Mateo 9,9-13 – no he venido a llamar a los justos

septiembre 21, 2016

Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Texto del evangelio Mt 9,9-13 – no he venido a llamar a los justos

09. Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Mateo se levantó y lo siguió.
10. Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11. Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?»
12. Jesús los oyó y dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos.
13. Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Reflexión: Mt 9,9-13

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Mateo 9,9-13 no he venido a llamar a los justos

Diríamos que este evangelio está dirigido a todos los políticamente correctos, que somos muchos. Los que creemos que basta con ser “buenitos” para ser contados en el Reino de los Cielos. Con no robar ni matar, ya estamos al otro lado. Así lo creemos y decimos.

Es increíble que a pesar de haber participado en retiros y jornadas espirituales, después de muchos años, sigamos pensando así. Sin embargo debemos reconocer que esto es muy frecuente. Cuantos de nosotros nos sentimos cristianos porque dedicamos una hora o tal vez dos a la semana a alguna obra de la Iglesia.

No, no es que esté mal; peor es nada, desde luego. Pero ¿es eso lo que nos pide el Señor? ¿Es eso ser cristianos? Aunque digamos que no, muchos de nosotros, en la práctica así procedemos. No estamos dispuestos a asumir ni un compromiso más y nos parece que con lo que hacemos ya estamos cumpliendo con nuestra cuota.

Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Nos parece que esta percepción o concepción, de dosificar nuestra entrega a la Misión, se va transmitiendo de fiel a fiel, sin que nadie la cuestione, porque, después de todo, resulta cómodo tranquilizar la conciencia con un par de actividades semanales por ahí, independientemente de la calidad de las mismas.

Actuar por actuar, para cumplir con la cuota, sin más, sin comprometernos lo suficiente y sin modificar para nada nuestra rutina. Una vez incorporado este tiempo a nuestra agenda, una vez que tiene su lugar, ya no hay por qué moverla, porque con eso “cumplimos”.

Luego nos comparamos con otros que “ni si quiera de eso son capaces” y nos sentimos completamente justificados. Somos “harina de otro costal”. Así son los fariseos en toda época. Por eso los de este evangelio reprochan a Jesús que prefiere juntarse con aquellos pecadores, que ni si quiera hacen lo que ellos.

Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Los fariseos, estos cristianos, que según ellos mismos cumplen con la Misión encomendada, dándole a cuentagotas su tiempo al Señor, creen estar muy por encima de los demás, a quienes ven por encima del hombro y con desprecio, porque, con lo que hacen, tienen suficiente para ser elegidos para los cargos públicos dentro de la Iglesia, recibiendo reconocimiento de todos.

¡Cuidado con estar vanagloriándonos de lo que hacemos! ¡Cuidado con estar haciendo lo poco que hacemos para recibir reconocimiento! Por más que estés dando la Comunión, ese servicio significará muy poco a los ojos de Cristo si lo asumes como quien lo merece, por la familia a la que perteneces, por alguna de tus capacidades, por tu preparación académica o por tu bondad.

Todo lo que hacemos, toda responsabilidad dentro de la Iglesia debemos recibirla con modestia y con el afán de servir al Señor, sabiendo que es una INMERECIDA Gracia que Dios nos concede. No por mérito alguno nuestro, sino por su infinita misericordia.

Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Luchemos contra la soberbia que nos hace comparar y sentir mejores que otros. No hemos sido escogidos por eso ni para eso por el Señor, sino para servirlo, sin condiciones. Por lo tanto, nuestra disponibilidad debe ser creciente, hasta abarcar toda nuestra vida, sin sentirnos por ello que merecemos nada.

Nada de lo que hagamos será suficiente para ganar el Cielo. El Señor ha puesto esta posibilidad en nuestras manos, por su infinito amor. No por nada que hayamos hecho o nada que estemos haciendo. Amemos al Jesucristo y a Su Iglesia, sin condiciones. Entreguémonos completamente, sabiendo que no habrá nada más acertado en qué emplear nuestras vidas que en hacer Su Voluntad.

Como a Mateo, el Señor ha pasado por nuestras vidas y nos ha llamado, no para entregársela en cómodas cuotas mensuales, semanales o diarias, sino para que se la demos inmediatamente e íntegramente. Esto no quiere decir que seamos religiosos y nos internemos en un convento, pues los hay que ni si quiera estando en tal situación se entregan del todo.

Se trata de hacer el Centro de nuestras vidas el cumplimiento de la Voluntad de Dios. De no escatimar tiempo, ni tarea, ni actividad. De pensar en la Misión, en Jesucristo, desde que amanece hasta que dormimos. De vivir y hacer todo por Él. De asumir que todo puede cambiarse y postergarse con tal de complacerle a Él. No se trata de darle lo que nos sobra, sino de darle nuestra vida.

Pero, dar nuestra vida ha de tener un efecto, una evidencia tangible en nuestro quehacer cotidiano, no para arrostrarlo a nadie, sino para ofrecerlo cada día al Señor, sabiendo que lo poco que le entregamos es cuanto hemos podido alcanzar dedicándole todo nuestro día.

Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Oremos:

Padre Santo, aparta de nosotros la soberbia de sentirnos por encima de los demás y de ejercer nuestros cargos como una merecida distinción. Danos humildad para servirte cada día a Ti en nuestros hermanos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 9,9-13 no he venido a llamar a los justos

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