Vivirá para siempre

Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.

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Juan 6,51-58 vivirá para siempre

Juan – Capítulo 06

Reflexión: Juan 6,51-58

El Señor ha hecho tanto por nosotros. Hemos dicho muchas veces que Él nos manda amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mimos, lo que Él mismo sintetiza en varias oportunidades como amarnos los unos a los otros.

Este es el Camino. Para decirlo en términos coloquiales, la vida es un reto. Todos queremos estar a la altura del reto. Es decir, responder adecuadamente. Pero no siempre es posible, por diversos motivos, entre ellos nuestra ignorancia o nuestra aparente incapacidad.

Ante la duda y porque el Señor nos ama, Él nos dice cómo debemos responder. De todas las variables que podríamos imaginar y ponernos a practicar, Él nos adelanta que solo hay una correcta: el amor. Ese es el Camino que el Señor nos enseña con Su ejemplo.

Nosotros podemos experimentar todo lo que queramos, pero es insulso, porque el Señor tiene la “Guía Completa”. Si no queremos perder el tiempo, corriendo el riesgo de dañarnos y dañar a los demás, debemos seguir las Instrucciones.

Pensemos que estamos en un avión que acaba de caer repleto de pasajeros al mar. Todavía no nos hemos hundido, pero en cualquier momento lo haremos. Tenemos unos segundos para leer la cartilla de salvataje y hacer lo que allí se dispone o hacemos lo que nos venga en gana y entonces quién sabe cuál será el resultado.

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Lo que pasa de aquí viene del Maligno

Sea su lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.

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Mateo 5,33-37 lo que pasa de aquí viene del Maligno

Mateo – Capítulo 05

Reflexión: Mateo 5,33-37

El Señor es muy preciso en Sus Palabras. Ya lo hemos dicho varias veces. En sus mensajes no hay desperdicio. No sobra ni falta nada. Él es nuestro ejemplo, incluso en eso. Ahora precisamente se refiere a ello, aunque en un sentido mucho más profundo.

Debemos acostumbrarnos a hablar lo necesario. No quiere decir que seamos parcos, pero hay gente que con tal de hablar, dice lo que sea. Hay que tener cuidado con las palabras que son como saetas y una vez que salen de nuestra boca, ya no vuelven.

Si hablamos sin ton ni son, por hablar, corremos el riesgo de decir disparates. Y, a algunos nos gusta chismosear. Esto es hablar por hablar y decir más de la cuenta. Si tenemos este hábito, muy pronto veremos cómo nos vemos envueltos en líos por nuestra lengua.

Podemos ser efusivos en nuestras expresiones de cariño. Todo lo que sea positivo, MIENTRAS SEA VERDAD, está bien. No andemos con zalamerías, pero peor aún, con MENTIRAS. No andemos inventando cosas para agradar. Pro curemos decir lo justo.

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Cometió adulterio

Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo les digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

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Mateo 5,27-32 cometió adulterio

Mateo – Capítulo 05

Reflexión: Mateo 5,27-32

A propósito del adulterio el Señor nos da a conocer la radicalidad de sus exigencias. El Señor no se queda en las formas superficiales, en las apariencias, sino que va al fondo. Son las actitudes, desde las intenciones las que debemos cuidar.

Y es que no podemos partir de lo que nos agrada, de lo que nos acomoda, de lo que nos da placer. No somos nosotros el centro de nuestro actuar. ¡No debemos serlo! ¡No vivimos para nosotros! Vivimos por Dios y para Dios, por lo tanto, para el prójimo.

Cierto, porque a Dios llegamos por el prójimo. Pero ¿Quién es el prójimo? Ya nos lo dice el Señor, en la Parábola del Buen Samaritano: cualquiera que necesite de nosotros, sin importar más. Reflexionábamos ayer en que todos somos Hijos de Dios y por lo tanto hermanos.

Antes que padre, madre, esposa, esposo o hijo, antes que cualquier otra relación, todos somos hermanos, porque pertenecemos a una misma familia, la familia de Dios, puesto que Él es nuestro Padre. Nuestros hermanos son nuestro prójimo. Debemos empezar por los que tenemos más cercanos, pero sin excluir a nadie.

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Reconciliarte con tu hermano

…deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.

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Mateo 5,20-26 reconciliarte con tu hermano

Mateo – Capítulo 05

Reflexión: Mateo 5,20-26

La gran novedad del Evangelio que Cristo nos trae es que Dios es nuestro Padre. Esta sola idea lo cambia todo. No es solo que tenemos un Dios que es amor y por lo tanto todo bondad, sino que además es nuestro Padre. ¡Qué distinto es saber y sentir que Dios es nuestro Padre!

Dios, la Sabiduría en su plenitud, ha querido comunicarnos esta novedad a través de Su Hijo Jesucristo. Esta perspectiva nos hace familia con Dios, nos hace parte de Él, como lo son nuestros hijos con nosotros. Pero al mismo tiempo, inmediatamente nos hace hermanos unos de otros.

Si todo tenemos un mismo Padre, quiere decir que somos hermanos y como tales, nos debemos amor. Fijémonos lo importante de esta afirmación. Somos hermanos con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestras esposas y esposos e incluso con nuestros enemigos. ¡Qué tal alcance!

Que Dios sea nuestro Padre definitivamente constituye una revolución, un cambio fundamental en nuestra perspectiva del mundo y de la vida. Si todos somos hijos de Dios y hermanos unos de los otros, todos nos debemos amor, pues somos parte de la misma familia, la familia de Dios.

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