Mateo 9,1-8 – poder de perdonar pecados

Julio 6, 2017

Poder de perdonar pecados

Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

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Mateo 9,1-8 poder de perdonar pecados

Mateo – Capítulo 09

Reflexión: Mateo 9,1-8

El Señor, valiéndose de milagros, nos revela aquí un asunto que es central en nuestra fe. Es preciso creer. Esto es tan importante que Él nos da evidencias contundentes para que creamos. Por lo tanto no se trata de algo anecdótico que podemos pasar por alto.

Lo decimos y repetimos, porque hoy, bajo la dictadura de la secularización, tendemos a minimizar estos hechos milagrosos que Jesús despliega ante nuestros ojos para que creamos. ¡No podemos prescindir de ellos como si no fueran importantes!

Para decirlo de otro modo, no se trata de tomar tan solo lo que para nosotros, con nuestra óptica del siglo XXI, es importante. Hemos de oír y dejarnos interpelar por todo, tal y como el Señor lo presentó a aquellas personas.

Hay aquí una situación en la que el Señor se nos revela como Dios, porque Jesucristo no es solo un hombre excepcional, sino el Hijo de Dios, o como Él mismo lo dice, el Hijo del Hombre, que no es sino otro modo de decir eso mismo.

Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

Estas cosas ocurren y se dan del modo en que están descritas para suscitar la fe. La pregunta es directa. ¿Creemos o no creemos que el Señor tiene el poder de perdonar los pecados? ¿Sí o no? ¿Qué evidencia podríamos tener de que los pecados de aquel hombre fueron perdonados?

¿Cómo podemos saber que Él es capaz de perdonar los pecados? Claro, como eso no es posible comprobar, ¿por qué habríamos de creerle? No tenemos forma de constatarlo ¿no es verdad? Pero si Él nos dice: fíjense, para que vean que yo tengo el poder de perdonar los pecados, haré que este paralítico camine. ¡Y así lo hizo!

El que puede lo menos, puede lo más. Ambas cosas son imposibles para los hombres. No hay nadie que pueda hacer andar a un paralítico. Del mismo modo que no hay nadie que pueda perdonar los pecados.

Solo Dios puede ambas cosas. Y si puede una, también puede la otra, aunque no nos sea posible corroborarlo. Pero si Él lo dice, así debe ser. Porque si es capaz de hacer caminar a un paralítico ¿por qué no podría perdonar los pecados?

Jesucristo es el Hijo de Dios. Tiene el poder de Dios. Para Él no hay nada imposible. ¡Es Dios! Pero además, es un Dios Bueno, Compasivo, Misericordioso, Amoroso. No porque lo diga alguien, sino por lo que hace. ¡Es Dios y es Infinitamente Misericordioso!

Eso es lo que nos quiere mostrar. ¡Eso es lo que debemos creer! Por eso los milagros son importantes. No son suntuarios. No son anecdóticos, como algunos que se dicen católicos y cristianos quieren hacer ver. No podemos ignorar la naturaleza Divina de Jesús.

Él es verdadero Dios y verdadero Hombre. ¿Cómo puede ser esto? Para nosotros, para nuestra capacidad comprensiva es un Misterio, pero es cierto. Es verdadero. No nos debe preocupar que haya algo aquí que no llegamos a comprender. Seamos razonables. No podemos pretender entender completamente la sabiduría de Dios. Somos humanos, finitos y contingentes.

Jesucristo es Dios, Infinito, Omnipotente. Como el mismo nos dice: es el Camino, la Verdad y la Vida. Hemos de creer en Él para alcanzar la Vida Eterna. Leamos y releamos este pasaje pidiendo la iluminación del Espíritu Santo, porque aquí está el centro de nuestra FE.

Jesucristo es capaz de perdonar nuestros pecados. Él tiene poder para hacerlo. Es el mismo poder que aplica cuando le dice a Pedro que lo que ates aquí en la Tierra quedará atado en el Cielo y lo que desates en la Tierra quedará desatado en el Cielo (Mateo 16,19).

Es también el mismo poder que confiere a sus discípulos cuando les dice que a quienes perdonen sus pecados les serán perdonados y a quienes se los retengan quedarán retenidos (Juan 20,23). ¡Ha sido Voluntad del Señor dar este poder a los Apóstoles y a través de ellos y el mismo Pedro, a nuestros Sacerdotes! ¿Por qué? Porque así lo ha querido. Porque es Infinitamente misericordioso. ¡Aleluya!

Padre Santo, te damos gracias por concedernos el perdón de nuestros pecados por el Sacramento de la Reconciliación y te pedimos que incrementes nuestra fe en unidad a nuestros pastores y a la Iglesia Universal, por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

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