Texto del evangelio Mt 4,12-17.23-25 – Conviértanse

12. Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.
13. Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí;
14. para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
15. ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!
16. El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.
17. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: « Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»
23. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24. Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó.
25. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.

Reflexión: Mt 4,12-17.23-25

Juan es una referencia importante para Jesús, del mismo modo en que todo lo que va ocurriendo corresponde a un Plan muy bien trazado por Dios, del cual tenemos conocimiento por las Escrituras. En este pasaje podemos constatar nuevamente como todo se va cumpliendo como parte de un libreto previamente escrito. La primera pregunta que nos tenemos que hacer es ¿por qué Dios se habría tomado semejante molestia si no fuera importante para alcanzar Su propósito? Y junto con ello obviamente hemos de preguntarnos ¿cuál podría ser Su propósito? Si no fuera por Jesucristo ambas respuestas podrían caer en el terreno de la libre especulación y cada quien estaríamos en la libertad de construir nuestras propias respuestas, pero no es así. Jesucristo nos da todas las respuestas. En esto consiste la Revelación. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Es decir que para el que realmente presta atención y con la Gracia del Espíritu Santo, las respuestas a estas y todas nuestras interrogantes están en Él. Así, por Jesús sabemos que la Voluntad de Dios es que ni uno de nosotros se pierda; dicho de otro modo, salvarnos. Para eso nos envía a su Único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. ¡Esa es Su Misión! Para ese propósito central, con el fin de suscitar nuestra fe y como consecuencia nuestra conversión, Dios se manifiesta a lo largo de nuestra historia, invitándonos a ver a donde los reflectores apuntan: a Jesús. Por eso todo sucede conforme a las Escrituras. Los hechos ratifican lo que estaba escrito. De este modo, Juan lo precede, incluso bautizándolo y su caída y posterior ejecución serán para Él una señal –ciertamente conmovedora- del inicio de su predicación. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: « Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»

(26) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Mt 2,1-12 – indaguen cuidadosamente sobre ese niño

1. Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,
2. diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»
3. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.
4. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.
5. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:
6. Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.»
7. Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella.
8. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encuentren, comuníquenmelo, para ir también yo a adorarle.»
9. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
10. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
11. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.
12. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Reflexión: Mt 2,1-12

Nuestra reflexión hoy girará en torno al mandato que les da Herodes a los Reyes Magos, que sabemos lo hacía con el inconfesable objetivo de deshacerse de Él. Así de difícil fue para Jesús desde el comienzo Su vida entre nosotros, sin embargo la Voluntad de Dios habría de cumplirse por sobre todas las cosas y Herodes se quedaría desairado, pues los Reyes magos, avisados en sueños del peligro que corría Jesús, volverían por otro lado. Estas intervenciones de Dios que vemos aquí de modo tan evidente son sin embargo corrientes en nuestras vidas, sino que no llevamos inventario de ellas y por eso las olvidamos tan fácilmente. ¿Cuántas veces nos ha sucedido que nos salvamos de un encuentro que hubiera sido fatal o muy molesto, simplemente por no haber llegado a tiempo o porque se nos atravesó otra persona? Lo achacamos a la fortuna, pero en realidad se trata de la Voluntad de Dios que lo evito por ti, o que tal vez lo facilita por ti. Si sabemos leer estas señales que son constantes en nuestras vidas, podemos incluso interpretar la Voluntad de Dios para nuestras vidas. Nosotros tendemos a ver estos encuentros como coincidencias, pero si somos sinceros y recabamos todas las evidencias, tendremos que concluir que Dios mismo los propició con un propósito que o tenemos que indagar o que tal vez confirma lo que habíamos decidido. Si miramos nuestras vidas desde la cima que nos dan los años, veremos en ellas muchos acontecimientos conectados, varios movimientos notables y determinantes que ocurrieron a mucha distancia unos de otros y sin embargo íntimamente conectados. Es decir, más allá de que seamos conscientes todo se desenvuelve de acuerdo a un Plan en el que no siempre pareciera que tenemos las riendas, aun cuando no se realiza sin nuestro consentimiento y anuencia. La frase tan conocida: no hay mal que por bien no venga, nos ayuda a ver –conforme a la experiencia popular- que muchas veces las cosas no salen como queríamos, tal vez porque Dios está ayudándonos a enmendar el camino. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encuentren, comuníquenmelo, para ir también yo a adorarle.»

