Mateo 9,1-8 – tus pecados te son perdonados

julio 2, 2015

Texto del evangelio Mt 9,1-8 – tus pecados te son perdonados

1. Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad.
2. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»
3. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»
4. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir:
5. “Levántate y anda”?
6. Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.»
7. Él se levantó y se fue a su casa.
8. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

Reflexión: Mt 9,1-8

Hay Gracias que recibimos de Dios todos los días y que sin embargo no son tan evidentes, por lo tanto, tendemos a darlas por descontadas y ni si quiera valorarlas. Con frecuencia viene a nuestra mente el estar atravesando el Universo a una velocidad de vértigo y sin que ello dependa de ninguno de los 7mil millones de habitantes que hay en el planeta. ¿Cómo no nos detenemos o nos estrellamos? ¿Puede pasar en cualquier momento? Sí, es cierto, pero por qué no ha pasado en los miles de millones de años que tenemos de existencia. ¿Por qué sí ha ocurrido en muchísimos otros lugares de la galaxia, incluso en nuestro vecindario y no ha ocurrido con nuestro hermoso planeta azul? ¿Qué tenemos de especial para que hayamos surgido aquí y solo aquí, esta raza de seres únicos, capaces de tantos prodigios y al mismo tiempo tan insignificantes comparados tan solo con el Sistema Solar? ¿Qué de extraordinario hicimos para que la vida se dé aquí? ¿No hicimos nada? ¿No es un premio? ¿No lo merecíamos? Es un misterio para el que la ciencia -nuestra pobre ciencia-, viene promulgando teorías desde hace muchísimo tiempo, sin poderlas comprobar de modo definitivo. Pura especulación, porque nuestra ciencia –por más avanzada-, todavía es limitada. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»

Los seres humanos tenemos una historia común, una historia que compartimos con todos los demás seres vivos de este planeta. Para que fuera posible la vida fueron necesarias ciertas condiciones, sin las cuales nada de esto hubiera sido posible. ¿Cómo y por qué se dieron justo en aquel momento? ¿Pura coincidencia? ¿O es que alguien lo planeo de este modo? Si observamos el universo entero, desde las patas del insecto más pequeño, encontramos que todo es una obra perfecta de ingeniería, de precisión. Todo tiene un por qué y un para qué. Todo funciona sincronizadamente y en armonía. Y, aunque ahora todo se quiera relativizar, es un hecho concreto y comprobable por las evidencias que podemos constatar en todo lugar, que el hombre es de lejos el único ser vivo que tiene inteligencia, libertad y voluntad. Estamos en la cúspide de la creación. Resulta casi imposible dudar que haya un ser superior a nosotros en el Universo. Por lo menos no existe en la minúscula porción conocida y todos nuestros descubrimientos y adelantos nos sugieren que es muy posible que estemos solos, aunque con alguna justificación se pueda especular en sentido contrario, es decir, pensar que lo que ocurrió con nosotros sea más o menos una norma en el Universo. Pero todo esto resulta un misterio, de un conocimiento tan basto como el Universo mismo, del que recién nos estamos aproximando a la orilla. La única respuesta autorizada que hasta hoy hemos tenido es –ni más ni menos- la del Autor del Universo. ¿No es de necios, testarudos, torpes, soberbios e incrédulos estar buscando más? En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»

