Texto del evangelio Lc 13, 18-21 – hasta que fermentó todo

18. Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé?
19. Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.»
20. Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios?
21. Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»

Reflexión: Lc 13, 18-21

Un recurso prácticamente imprescindible en la panificación es la levadura. Sin ella es imposible hornear buenos pasteles, tortas o pan. Hay que saber usarla, para echarla en las dosis adecuadas según la cantidad de harina. Además, ha de estar fresca, ya que una levadura demasiado guardada pierde sus propiedades y entonces ya no se logra el efecto deseado, el cual consiste en lograr que la masa se esponje dando una textura agradable a los productos que se fabrican con ella. Una torta, un pastel o un pan sin levadura, permanecerán planos y difícilmente serán del agrado de nadie, además y dependiendo del clima, se conservarán mucho menos en el tiempo, asumiendo la contextura de una piedra intragable en unos pocos días. La levadura, el fermento, es un gran descubrimiento para todos los productos fabricados con harina, que en pequeñas dosis tienen la propiedad de hacer crecer toda la masa. Es precisamente a este efecto con el que compara Jesús al Reino. Por obra y gracia del Espíritu Santo, unos cuantos testigos, los discípulos de Jesús, han difundido la Palabra de Dios por todo el mundo siendo actualmente más de un mil doscientos millones los católicos bautizados, es decir, aproximadamente un sexto de la población mundial. «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»

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Texto del evangelio Lc 13,10-17 – a la que ató Satanás

10. Estaba un sábado enseñando en una sinagoga,
11. y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse.
12. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
13. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
14. Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; vengan, pues, esos días a curarse, y no en día de sábado.»
15. Replicóle el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatan del pesebre todos ustedes en sábado a su buey o su asno para llevarlos a abrevar?
16. Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?»
17. Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

Reflexión: Lc 13,10-17

Para hacer el Bien no hay mejor tiempo que Hoy, Ahora. Por ningún motivo, nunca jamás nos cohibamos de hacer el Bien. Nunca el Bien traerá el mal; como nunca el mal será camino para el bien. Dios está con el Bien; esa es la ruta que hemos de andar; ese el derrotero. Seguramente habrán veces que no lo veamos tan claro…son cosas del demonio, pero el Bien es el Camino de Dios. Alejémonos de todo aquello que haga daño a los demás, que de algún modo intuyamos que podría conducirnos al mal, a la violencia, al odio y la destrucción y tomemos el camino del amor, de la concordia, de la paz y el amor, que allá encontraremos al Señor, coincidiendo con la Voluntad de Dios. Y, mientras hagamos Su Voluntad, nada podrá detenernos. Será como hacernos a la mar en un velero, con viento a favor. No hay mejor hora, ni mejor tiempo para lanzarnos en pos del Bien. Si este es el caso, no nos detengamos a hacer cálculos, a medir o a meditar, porque estas son tretas del demonio que busca evitar que procedas correctamente. Sigue los impulsos del Espíritu Santo, que es quien nos inspira y mueve a actuar rectamente. Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?

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Texto del evangelio Mc 10,46-52 – tu fe te ha salvado

46. Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.
47. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»
48. Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
49. Jesús se detuvo y dijo: «Llámenle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama.»
50. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
51. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!»
52. Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

Reflexión: Mc 10,46-52

Una historia muy conmovedora la de este ciego que sin dudarlo, enterado que Jesús estaba pasando, empezó a llamarlo a gritos para que lo curara. En primer lugar llama la atención su fe, que no podía ocultarla y que estaba dispuesto a confrontarla a quien saliera a su encuentro. No le importó nada más que alcanzar su cometido, sabiendo que podía lograrlo si Jesús así lo disponía. Si reflexionamos pausadamente en el testimonio que nos da este ciego, llegaremos a la conclusión que su proceder es modélico. Es así como debe obrar quien tiene fe. Es así que debemos proceder nosotros cada día. La fe no se discute, ni se amilana. La fe clama y confía alcanzar lo que pide, segura que habrá de alcanzarlo. No se da por vencida y no considera un no por respuesta, convencida que el Señor le dará lo que pide y si no lo hace, será porque no ha sido oído, por lo que debe levantar aún más la voz. Es decir que inmediatamente cambia de estrategia, subiendo el tono o buscado cualquier otra forma de llegar al Señor, porque sabe que se trata de un problema de comunicación, de un error en su forma de pedir, convencida que una vez corregido, una vez que el Señor la oiga, procederá a concederle lo que ha pedido. ¡Eso es fe! Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

