Mateo 9,27-31 – Hágase en ustedes según su fe

diciembre 2, 2016

Hágase en ustedes según su fe

«¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en ustedes según su fe.

Texto del evangelio Mt 9,27-31

27. Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»
28. Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»
29. Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en ustedes según su fe.
30. Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Miren que nadie lo sepa!»
31. Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Reflexión: Mt 9,27-31

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Mateo 9,27-31 Hágase en ustedes según su fe.

Un nuevo ejemplo de fe. Surge una pregunta curiosa: ¿Quién está más propenso a inclinarse a la fe? ¿Hay alguien en especial? Creemos que al que no le quedan más opciones. ¿Quién podía curar a estos ciegos? ¿Dónde lo encontrarían?

Hay situaciones en la vida en las que estamos convencidos que nadie, absolutamente nadie puede ayudarnos. Si no es Dios, no hay remedio. Todos pasamos alguna vez por estas circunstancias. Pero no todos acudimos a Dios, aunque varios solo lo hacemos en esas ocasiones.

Es un hecho que podemos constatar que cuando no hay más opciones, ¿a quién recurrimos? A Dios. ¿Quién enfrentará más ocasiones de este tipo? Obviamente, el que menos tiene. Una razón más por la que los pobres están más cerca a Dios.

«¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en ustedes según su fe.

El que todo lo tiene, al que nada le hace falta, difícilmente levanta los ojos al cielo a pedir nada, porque cree, precisamente, que todo lo tiene y todo lo puede resolver con su billetera. Así, acomodado, relajado, sin ningún apremio, ¿qué más le da que haya o no Dios? Él o ella, se sienten felices y aliviados.

Es verdad que tarde o temprano todos, absolutamente todos, tenemos que enfrentar una situación de apremio. Esta se va volviendo irreversible cuanto más nos acercamos al fin, contra el que nadie puede hacer nada. Cuando no es de un momento a otro, poco a poco se va desmontando todo hasta quedar sin nada, que es como nos vamos de este mundo.

Por más larga o efímera que parezcan nuestras vidas, llega el momento de cruzar el umbral. Si usamos la vida para alcanzar el propósito para el que fuimos creados, entonces seguro que lo alcanzaremos. De otro modo, ¿qué nos espera?

«¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en ustedes según su fe.

Si no tuvimos en cuenta el destino superior al que hemos sido llamados y nuestra vida, por el contrario, solo sirvió para alejarnos, no importa cuanta riqueza y poder hayamos acumulado en el mundo, tendremos un destino miserable.

¿Qué debemos de hacer? Como estos ciegos, pedir al Señor a gritos que nos de la vista. Muchos de nosotros caminamos a tientas, como ciegos, perdidos por el mundo. Si no comprendemos que hay un más allá, debemos pedir al Señor que nos abra los ojos.

Luego, recuperada la vista, caminemos con fe por donde Él nos manda. Sigamos el Camino del amor a Dios y al prójimo, para alcanzar la Mansión Eterna. Pidamos a Dios fervientemente que nos devuelva la vista y nos dé el valor de seguirlo, mientras estamos vivos.

«¿Creen que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: Hágase en ustedes según su fe.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos pasemos la vida deambulando, sin llegar a verte, reconocerte y seguirte. Una vez que te encontremos danos la perseverancia necesaria para seguirte y proclamarte en cada uno de nuestros actos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 9,27-31 Hágase en ustedes según su fe.

La voz de Dios.

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