Mateo 9,14-15 – invitados a la boda

Febrero 12, 2016

Texto del evangelio Mt 9,14-15 – invitados a la boda

14. Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»
15. Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

Reflexión: Mt 9,14-15

 

Nos conmueve la figura que el Señor escoge para dar a conocer lo que estamos viviendo desde que Él está presente entre nosotros. Claro es obvio que se refiere a sus discípulos, pero por extensión también se refiere a nosotros, a todos sus seguidores. ¡Somos los invitados! Muchas veces percibo que no llegamos a entender la magnitud de este acontecimiento. Y es que hay que detenerse a reflexionarlo, y a veces no tenemos el tiempo suficiente. Nos han invitado mucho a lo largo de nuestras vidas, seguramente, sin embargo estamos seguros que podríamos contar con los dedos de una mano aquellas invitaciones en la que los pergaminos de nuestro anfitrión –por lo que fuere-, nos dejaron embobados. ¿Cuántos de nosotros hemos tenido la oportunidad de recibir una invitación de un altísimo representante de la política o la cultura o economía de nuestra sociedad? ¿Cuántos hemos sido invitados por un Congresista, o por el Presidente o por un artista famoso o un literato? Ese día seguramente está marcado y lo contamos entre nuestros mejores recuerdos. Que nos invitara, fue una distinción y luego que se tomara unos segundos para dirigirse a nosotros, hablarnos y hacernos una confidencia, fue un detalle que jamás olvidaremos. Recuerdo que entre toda la gente que conozco, solo mi suegra –que en paz descanse- tuvo la oportunidad de recibir el Cuerpo de Cristo de manos del ahora santo, Juan Pablo II. Lo esperó con mucha ilusión y nunca pudo dejar de recordarlo como posiblemente lo más extraordinario que sucedió en su vida. Ahora que ya estamos más o menos sintonizados con la grandeza del acontecimiento, ¿podemos pensar un momento en lo que significa ser los INVITADOS DE JESÚS? ¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

Hay una lista en la que están nuestros nombres y apellidos, marcados con resaltador, porque el Señor está pendiente de nuestra llegada y no bien nos atisba con el rabo del ojo, sale presuroso a recibirnos y nos abraza. ¿Qué puede ser más grande? En ese momento quedamos totalmente embobados, derretidos, emocionados. El corazón se nos acelera y no podemos evitar que broten unas lágrimas de felicidad. Si por nosotros fuera, echábamos a llorar en aquel preciso momento. ¡Estamos con Jesús, el Hijo de Dios, EL NOVIO! ¿Quién tiene cabeza o corazón para más? ¿Entendemos cómo es ociosa y hueca la pregunta que lanzan los discípulos de Juan? ¿Qué absurdo? Si todo lo que hemos venido haciendo es alistarnos para este momento, ¿cómo íbamos a estar tristes o haciendo ayuno? ¡Ha llegado el Día! ¡El Señor está aquí! ¡No hay a nadie más que esperar! ¡Es de Él que nos hablaban las Escrituras! ¡Ya quisieran estar con nosotros Elías, Abraham, Moisés y cuantos más! Pues en nombre de todos ellos y en el nuestro propio, hagamos tres hurras por el Señor Jesucristo: ¡Hihip!; ¡Ra…! ¡Hihip!; ¡Ra…! ¡Hihip!; ¡Ra…! ¡Y que comience la fiesta! ¡Estamos con Jesús, NUESTRO QUERIDO NOVIO! No solo es el anfitrión, sino que es el protagonista principal de la fiesta. ¡Es el Novio! Y nosotros somos sus amigos; ¿qué digo yo? ¡Somos sus hermanos! Tenemos asientos preferenciales en este Banquete. Si nosotros estamos alegres, imaginemos cuanto más lo está Él. ¡No hay lugar para tristezas, ni para ayunos! No puede dejar de interpelarnos que la Iglesia nos proponga esta lectura justo cuando acabamos de empezar la Cuaresma y esperamos intensificar nuestra oración, nuestras limosnas y ayunos. ¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

¿Qué hay detrás de todo estos? Es que no podemos olvidar la importancia de lo que estamos celebrando. Es este Novio, por quien nos hemos alegrado tanto, el que nos ama infinitamente, y cuyo encuentro nos ha conmovido hasta las lágrimas, porque lo amamos más que a nadie en este mundo, el que en cuarenta días dará Su Vida por nosotros. En realidad, ya la ha dado. Nos ama tanto, que ha estado dispuesto a ir al Calvario por nosotros, sin objetarnos nada, sin reprocharnos nada, sin sacarnos en cara nada. ¡El solo quiere que seamos felices eternamente! ¡Ese es el deseo de Su Padre, nuestro Padre y Él está dispuesto a hacer todo lo que sea necesario para darle esta alegría a Su Padre. Porque la alegría del Padre es la alegría del Hijo y nuestra alegría será la alegría de los dos. Con el poder y la Gracia del Espíritu Santo nos sentaremos en la mesa de este Banquete sin fin, por ello, aun anticipando aquel momento de dolor que habrá de pasar el Novio, Jesús, en la cruz, brilla en el fondo la alegría de saber que aunque sea imposible apartar este momento, Jesús tendrá que pasar por esta muerte ignominiosa, para resucitar triunfante e instaurar Su Reino, el cual no tendrá fin, en el cual estamos invitados a formar parte. Por lo tanto, a pesar de los momentos que se avecinan, es más grande y más fuerte saber que con ellos se aproxima la Victoria final. Jesucristo ha venido a redimirnos y lo hará con su muerte y Resurrección. Por eso estamos alegres, y nuestra limosna nuestra oración y nuestro ayuno, son más bien jubilosos y los ofrecemos con gusto, sin importar a qué extremo podrían exigirnos, ya que nada podrá igualar las promesas de Jesús, que empezaron a cumplirse desde que fue anunciada Su llagada, llegando a Su plenitud con su muerte, resurrección y ascensión a los cielos. Es cuestión de tiempo. Una pestañada en el cronómetro Divino. ¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de comprender la profunda alegría que ha de colmar nuestros corazones estos días, entendiendo que Jesús tuvo que morir para resucitar triunfante, alcanzándonos de este modo la salvación prometida. Ayúdanos a sentir que limosna, oración y ayuno han de ser ofrecidas con amor y alegría…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

(5) vistas

Deja un comentario