(1) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Jn 1,19-28 – Yo soy voz del que clama en el desierto

19. Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?»
20. El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.»
21. Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.» – «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.»
22. Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
23. Dijo él: « Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectifiquen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»
24. Los enviados eran fariseos.
25. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?»
26. Juan les respondió: « Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes está uno a quien no conocen,
27. que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.»
28. Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Reflexión: Jn 1,19-28

La respuesta que da Juan es difícil de entender para un neófito que no conoce la Biblia. No debía ser tan difícil para nosotros, sin embargo debemos confesar que lamentablemente no estamos tan familiarizados con las Sagradas Escrituras como debíamos. Esta primera constatación debe hacernos reparar en la necesidad de abordar seriamente la lectura de la Biblia, siguiendo el mismo orden que propone la Iglesia en el Calendario Litúrgico o de cualquier otro modo que nos resulte más realizable. No se trata de leerla de corrido, como si fuera una novela, pero si poco a poco, porque su conocimiento nos ayudará a disipar muchas dudas que nacen de la simple ignorancia. ¿Es indispensable? Diríamos que muy deseable en un buen cristiano, pero no estrictamente indispensable. Si debemos conocer bastante bien los Evangelios, que son parte importante del Nuevo Testamento y que proporcionalmente no representan ni el 10% del contenido total de la Biblia, sin embargo contienen los datos más relevantes del nacimiento, vida, muerte y resurrección del Señor que sí es indispensable conocer a todo buen cristiano. Así que si no has leído ni una sola vez hasta ahora el Nuevo Testamento, ya tienes una tarea y un buen propósito para el año que estamos comenzando. Nuestro consejo sería que vayas leyendo cada día los versículos de los evangelios que vamos publicando, que son los que dispone para cada día la Iglesia en el Calendario Litúrgico. Al finalizar el año, habrás leído y meditado una buena porción de los Evangelios y te habrás familiarizado con los hechos más importantes y el mensaje de Salvación de Jesús. Del mismo modo, habrás hecho un hábito, con lo que te será más fácil continuar con la reflexión diaria de los evangelios por el resto de la vida, lo que desde luego te acercará a Dios y a tus hermanos, haciéndote crecer como persona, en el Camino que Dios quiere para nosotros. Dijo él: « Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectifiquen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»

(16) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Lc 2,16-21 – volvieron glorificando y alabando a Dios

16. Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
17. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño;
18. y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
19. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
20. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
21. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

Reflexión: Lc 2,16-21

Las manifestaciones de Dios en torno a este evento único en la historia de la humanidad constituyen el común denominador en todos los pasajes relacionados con el Nacimiento de Jesús, de modo tal que no quede dudas, a quienes los sigan, que estamos frente a un suceso realmente extraordinario. No podía ser de otro modo, tratándose de la encarnación del Hijo de Dios. Pero tal vez lo más importante, que debemos asimilar a partir de todas estas señales es que todo corresponde a un cuidadoso Plan trazado por Dios, seguramente antes que existiéramos, con el único propósito de salvarnos. Es decir que nosotros somos el centro y el motivo de este Plan tan perfectamente diseñado. ¿Por qué? Jesús nos revelará que es por amor, porque nuestro Creador, el que hizo todo lo existente, es nuestro Padre y nos hizo para que seamos felices, viviendo eternamente. Para ello, es preciso que creamos en esta Revelación, porque habiendo sido creados Libres por nuestro Padre, es necesario que nosotros optemos libremente por el Camino que nos propone, que obviamente es el mejor y el único que nos conviene, pero hemos de ser nosotros los que lo elijamos. Para eso también nos ha dotado de Inteligencia, de modo tal que podamos oír, abstraer, pensar, reflexionar y decidir. Solo nos conviene lo que Dios nos propone. Las demás opciones nos conducen por un camino equivocado que finalmente nos llevarán a la perdición, la destrucción, la oscuridad, la mentira y la muerte. Dios lo sabe, como no podía ser de otro modo. Por eso se empeña en mostrarnos el único Camino a tal extremo, que nos envía a Su propio Hijo a mostrárnoslo y Él lo hará, aun a costa de Su vida. Todo esto es lo que estamos celebrando estos días: el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

