Mateo – Capítulo 09

diciembre 9, 2016

Mateo – Capítulo 09

1.Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad.
2.En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»
3.Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»
4.Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir:
5.”Levántate y anda”?
6.Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.»
7.El se levantó y se fue a su casa.
8.Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
9.Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.
10.Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11.Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?»
12.Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal.
13.Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
14.Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»
15.Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.
16.Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor.
17.Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»
18.Así les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá.»
19.Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos.
20.En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto.
21.Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.»
22.Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento.
23.Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando,
24.decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él.
25.Mas, echada fuera la gente, entró él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.
26.Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.
27.Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
28.Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29.Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.»
30.Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!»
31.Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.
32.Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado.
33.Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.»
34.Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»
35.Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.
36.Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.
37.Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.
38.Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»

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