgen María.

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SAN FRANCISCO DE ASÍS, MAESTRO DE ORACIÓN

por Umberto Occhialini, O.F.M.

[ Francesco d’Assisi, maestro di preghiera, en Forma Sororum 18 (1981) 230-246].

San Francisco de Asís asombró a la cristiandad de su tiempo, y no cesa de suscitar emoción y admiración también hoy. Eso explica los innumerables intentos que se han llevado a cabo a lo largo de los siglos para comprender mejor su espiritualidad, para poner en evidencia sus elementos esenciales.

En las biografías del Santo y en las diversas obras dedicadas al estudio de la espiritualidad franciscana, se trata naturalmente el tema de la oración: la oración de Francisco ante todo, pero también el espíritu y las formas de oración de sus discípulos más representativos.

Recorriendo estas obras, se da uno cuenta de que, por una parte, es fácil encontrar temas comunes, como el de la nota dominante de la alabanza y contemplación de la humanidad de Cristo en la oración de san Francisco y de la escuela franciscana, o el de su carácter afectivo; por otra parte, en cambio, resulta difícil encontrar líneas precisas, metódicas, específicas de la piedad franciscana tomada en su conjunto. Esto es fácil de explicar: san Francisco no dejó ningún tratado sobre la oración, ni métodos de oración, ni itinerarios para ascender a la contemplación. Y sus discípulos, si lo han intentado, como muchos lo han hecho,[1] han procurado traducir el espíritu del seráfico Padre en métodos y esquemas que expresaban más un punto de vista o una experiencia personal, que el desarrollo lógico y armónico de una dirección común.

Por esta razón creemos que, para hablar del carácter específico de la oración en la espiritualidad franciscana, es necesario, ante todo, captar su tono y sus motivaciones de fondo en sus fuentes, en el mismo Francisco, en su modo de orar.

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Texto del evangelio Marcos 12,1-12 – entregará la viña a otros

01. Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.
02. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña.
03. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías.
04. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron.
05. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros.
06. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: “A mi hijo le respetarán”.
07. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.”
08. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.
09. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.
10. ¿No han leído esta Escritura: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido;
11. fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?»
12. Trataban de detenerle – pero tuvieron miedo a la gente – porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

Reflexión: Marcos 12,1-12

Es una historia siniestra, macabra, salvaje. Leemos y releemos y no podemos creer que alguien sea capaz de esto. ¿Qué clase de personas serían estos? No podemos dejar de pensar en una banda de bandidos de los más desalmados. Solo se nos puede ocurrir compararlos con los terroristas de Isis, que no han tenido el menor reparo en atacar y matar a ancianos, mujeres y niños cristianos, con la mayor crueldad jamás vista. Cada vez que oímos o vemos uno de estos episodios sangrientos, nos deja el mismo sin sabor, dolor y desconcierto que nos deja este fragmento de las Escrituras. ¿Cómo puede haber tremenda maldad? ¿Qué podemos esperar de personas que han perdido todo el respeto por la vida ajena y que por lograr un beneficio económico son capaces de semejantes atrocidades. ¿Cómo llega a envenenarse, a contaminarse de tal manera el alma humana para actuar de este modo sin el menor reparo, sin el menor escrúpulo? ¿Cómo es posible que seamos capaces de llegar a semejantes salvajadas? Ciertamente, para una persona normal, esto no es posible. Y es que contrariamente a lo que sostienen los mentores de la “Ideología de Género” hay leyes naturales que son fundamentales e inamovibles, una de estas es la diferencia de sexo entre un hombre y una mujer, y todas las consecuencias que ello trae, que no tienen por qué obviarse o ignorarse, porque no son denigrantes, sino por el contrario elevan la dignidad del rol que a cada quién le toca jugar en la perpetuación de la vida y todas sus consecuencias. Y la otra es precisamente el respeto a la vida, porque no es nuestra, no nos pertenece, sino que es una Gracia que hemos recibido de Dios que tenemos el deber y la obligación de administrar conforme a la Voluntad de Dios. Actuar como estos labradores es a todas luces una brutalidad que solo puede tener su origen en el alejamiento de Dios, alentado por el Demonio, es decir, la ambición, el egoísmo, la crueldad, los apetitos aberrantes, el abuso y el desenfreno. Nadie bien nacido puede estar de acuerdo con este proceder. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.

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El papa a los diáconos: No somos los dueños de nuestro tiempo

El papa Francisco presidió este domingo la santa misa delante de la basílica de San Pedro, ante miles de fieles y peregrinos que en este IX domingo del Tiempo ordinario participaron en el Jubileo de los diáconos. La misa solemne acompañada con música polifónica, que se realizó a pesar del tiempo inestable y con alguna lluvia, fue la conclusión del evento de los diáconos permanentes, que inició el miércoles pasado en Roma, y terminó con la oración del ángelus. Después de la eucaristía el Francisco saludó con gran afecto a muchos de los diáconos allí presentes. Seguidamente el texto de su Homilía.

En su homilía ha recordado: apóstol y servidor, están unidos

«Servidor de Cristo» (Ga 1,10). Hemos escuchado esta expresión, con la que el apóstol Pablo se define cuando escribe a los Gálatas. Al comienzo de la carta, se había presentado como «apóstol» por voluntad del Señor Jesús (cf. Ga 1,1). Ambos términos, apóstol y servidor, están unidos, no pueden separarse jamás; son como dos caras de una misma moneda: quien anuncia a Jesús está llamado a servir y el que sirve anuncia a Jesús.

