¿No existe la muerte?

Agosto 21, 2016

¿Podemos negar la existencia de la muerte?

derek-barton

No hay incompatibilidad alguna entre la Ciencia y la Religión…

Asistimos hace unos pocos días a una conferencia dictada por el Dr. Medina, Doctor en Medicina y Filosofía que se titulaba: “La muerte no existe”, exactamente como el libro del conferenciante que ha sido publicado por él. Es un título sin duda sugerente e intrigante y por lo mismo, tentador.

Fui invitado, así que no podía dejar de asistir, pero por otro lado debo confesar que despertó en mi cierto interés, más aún cuando se dictaba en el auditorio del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y me habían dicho que se trataba de una persona creyente, pariente de una pareja de Cursillistas.

Oí la charla y me he prometido comprar el libro, porque el tema resulta interesante y la historia que cuenta de su vida el autor, la encontré bastante similar a la mía. Ambos habíamos pasado por un período de ateísmo, pero la búsqueda sincera de explicaciones razonables, nos llevaron finalmente a creer en Dios, como el único que puede explicar los misterios que existen tras nuestra existencia.

Jesucristo ha resucitado

Los parecidos con la historia de nuestro expositor radican en la búsqueda de la verdad, sin embargo tenemos una gran divergencia en los resultados, por el momento. Él cree haber encontrado alguna huella de Dios porque sus investigaciones científicas le han llevado a concluir que muchas cosas y especialmente la vida, obedecen a un Plan, a una Inteligencia Superior. Esta es una gran conclusión en la que coincidimos.

Pero al mismo tiempo ha concluido en que la muerte no existe, lo que constituye una aberración desde el punto de vista cristiano, puesto que el más importante dogma de fe del cristianismo es que Cristo ha resucitado, lo que significa que ha vencido a la muerte. Por lo tanto, si como dice, la muerte no existe, tendríamos que enmendar el Credo, enmendar los evangelios y enmendar a Jesucristo, lo que constituye todo un despropósito.

Por lo tanto, con todo lo atractiva que podía ser la teoría del Doctor Medina, tenemos que descartarla como tantas otras por constituir una apostasía. En ninguna manera puede interpretarse esto como una condena a su investigación. Es solo que por el momento no ha llegado a conclusiones correctas.

Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Otra cercana coincidencia que tenemos con el Dr. Medina está en considerar a Dios como un Misterio. Pero, mientras para él es una fuerza, una energía, una inteligencia misteriosa que se encuentra más allá de lo que podemos comprender, gobernando el universo. Para nosotros los cristianos, es nuestro Padre y Creador, porque así nos lo ha revelado Jesucristo.

El Dr. Medina está buscando el encuentro con Dios que todo hombre anhela a través de la ciencia, la que le ha permitido imaginar o intuir algunos misterios subyugantes. Nosotros hemos tenido la Gracia de encontrarnos con Jesús en nuestras vidas en un Cursillo de Cristiandad o en otra experiencia espiritual profunda y ha sido a partir de este encuentro que hemos empezado a amar a Dios, a tratar de comprender el Misterio de Dios, que nunca podremos abarcarlo, pero que nos mueve a seguirlo con la promesa de alcanzarlo un día, cuando como Jesucristo resucitemos a la Vida Eterna.

El Camino que el Dr. Medina está buscando, nosotros lo hemos encontrado: es Jesucristo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él saldrá a su encuentro, como salió al nuestro si lo busca sinceramente. Sin embargo, un mal paso es empezar negando lo que Él nos ha revelado. No debemos dejarnos arrastrar por la soberbia de considerar que Él se ha equivocado. Debemos admitir más bien que es seguro que hay algo que no hemos comprendido bien, tomando por cierto e incuestionable que la Verdad radica en Él, que la Verdad es Él.

Jesucristo ha venido a traernos vida en abundancia.

Jesucristo es Vida y ha venido a dárnosla en abundancia. ¿Qué debemos hacer para obtenerla? Creer en Él y hacer lo que nos manda. ¿Qué nos manda? Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. ¿En qué forma la respuesta adecuada a este reto, es decir el cumplimiento de los mandatos de Dios se convierte en Vida Eterna, tendría que ser materia de investigación del Dr. Medina?

Sin el ánimo de desalentarlo le anticipamos que nunca, mientras estemos aquí, encontrará respuesta plena a esta interrogante y a muchas otras similares, por eso siempre será necesaria la fe. En ese sentido, aun cuando podamos exhibir menos conocimientos, los más humildes y modestos lo aventajamos si hemos comprendido que solo el que cree alcanzará la Vida Eterna.
Por lo tanto, no es que la muerte no exista, sino que la fe pone fin a la muerte. La fe vence a la muerte.

Así se cumple nuevamente la sentencia que dice: “tras cada puerta que abre la ciencia se encuentra Dios”. O como se lamentaba cierto científico, que había escalado las más altas montañas del saber tan solo para constatar que mucho antes que él ya habían estado allí los teólogos.

No importa cuántos años pasen, ni cuantos descubrimientos científicos logremos alcanzar, Dios siempre estará más allá.

Para Dios no hay imposibles

Finalmente, ningún buen cristiano puede sostener que la virginidad de María o la Inmaculada Concepción son mitos, porque también se trata de dogmas de fe y porque, razonablemente, si creemos en Dios, en el único Dios verdadero que nos da a conocer Jesucristo, habremos entendido que para Dios no hay imposibles, por lo tanto, si Él, en su Infinita Sabiduría quiso hacerse hombre y nacer de la Virgen Inmaculada, nada podría impedir que así fuera, como de hecho fue.

La Virgen María ha merecido la más alta distinción deparada a ser humano alguno, es por eso que los cristianos la veneramos. ¿Por qué fue así? Porque Dios así lo quiso, porque esa fue su Voluntad. ¿Vamos a cuestionar también sus motivos?

Al cumplirse el tiempo, Dios envió a Su Hijo a Salvarnos de la oscuridad y la muerte. Y Cristo, dando perfecto cumplimiento al Plan de Dios nació de la Virgen María, vivió entre nosotros, y, como dice el Credo, fue crucificado, muerto y sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos y subió a los cielos. Él ha hecho posible nuestra salvación. Solo tenemos que oírle y hacer lo que nos manda.

Así, ciencia y religión no están divorciadas, a no ser que queramos hacerle decir a la ciencia lo que queremos oír, lo que a nosotros nos gusta, lo que podemos entender. Dios está más allá. Él ha creado el Universo, todo lo que existe, incluyendo a la ciencia, que trata de explicar el Universo, que ha de reconocer que necesita intuir ciertas realidades que nunca llegará a ver, ni comprender del todo.

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