Veamos. Hace cientos de años, cuando el hombre finalmente empezó a escribir, en una de tantas de las civilizaciones que prosperaron en la Tierra, un Pueblo, al que Dios escogió tubo la Gracia de recibir de Él –en el transcurso de los siglos- los secretos de la existencia, plasmándolos en lo que hoy conocemos como la Biblia o las Sagradas Escrituras. La historia allí escrita es única y constituye el testimonio de muchos hombres y mujeres distantes en el tiempo y en el espacio, con un solo denominador común: Dios nos ha creado por amor, porque esa fue Su Voluntad y porque así le pareció bueno. Tal como fue creada cada galaxia, cada planeta y cada ser viviente sobre este mundo, un día Dios dispuso enviar a Su Hijo Jesucristo, para Revelarnos que Él es nuestro Padre, que nos ama tanto que quiere que vivamos eternamente. Él es el Alfa y el Omega, Él tiene el control sobre lo más grande y lo más pequeño, sobre el tiempo y el espacio, sobre el principio y el fin, sobre todo el Universo, lo que existió antes y lo que existirá después; Él es el Autor de la Vida y nos la ha dado para que seamos felices y vivamos eternamente. Nos ha creado a Imagen y semejanza Suya, de tal modo que aplicando las cualidades y capacidades que nos ha dado podamos alcanzar este fin. Sin embargo, siendo libres –y tendríamos que agregar: necios-, podemos escoger la muerte, la destrucción, la mentira, la oscuridad, el fin, en vez de escoger la verdad, la luz, el amor y la vida…Para evitarlo vino Jesús y con la Autoridad de ser Hijo de Dios –de la que nos dio muchísimas evidencias registradas en los Evangelios-, nos mandó amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, como el único medio de alcanzar la Voluntad del Padre, que siendo Suya, incuestionablemente es la más conveniente para nosotros, porque lo que quiere es que seamos felices y vivamos eternamente, lo que ha sido siempre nuestro anhelo. Jesús nos dice que ello es posible a condición que hagamos lo que nos manda, que es finalmente lo mismo que Él hace. Él nos ha dado ejemplo. Por eso nos dice que Él es El Camino, La Verdad y La Vida. Para llegar al Reino de Dios, a la felicidad y vida eterna, hemos de hacer lo que nos manda y enseña. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»

Todo lo que no nos conduce a este fin, ES PECADO. De este modo, pecado es no obedecer a Dios, como es tonto, de necios o de niños engreídos e irresponsables no hacer lo que nuestro padre maduro, adulto y sensato nos manda. Si obedecemos a nuestro padre terrenal, con cuanta mayor razón tendríamos que obedecer a nuestro Padre Celestial. Pero, nuestro Padre es tan Misericordioso, que está dispuesto a perdonar nuestros errores, nuestros desplantes y desaires, a condición que nos enmendemos. Porque para entrar al Reino de los Cielos hay que pasar por la Puerta, por el Camino que nos conduce a Él. Y solo tenemos un tiempo; el tiempo que dura esta vida. No llegaremos si no nos ponemos en camino. Y el camino solo lo transita el que ama. No llegaremos si no amamos. Así, la única respuesta al misterio de la Creación, al misterio de Dios, es el Amor. Por Amor fuimos creado por un Dios que es Amor y por Amor alcanzaremos la Vida Eterna, si manifestamos la voluntad de unirnos a la Voluntad del Padre amándonos. Si creemos esto, Jesús puede ayudarnos a atravesar y superar cualquier obstáculo por imposible que parezca, como lo hace en este caso con el paralítico. Él es el Hijo de Dios, Autor del Universo, que vino al mundo al cumplirse el tiempo, ni antes, ni después. Todo corresponde al Plan de Dios, donde nada es casual, como no es casual que nuestra sangre fluya y se esparza por nuestro cuerpo al compás del corazón o que una estrella gigantesca a 8 minutos luz, nos ilumine cada día sumando su energía a todo cuanto era necesario para que surgiera la vida como la conocemos. Todo es obra de Dios. Hemos de creer, como el paralítico, para ser perdonados y salvados. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»

Oremos:

Padre Santo, no permitas que se instale la duda, ni la soberbia en nuestros corazones. Danos humildad para reconocernos pequeños e insignificantes ante todo esto que presentas ante nuestros pies, tomándolo con amor, como Tú mismo nos lo entregas. Haznos agradecidos, para honrar Tu Santo Nombre y conducir alegres a nuestros hermanos por el Camino de la Verdad, la Luz y la Vida, tal como Cristo mismo nos enseñó…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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