Mateo 9,27-31 – Hágase en ustedes según su fe

diciembre 4, 2015

Texto del evangelio Mt 9,27-31 – Hágase en ustedes según su fe

27. Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
28. Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29. Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»
30. Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Miren que nadie lo sepa!»
31. Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Reflexión: Mt 9,27-31

Jesús nos da una prueba poderosísima e irrefutable de lo que podemos lograr con la fe en Él. Esta es la garantía de la victoria sobre la muerte, es la garantía de nuestra salvación, la garantía que las promesas de cristo habrán de cumplirse, la garantía de la Vida Eterna. No somos solo nosotros. No es tan solo nuestra fe. Es nuestra fe en Él y con su intervención. ¡Esa es la Gracia que debemos pedir! No siempre será necesario que nos toque, tal como hizo con estos ciegos, porque el Señor puede lo imposible, pero sí será necesario que le pidamos con fe y que de algún modo Él intervenga. Él atenderá nuestras súplicas, pero antes tiene que haberlas, porque es de esta forma que se manifiesta nuestro pedido y nuestra fe. Tenemos que hacer nuestra parte y esta consiste en movilizarnos de algún modo hacia Él y ponernos a su disposición con fe, es decir, creyendo firmemente que habremos de obtener la Gracia que pedimos, porque es buena, porque es justa y corresponde a la Voluntad de Dios. «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»

Fijémonos que la respuesta de Jesús llega por la insistencia de estos ciegos. Tenemos que creer que Él tiene el poder para hacer lo que le pedimos y aun mucho más, pero nosotros tenemos que tomar la iniciativa, buscándolo con la convicción de alcanzar lo que pedimos, si tan solo logramos que nos escuche y conceda la Gracia que pedimos. Este es el reto. No hay otro más importante, por lo tanto debemos priorizarlo. Quiere decir que debe ocupar el primer lugar al momento de formular nuestras peticiones. Es obvio en este pasaje que los ciegos lo que más desean es ver, tanto como los cojos o los lisiados, caminar. Del mismo modo cada quien se centrará en sus padecimientos y dolencias y eso será lo que pediremos. Esto es lo más humano y por eso Jesús lo comprende, accediendo a estos pedidos, pero Jesús no ha venido para eso, sino que es algo que hace por compasión, por misericordia, porque no puede tolerar nuestro sufrimiento y no se puede negar a quien le pide la curación o la solución de un problema con fe. Así que ya estamos avisados: si no conseguimos lo que tanto estamos pidiendo ha de ser porque no tenemos fe. «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»

Sin embargo hay un detalle que siempre nos ha llamado la atención, en el cual conviene reflexionar y es: ¿por qué el Señor le pide a los ciegos que no se lo digan a nadie? ¿Por qué? Pues meditando llegamos a una conclusión que parece bastante lógica y la compartimos. El Señor tiene el poder para salvarnos. Para eso ha venido y eso es lo que hará finalmente, pasando por el calvario, la muerte en la cruz y la resurrección. Salvarnos, es decir darnos la Vida Eterna, hacer posible que la alcancemos es la Gracia sobre todas las Gracias, es el premio mayor, es el gordo de la lotería. ¿No sería lo más lógico que fuera esto lo que pedimos? ¿Por qué pedir que no suba el costo de vida, que encontremos trabajo, que nos suban el sueldo, que no haya terremotos ni guerras, cuando todo, todo es secundario comparado con la Vida Eterna? Puesto a elegir, ¿qué es lo que debíamos pedir si solo nos concedieran un deseo? ¿No es verdad que la Vida Eterna ocuparía el primer lugar? Sin embargo los ciegos piden ver, como los cojos caminar y los mudos hablar. ¿Nosotros que estaremos pidiendo? Que alguien se sane, que pueda pagar tal deuda, que tengamos qué comer, que no nos disparen hoy…? En fin, muchos de estos pedidos son humanamente muy comprensibles, pero el Señor no ha venido a resolver cada uno de estos pedidos, sino a salvarnos. Pensemos un momento, si hubiera venido a curar, sanar y resolver todos los problemas de todo el mundo, pues una de dos, o lo hace de una vez con todos con un solo chasquido de los dedos o nos regala alguna fórmula que haga que todos podamos resolver nuestras necesidades sin que Él tenga que intervenir necesariamente. Pero no. Él ha venido a Salvarnos, que es lo más, más importante. Para eso es precisa nuestra decisión. No se puede servir a dos señores. Estamos con Él o con el Dinero. Es nuestra decisión. Dicho de otro modo, sin nuestra propia decisión no nos salvaremos. «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»

¿Entonces, por qué les manda callar? Porque estas curaciones milagrosas las hace por compasión, por misericordia; porque no puede vernos sufrir y se deja conmover por quien se lo pide con fe. Pero Él ha venido a Salvarnos; no a juzgarnos ni a condenarnos, sino a salvarnos. Tampoco ha venido a curarnos, aunque obviamente, el que alcance la vida eterna, quedara curado de todo y para siempre. Es por eso que ordena que no se lo digan a nadie. Porque el Señor sabe perfectamente cuál es su misión y esta no es curar sordos, ciegos, paralíticos, etc, lo que no quiere decir que no lo haga, por compasión, pero no es Su Misión. ¿Y qué hay que estos ciegos vayan regando por todo lado esta noticia? Primero que eso traerá una avalancha de gente buscándolo para curarse, perdiendo la perspectiva de aquello que es lo más importante: su salvación. En segundo lugar Él mismo se verá ocupado por algo que no puede negarse a hacer por compasión, pero que no es Su Misión, la cual es Salvarnos, enseñándonos. Solo nos salvaremos si creyéndole, hacemos lo que nos manda: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Ser capaces de esto es lo que debemos pedir, antes que cualquier otra cosa. Claro, Jesús sabe que somos seres contingentes y por eso pensaremos en conseguir una serie de ventajas y comodidades que no son necesarias para cumplir con estos mandamientos. Simplifiquemos las cosas y centrémonos en lo que es realmente importante. «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: « Hágase en ustedes según su fe.»

Oremos:

Padre Santo, que no nos cansemos de pedir tu ayuda para alcanzar la Vida Eterna, la Gracia sobre todas las Gracias…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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