(56) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Jn 1,1-18 – los suyos no la recibieron

1. En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
2. Ella estaba en el principio con Dios.
3. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
4. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
5. y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
7. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
8. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
9. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
10. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
11. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
12. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre;
13. la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
14. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
15. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
16. Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
17. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
18. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

Reflexión: Jn 1,1-18

Estamos frente a uno de los más hermosos fragmentos del evangelio en que Juan, inspirado por el Espíritu Santo nos permite aproximarnos a lo más excelso, como es la Divinidad de Jesús. No hay forma de describirlo, si no es por aproximaciones y es que es imposible que nuestra mente, nuestro corazón, nuestro ser abarque a Dios; es una realidad que nos supera largamente, de la cual, sin embargo somos parte, porque somos sus creaturas. No siempre somos conscientes de esta realidad y mucho menos los detractores de Dios, que sea por incapacidad, soberbia o mezquindad son incapaces de aceptar que hay algo, que existe algo que va más allá de su comprensión y entendimiento, porque no somos, ni hemos sido jamás la norma de lo que es posible. Para describirlo en la matemática básica que conozco, somos un subconjunto; es más, agregaría que somos un pequeño subconjunto que se esfuerza por comprender el todo, pero no está a su alcance, porque siempre descubre que sus fronteras están más allá de sus posibilidades. Tal como lo explica el célebre científico Carl Sagan en el Cosmos, somos parte de un universo que por más vértigo que pudieran darnos sus cifras, por más desafíos que planteen a la razón, es tremendamente limitado en sus dimensiones, lo que nos permite imaginar y especular, que convivimos con otras dimensiones que posiblemente nos atraviesan, nos tocan o se superponen, sin que podamos percatarnos de ellas. Pero muy por encima y más allá de todas estas realidades verdaderas o imaginarias, está Dios, que todo lo abarca, a cuya luz no podríamos exponernos sin quedar ciegos y luego evaporados o “desmoleculizados”, si me permiten el término. Dios está más allá de cuanto podemos imaginar y sin embargo lo abarca todo. Dios es un Misterio incomprensible, que tratamos de explicar y conceptualizar con nuestros limitados recursos. Por eso no debemos confundir a Dios con el limitado concepto o explicación que podemos elucubrar. Aunque para algunos efectos nos sirva, Dios no es solamente eso; Dios es muchísimo más. Juan aquí traza unas pinceladas muy hermosas que nos permiten ubicarlo, por lo menos en abstracto y con algunas ideas asequibles a nuestra comprensión. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

(67) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Lc 2,36-40 – hablaba del niño a todos

36. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido,
37. y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
38. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
39. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

Reflexión: Lc 2,36-40

Comprender las cosas, nos parece que a todos da mucha satisfacción. Cuando hemos venido estudiando y aprendiendo sobre un tema y finalmente todas las piezas empiezan a encajar, nos viene una alegría muy profunda y comprensible. Es que hay pocas cosas que nos reconfortan más que llegar a entender algo. No en vano la inteligencia es uno de los tres principales atributos con los que Dios nos ha bendecido. Tal vez esta sea una pista de lo que debe ser alcanzar la Verdad plena, la Perfección, la Sabiduría. Cuando se disipan las dudas y desaparecen los nubarrones de nuestro cielo, nos invade una euforia que nos impulsa a compartir con alegría la certeza alcanzada. Comunicar las Buenas Noticias también es parte de esta reacción natural de los seres humanos. ¡Tantas cosas buenas que hemos recibido! Es precisamente fundado en esta inquietud que brota de lo más profundo de nuestro ser cuando somos sinceros y honestos, que el Señor nos pide salir a Evangelizar. Las Buenas Noticias no se pueden guardar, se dicen a voz en cuello, desde lo más alto para que todos las escuchen, para que todos se enteren y sepan a qué atenerse. Eso mismo pasa con Ana, que vivía muy cerca a Dios y recibió la Gracia de reconocer inmediatamente quién era aquel Niño, cuando lo tubo cerca. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

