Mateo 9, 14-15 – la boda

Marzo 3, 2017

La boda

«Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

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Mateo 9, 14-15 – la boda

Puedes leer el Evangelio aquí. 

Reflexión: Mateo 9, 14-15

Hoy nos quedaremos a reflexionar en esta preciosa expresión que utiliza el Señor para describir lo que ha de constituir Su presencia entre nosotros. Nos referimos a la boda. ¿Habrá una situación más alegre y festiva en la sociedad humana?

Desde tiempo inmemoriales y aun hoy, a pesar de las fuertes amenazas y ataque que recibe la familia y el matrimonio, patrocinados por inescrupulosas trasnacionales que lucran con toda clase de productos orientados al consumo masivo e indiscriminado de toda la población, sin reparar en sexo ni edad.

Aun hoy, a pesar de los millonarios esfuerzos del inescrupuloso capital por destruir a la familia y al matrimonio para luego hacer presa fácil de los individuos aislados, solitarios y desguarnecidos, aun hoy, por Gracia de Dios, existen vastos segmentos de población que se resisten a caer en estas garras y que siguen celebrando las bodas, como un gran acontecimiento familiar, que trasciende a sus protagonistas.

Las bodas han servido para sellar alianzas familiares con propósitos políticos, económicos e incluso religiosos. Pero antes que nada, entre los humildes se constituyeron en un pacto, en una alianza entre hombres y mujeres de buena fe, destinadas a sellar su unión de por vida, para sostenerse mutuamente y dar el adecuado albergue y mantenimiento a la prole que esta unión Bendita habría de producir.

«Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

La boda sellaba el inicio de una relación que habría de durar mientras los cónyuges vivan y que serviría de origen de la familia y núcleo del hogar que daría origen a todos sus miembros. La boda ha sido y sigue siendo un consentimiento mutuo, a una unión perpetua, consagrada ante Dios y ante los hombres por la libre decisión de los contrayentes.

Una boda es la manifestación de dos voluntades, que deciden libremente unirse, para ser y vivir como si fueran uno, afrontando la aventura de la vida unidos, ya sea en las buenas como en las malas.

Por eso una boda es alegre. Porque ha de mostrar el entusiasmo que tienen ambos novios en emprender esta empresa que saben de largo alcance, en la que el enamoramiento les otorga la suficiente alegría y entusiasmo para jurarse amor eterno.

Los novios que libremente asisten a su propia boda, saben el alcance de lo que significa amar y se lo juran por toda una eternidad. De tales modelos está plagada la literatura universal y los que hemos tenido la Gracia de participar en nuestras propias bodas, podemos reconocer que esto ha sido así y debe seguir siendo así.

Esto es lo que Jesús ha venido a representar en nuestras vidas; en las vidas de toda la humanidad. Él es el Novio y nos ha escogido a nosotros para casarse. Esta es la entrega que hace Jesús de sí mismo a nosotros, con la alegría y entusiasmos del mayor enamorado.

Él se nos entrega por completo, leal y fielmente, hasta dar la vida por nosotros. Él es el Novio, nosotros la Novia. Celebramos nuestra Boda. ¿No tendríamos que estar alegres, felices, llenos de esperanza e ilusión? ¿Es que podríamos tener mejor Novio? ¿Quién será capaz de darnos lo que Jesucristo nos promete?

Nuestras vidas, a pesar de sus vicisitudes, deben ser celebradas como una fiesta, como la mayor fiesta, de principio a fin, porque Dios se ha fijado en nosotros y ha sellado una alianza a través de Su Hijo Jesucristo, por la cual no habrá de abandonarnos hasta alcanzar la Vida Eterna.

Demos gracias a Dios por este amor infinito que ha querido darnos, sin mediar mérito alguno de nuestra parte. Entreguémonos a Él con alegría, agradecimiento y fidelidad. Que sea haga por siempre Su Voluntad.

«Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

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