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Texto del evangelio Lc 13,1-9 – todos perecerán del mismo modo

1. En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
2. Les respondió Jesús: «¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?
3. No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.
4. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿piensan que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?
5. No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.»
6. Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
7. Dijo entonces al viñador: “Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?”
8. Pero él le respondió: “Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,
9. por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.”»

Reflexión: Lc 13,1-9

Con más frecuencia de la que somos capaces de reconocer y confesar tenemos la tentación de juzgar a los demás, encontrándolos culpables y merecedores de cuanta desgracia les ocurre. Encontramos explicaciones y justificaciones para sus desdichas en su comportamiento. Bien merecido lo tienen, nos decimos, encontrando que desafiaron a Dios y este les envió el castigo merecido. ¿Pero es este nuestro Dios? Guardamos en nuestras mentes y corazones la imagen de un Dios castigador. ¿Corresponde esta imagen con Dios o se trata más bien de un invento nuestro, que tiene su origen en alguna historia o leyenda que llegó a nuestros oídos, propiciada por la ignorancia? Nos inclinamos por esto último, pues no podemos imaginarnos a Dios llevando cuentas de nuestros errores y poniéndonos de vez en cuando la zancadilla para que caigamos por “tontos” y desobedientes. Sin embargo, no se trata de los que nos parece o de lo que nos gusta o no. Por lo tanto reflexionemos esta lectura para ver si nos da alguna pista que nos permita discernir cuál es la Verdad y por lo tanto el pensamiento de Jesús. No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.

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Texto del evangelio Lc 12, 54-59 – procura en el camino arreglarte

54. Decía también a la gente: «Cuando ven una nube que se levanta en el occidente, al momento dicen: “Va a llover”, y así sucede.
55. Y cuando sopla el sur, dicen: “Viene bochorno”, y así sucede.
56. ¡Hipócritas! Saben explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploran, pues, este tiempo?
57. «¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?
58. Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.
59. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

Reflexión: Lc 12, 54-59

Jesús nos insta a ponernos de acuerdo entre nosotros. No dejar que las cosas se desenvuelvan a su libre albedrío, sino esforzarnos por ponerlas en orden, poniéndonos de acuerdo. Es una lección importante, porque tendemos a enemistarnos y romper palitos, es decir, alejarnos tachando a nuestro rival o enemigo, condenándolo a la muerte espiritual en nuestra relación. No volvemos a acercarnos y hacemos lo imposible por ignorarlo, como si no existiera. Este en realidad no es un arreglo; no para el Señor. Por lo tanto hemos de meditar en estas situaciones que acarreamos en nuestras vidas, para resolverlas adecuadamente, esforzándonos por no dejar cabos sueltos; que no quede nada pendiente. No vaya a ser que creemos tener razón y resulte que no es así, que hicimos mucho daño y que con nuestra actitud no estemos nada más que profundizado el dolor y malestar. No esperemos a darnos cuenta cuando ya sea demasiado tarde para repararlo. Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.

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Texto del evangelio Lc 12, 49-53 – fuego sobre la tierra

49. «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!
50. Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!
51. «¿Creen que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, se los aseguro, sino división.
52. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres;
53. estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Reflexión: Lc 12, 49-53

Este es posiblemente el discurso más dramático que conocemos de Jesús. Si siempre habla sin tapujos y dice la verdad, pocas veces le oiremos hablar con tal energía y firmeza, a tal punto que infunde pánico en quienes realmente no lo conocen. Y es que el Señor está decidido a persuadirnos de la importancia de tomar una decisión y a veces parece difícil conseguirlo si no levanta un poco la voz y nos habla con energía. ¡Hay que tomar posición! Pero, no solo intelectualmente, sino con hechos. El seguimiento de Cristo no es un ejercicio teórico e intelectual, sino un asunto de acción. Acción que hay que tomar ya y que traerá consecuencias, porque habrá reacciones negativas, y no entre extraños, precisamente, sino en nuestras propias familias. Es tan duro de aceptar, que preferimos desoírlo, pasarlo por alto, como si no fuera eso lo que nos dice y sin embargo así es. Y algunos dirán: ¿no se supone que este es el Dios del amor? ¿De dónde sale este exabrupto? Y lo cierto es que no ha abandonado su posición, sino que está poniendo el nivel de exigencia con el que debemos tomar Su Palabra, con la que no nos comunica otra cosa que la Voluntad del Padre. He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!