(6) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Lc 2,22-35 – puesto para caída y elevación de muchos

22. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor,
23. como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor
24. y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
25. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.
26. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.
27. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él,
28. le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29. «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;
30. porque han visto mis ojos tu salvación,
31. la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
32. luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»
33. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.
34. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción –
35. ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»

Reflexión: Lc 2,22-35

Los cristianos buscamos armonía y paz, pero no a cualquier precio, esto es lo que nos manda a reflexionar la lectura de hoy. Como Jesús, estamos puestos para ser señal de contradicción, por lo que nos atreveríamos a sugerir que si somos considerados los más simpáticos de nuestros círculos, de la familia, del vecindario o del trabajo, pues debemos detenernos a examinar lo que estamos haciendo, porque algo no debe andar muy bien. No es que seamos los aguafiestas, por ser agrios y amargados, sino que no nos apuntamos a todo, ni avalamos todo lo que hacen nuestros hermanos. Tampoco asumimos posiciones indiferentes, como si cada quien pudiera hacer con su vida lo que le viene en gana, mientras no se meta con nosotros. Eso no es posible, porque nosotros -tal como Cristo nos lo ha enseñado-, sabemos que es Voluntad de nuestro Padre que todos nos salvemos y todos somos corresponsables de que esto ocurra. Así, no podemos pasar por alto lo que hace nuestro prójimo, ya sea dañándose o dañando a los demás, porque basta que seamos testigos conscientes de los hechos para que intervengamos, pidiendo explicaciones o buscando que enmendar lo ocurrido. Del conocimiento de la Palabra del Señor, de la Verdad Revelada por Jesucristo nace nuestra obligación de involucraros en la marcha nuestra y de nuestro prójimo hacia la liberación y esta no cesará hasta que la hayamos alcanzado, mientras tengamos fuerzas y estemos en capacidad de hacer algo. «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción – ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»

(59) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...

Texto del evangelio Mt 2,13-18 – De Egipto llamé a mi hijo

13. Después que ellos se retiraron, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.»
14. El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
15. y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
16. Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.
17. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:
18. Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.

Reflexión: Mt 2,13-18

Seguimos reflexionando en torno a la serie de sucesos que rodean el nacimiento del Señor, pues se trata de un verdadero misterio que ha sido obra de Dios y tenemos que interiorizar, a fin de valorarlo en su real dimensión. Son hechos que ocurrieron hace tanto tiempo, que los leemos de corrido casi sin prestar atención y sin embargo son excepcionales. No perdamos esta idea de vista, para que no nos ocurra que pasamos por estos versículos como quien oyera llover. Fijémonos en lo que se le exige a José, ese hombre justo y leal. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a dejar todo lo que tenemos en nuestra ciudad o nuestro pueblo, para salir de un momento a otro obedeciendo órdenes enviadas por Dios a través de sus ángeles en sueños? ¡Guau! En esta sola pregunta hemos dicho una serie de cosas increíbles una tras otra, pero como dijimos antes, sino las sopesamos debidamente corremos el riesgo de no asombrarnos y repetirlas de paporreta, como si todo lo que hemos leído fuera lo más normal o peor aún, como si se tratara de pura fantasía a la que no hay por qué prestarle atención. ¡Ese es precisamente el problema! Tanto pasar por alto episodios como este, llega un momento en que pasamos por alto todo lo que nos apetece y nos parece fantasioso o irrelevante, y nos quedamos con un Jesús, con un Salvador hecho a nuestra medida, por lo tanto una fe y una vida cristiana totalmente adaptada a nuestros criterios modernos, mundanos y asépticos. Un cristianismo sin las “estrambóticas” manifestaciones de Dios, que preferimos omitir para que no nos tilden de ingenuos o tontos. Queremos un cristianismo que pueda ser exhibido en un auditorio de personas selectas, inteligentes y razonables del siglo XXI, donde se deje de lado todos estos episodios “mágicos” o “míticos”, más apropiados a una historia primitiva, que no se ajustaría a un escéptico, objetivo, razonable y culto hombre contemporáneo. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

(84) vistas

Sigue leyendo
Seguir leyendo...