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Maneras de orar

Hay tantas maneras de orar como personas. El hecho de poder entrar en relación personal con Dios es un don del Espíritu. Por lo tanto, los métodos o maneras no agotan ni pueden limitar la acción de Dios, pero sí son ayudas, y como tales hay que tomarlas. Ofrecemos a continuación diversas maneras que propone San Ignacio en el libro de los Ejercicios Espirituales, adaptándolas y traduciéndolas a nuestro momento. Por eso no son presentadas literalmente, pero intentan ser fieles a la pedagogía ignaciana.

1. ACTITUDES FUNDAMENTALES

PREPARACION

Tranquilizarse, relajarse. Se puede hacer escuchando música suave, fijando la vista en un objeto de la habitación, mirando por la ventana, sintiendo los latidos del corazón, paseando, leyendo un poema, etc. A medida que el espíritu se va caminando, ir pensando tranquilamente qué voy a hacer, el Señor me espera, etc. (Esta preparación se hará siempre que se empiece una oración).

1. Preparar el material necesario: Aquí será coger una lista o un texto sencillo que exprese actitudes fundamentales cristianas. Citemos algunos ejemplos: las Bienaventuranzas, los Diez Mandamientos, un texto preparatorio de una liturgia penitencial o (cualquier texto antiguo o moderno en que se revisen aspectos básicos de la vida cristiana, etc.
2. Oración preparatoria: Pedir a Dios luz para comprender el mensaje que se me dirige y fuerza para cambiar en mi corazón y en mi vida aquello que me aleja de Jesús.

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Texto del evangelio Lc 9,11b-17 – pronunció sobre ellos la bendición

11. El los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados.
12. Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto».
13. Él les respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Pero ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».
14. Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: «Háganlos sentar en grupos de cincuenta».
15. Y ellos hicieron sentar a todos.
16. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud.
17. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

Reflexión: Lc 9,11b-17

Jesús es Dios. Solo Dios puede hacer lo que Él hace. No solo multiplica los 5 panes y 2 peces y los reparte entre más de 5mil, sino que la gente lo sigue con tal devoción, que se dejan llevar sin reparar en nada, ni en el hambre, ni en la hora, ni en el cansancio. Se entregan confiadamente a sus manos. Seguramente ha habido muy buenos predicadores que han atraído a mucha gente, pero ¿cuántos de este modo, por tanto tiempo y a tal cantidad de gente? El Señor curaba y enseñaba, pero sin duda algo había en sus palabras, en su presencia, en su mirada que cautivaba a todo ese gentío. Todo el mundo quería verlo, oírlo, tocarlo. Y una vez que lo hacían, no podían alejarse. Querían permanecer con Él. ¿De qué otro modo podemos explicar que se hubieran alejado tanto de los poblados, olvidándose de todo? Tenían que sentirse reconfortados, admirados, atraídos y apaciguados. Sus palabras habrían de ser como un manantial de agua fresca, como un manantial de vida. Tocaban las más profundas fibras de su corazón y su mente, los consolaba e iluminaba. Estar a Su lado era una experiencia maravillosa. El Señor atrae y cautiva, por su sencillez, por su sabiduría, por su sinceridad, por su claridad. Cada quien se sentía tocado de forma íntima y personal. No había desperdicio en cuanto decía. Y su voz, también debía ser potente y cadenciosa, puesto que no había altoparlantes, ni modo electrónico alguno para hacerse oír por todos, y sin embargo, así debía ser, de otro modo no lo seguirían. Pero hay algo más: el Señor irradiaba autoridad. Hablaba como el que sabe, sin necesidad de imponerse por la fuerza, ni mucho menos despreciar a nadie. Hablaba con mucho respeto y sus palabras les hacían sentir dignos y amados a todos los que le escuchaban. No había grosería, ni sarcasmo, ni ironía, ni insultos, ni mentiras, ni odio. Jesucristo era percibido como alguien extraordinario, que correspondía con creces a las características de aquél al que habían estado esperando. Era el Mesías, el enviado, de un Reino de otro mundo, que sin alcanzar a comprender en su magnitud los llenaba de paz, amor, esperanza y alegría. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud.

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Los Modos de orar

Introducción

Vamos a orar siguiendo a Santo Domingo. Nuestra oración será lenta, pero personal e interior.

Tenemos en nuestras manos los “modos de orar de Santo Domingo”. Iremos contemplándolos uno a uno. Son como “cuadros o escenas de la vida de un orante”, aunque, en la realidad de la vida de oración, los deberíamos vivir en continuidad, sin interrupción en “cada modo”.

Al final del día Domingo oraba después de predicar, enseñar, caminar… Estaba cansado, como quizás lo estamos hoy nosotros por otros motivos. Y oraba en diferentes posturas para mantenerse vigilante.

Orar unas veces es escuchar, otras hablar, otras pedir, otras… “dormir” (es decir que hasta nos podemos quedar dormidos reposando en los brazos de Dios…) porque simplemente es “estar en la presencia de Dios teniéndole como amigo”.

Domingo ora ante Cristo crucificado, pero fijémonos que en casi todas las imágenes, María está presente.

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El Papa Francisco en la festividad de Corpus Christi

‘Haced esto en memoria mía’ (1Co 11,24.25). El apóstol Pablo, escribiendo a la comunidad de Corinto, refiere por dos veces este mandato de Cristo en el relato de la institución de la Eucaristía. Es el testimonio más antiguo de las palabras de Cristo en la Última Cena.

«Haced esto». Es decir, tomad el pan, dad gracias y partidlo; tomad el cáliz, dad gracias y distribuidlo. Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el que nos dio su Cuerpo y su Sangre. Y este gesto ha llegado hasta nosotros: es el «hacer» la Eucaristía, que tiene siempre a Jesús como protagonista, pero que se realiza a través de nuestras pobres manos ungidas de Espíritu Santo.

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