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Texto del evangelio Lc 12,39-48 – administrador fiel y prudente

39. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa.
40. También ustedes estén preparados, porque en el momento que no piensen, vendrá el Hijo del hombre.»
41. Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?»
42. Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?
43. Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
44. De verdad les digo que le pondrá al frente de toda su hacienda.
45. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse,
46. vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.
47. «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;
48. el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.

Reflexión: Lc 12,39-48

¿Cuál debe ser nuestra actitud en la vida? ¿Cómo debemos abordarla? Exactamente como el administrador fiel y prudente. La vorágine en la que vivimos nos hace olvidar con mucha frecuencia que nada de lo que tenemos en realidad es nuestro, que somos meros administradores de algo que hemos recibido por Gracia de Dios. Detengámonos a reflexionar un momento en esta idea. En la privacidad del lugar en el que te encuentras, pasa revista lentamente a todo lo que te rodea. La silla, la mesa, la computadora que estás usando; más allá posiblemente una cama, un televisor, algunos muebles, cierta comodidad, un techo y lo más importante: tal vez una esposa o esposo y unos hijos. En mi caso, solo mi esposa, ya durmiendo. Nada, -entendámoslo bien-, absolutamente nada de lo que puedes ver es tuyo. ¿Me dirás que lo merecías? ¿Qué hiciste para merecerlo? Vamos a abordar el tema desde otro punto de vista, para ser más claros y tener una visión más justa y acorde a la realidad. Mientras estoy escribiendo, tengo una sobrina hospitalizada a la que ayer operaron de la cadera. Entre los muchos males que aquejan a la pobre está la ceguera casi total desde los diez años. ¿Qué hizo para merecerla? Cuando era niña le descubrieron un tumor en el cerebro y una mala operación terminó por comprometerle el nervio óptico y la hipófisis, afectando así mismo su desarrollo. ¿Qué hizo para merecerlo? ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?

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Texto del evangelio Lc 12,35-38 – yendo de uno a otro, les servirá

35. «Estén ceñidos sus lomos y las lámparas encendidas,
36. y sean como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.
37. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.
38. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!

Reflexión: Lc 12,35-38

¡Qué grande es el Señor! ¡Qué Maestro! Basta un versículo para darnos una lección de vida. Solo hace falta un ingrediente para entenderlo todo: fe. Sin este, efectivamente nada tiene sentido. Ponemos la fe y todo se acomoda. Es que el servicio es la forma práctica en la que se manifiesta la fe, por lo tanto el que sirve con humildad, es seguro que tiene fe y el que tiene fe, no tendrá ningún reparo en servir dócilmente y sin condiciones. Es que sin fe no podemos ni si quiera empezar a hablar. Es la fe la que da sentido a nuestro discernimiento, a nuestras reflexiones y pensamientos. Pasa con frecuencia que nos encontramos con amigos que quieren explicar racionalmente su fe, pero luego, a la hora de actuar presentan una fractura, una incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Es que lo más probable es que hayan aprendido de memoria ciertos razonamientos cristianos y los repiten como loros, sin realmente comprenderlos, ni hacerlos suyos. Hoy encontraba en Facebook una prueba palpable de esta fractura y nada menos que en el comportamiento de la “primera dama” de la nación, como se le conoce en el Perú al cónyuge del Presidente, de quien se dice que en realidad es la que gobierna. Asistía en primera fila al homenaje a la imagen del Señor de los Milagros con sus menores hijos, a quienes no tuvo ningún reparo en hacerlos retratar días atrás en una campaña en favor del aborto. Es decir, una incongruencia total, de la que además seguro que ni se percata. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.

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