Mateo 9,32-38 – los trabajadores son pocos

julio 5, 2016

Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha. »

Texto del evangelio Mt 9,32-38 – los trabajadores son pocos

32. Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar.
33. Jesús echó al demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel.»
34. En cambio, los fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios.»
35. Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades.
36. Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor.
37. Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
38. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha.».

Reflexión: Mt 9,32-38

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Mateo 9,32-38 los trabajadores son pocos

Hemos de confesar que las palabras del Señor nos transmiten optimismo. A pesar de los atentados terroristas que a diario se producen en el mundo, especialmente en Oriente. A pesar de la ola de delincuencia que sacude nuestros países y la tremenda corrupción en la que nos encontramos sumidos, todavía hay lugar para el optimismo.

Al menos esto es lo que creemos percibir en las palabras el Señor. Él nos dice que la cosecha es abundante, pero se pierde por falta de brazos. Qué otra cosa puede querer decirnos el Señor, sino que hay abundancia de bondad, de buenos deseos. Esta es numerosa, pero se pierde por falta de operarios.

¿No es esta una visión sumamente optimista y esperanzadora de la humanidad? No es que no haya bondad y buena voluntad; no es que no haya amor, es que no hay quien lo coseche. Esta es una forma de ver las cosas que, confesamos, nos cuesta entender.

Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha. »

Pero si estamos en lo correcto, tendríamos que esforzarnos por entender de este mismo modo lo que nos dice Jesús y cambiar nuestra estrategia de trabajo. El énfasis no está en la siembra, sino en la cosecha.

Esto quiere decir que el hombre tiene mucho de bondad, de generosidad que dar y que compartir, pero hay que enseñarle a dejarlo brotar, sin esperar nada a cambio.

Para esto se necesitan operarios. Son muy pocos los que acuden a este llamado y muchos menos los que entienden en qué consiste. No se trata tanto de enseñar cosas buenas y útiles, como de ayudar a que se manifieste lo mejor de cada uno para beneficio de nuestros hermanos y a mayor Gloria de Dios.

Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha. »

Este modo de ver las cosas de Jesús, trae un cambio radical en la forma en que nosotros usualmente estamos enfocando nuestro quehacer cristiano.

No se trata tanto de enseñar, como de propiciar las ocasiones para que cada quién entregue lo mejor de sí a lo largo de su vida. Se entiende, entonces, que todos estamos ávidos de dar frutos, pero requerimos de alguien que nos estimule para hacerlo.

¿Qué distinto resulta aproximarnos a nuestros hermanos tratando de descubrir y sacar lo mejor que tienen, su mejor tú, en vez de empeñarnos en prepararnos para enseñarles. No tenemos nada que enseñar. Es el Espíritu Santo el que les enseña, explica y guía.

Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha. »

¡Qué precioso modo de ver y entender la Palabra del Señor! Esta es la Visión que tenemos que adquirir. Debemos rogar al Espíritu Santo que nos la conceda.

Esta visión exige apreciar a cada persona como la maravilla que es. Ver a cada uno de nuestros hermanos como una promesa, en la que vive el Espíritu de Dios, esperando que lo hagamos brotar. Si sabemos tocar la fibra precisa en el momento oportuno, quedaremos maravillados por esta bendita obra del Señor.

Pero todos, como las cuerdas de una guitarra o las teclas de un piano, todos deben ser tocados. Todos deben tener la oportunidad de brindar su mejor nota en la sinfonía de la vida y ello solo será posible si alguien es capaz de extraer, motivar o promover esta nota. ¡Esa es nuestra tarea! ¡Esta es la Gracia que debemos pedir! ¡Es para esto que se necesitan más operarios!

Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha. »

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a entender lo que nos mandas, que no se trata tanto de enseñar a vivir cristianamente, cuanto valorar y saber extraer de cada quién lo mejor que ha puesto Dios en él o ella, dando motivos de esperanza y optimismo, fundados en el amor infinito de Dios, que nos ha creado a Su imagen y semejanza…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 9,32-38 los trabajadores son pocos

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