Mateo 9,1-8 – tus pecados quedan perdonados

Junio 30, 2016

Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: « ¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!»

Texto del evangelio Mt 9,1-8 – tus pecados quedan perdonados

01. Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino a su ciudad.
02. Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: « ¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!»
03. Algunos maestros de la Ley pensaron: «¡Qué manera de burlarse de Dios!»
04. Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal?
05. ¿Qué es más fácil decir: Quedan perdonados tus pecados o Levántate y anda?
06. Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.» Entonces dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a casa.»
07. Y el paralítico se levantó y se fue a su casa.
08. La gente, al ver esto, quedó muy impresionada y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres.

Reflexión: Mt 9,1-8

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Mateo 9,1-8 tus pecados quedan perdonados

Quedamos sorprendidos con el proceder de Jesús. No es para menos. Movido como siempre por la Misericordia, no bien constata una necesidad obra un milagro para suplirla.

En este caso, como quiera que el Señor puede verlo todo, no solo puede ver el problema físico obvio para quienes ayudan a trasladar al paralítico. El Señor se fija por lo menos es dos aspectos adicionales: la fe de la gente y la necesidad de ser perdonados.

Estos dos últimos aspectos son los más importantes para el Señor y debían serlo para nosotros, porque solo ellos harán posible que alcancemos la Vida Eterna. Y, si aplicamos la inteligencia, no debía haber nada más importante para nosotros que ello.

Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: « ¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!»

El milagro que el Señor ofrece y realiza inmediatamente sobre este paralítico, tiene que ver con lo más preciado. Nadie puede garantizarnos la Vida Eterna, solo Jesucristo. Prácticamente lo hace al perdonar sus pecados. ¿Qué mayor Gracia para quien cree en Dios?

Jesús se deja conmover por la fe de esta gente y del paralítico y les ofrece el Bien mayor. Obviamente, quien puede hacer lo más, puede hacer lo menos. Pero es necesaria la fe, lo que evidentemente le falta al maestro de la ley. Como siempre, estos, se fijan en el cumplimiento de las normas, antes que en el bien común.

¿Cuántas veces queremos y pedimos lo que creemos necesario, pero el Señor nos concede otra cosa? Debemos confiar en Dios, que Él siempre nos da lo mejor, lo que más nos conviene. No siempre estamos capacitados para discernir la conveniencia entre lo que pedimos y lo que nos da. Sin embargo debemos confiar en Dios, porque Él siempre nos da lo mejor.

Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: « ¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!»

Esta lectura debe alentarnos a confiar siempre en Dios, que Él ve mejor y sabe lo que nos conviene. La perspectiva de Dios es distinta a la nuestra, por eso Él nos da lo que conviene, atendiendo a nuestra propia salvación, que es lo que al final importa.

Esto podría llevarnos a concluir erróneamente que al Señor no le importa como vivamos aquí en el mundo, mientras permanezcamos en Gracia. Ello sin embargo no es totalmente cierto, porque Él siempre está dispuesto a proveernos lo necesario para que seamos felices en este mundo, si nuestro qué hacer está alineado con Su Voluntad.

Es preciso, entonces, discernir muy seriamente cuál es Su Voluntad en nuestras vidas, para hacer lo que nos manda. De este modo contaremos con su Gracia en nuestra labor de cada día. Solo así daremos mucho fruto; si permanecemos unidos a Él.

Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: « ¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!»

Oremos:

Padre Santo, aclara nuestras mentes y nuestros corazones. Danos el discernimiento necesario para poder distinguir entre Tu Voluntad y la nuestra, prefiriendo siempre lo que Tú nos propones…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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