Mateo 8,18-22 – Sígueme

julio 2, 2018

Sígueme

“Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Dícele Jesús: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.”

Lunes de la 13ra Semana de T. Ordinario | 02 Julio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Sígueme

Solo podemos observar impaciencia y premura en estas palabras. No hay tiempo para detenerse en actividades que no tienen la capacidad de cambiar la suerte de los miles de hermanos que se habrán de perder si no actuamos.

El Señor ha dejado en nuestras manos la responsabilidad de la Salvación de nuestros hermanos. Nosotros estamos aquí para eso. Esto es lo que debemos entender. No se trata de salvar nuestras almas solamente. Tenemos una responsabilidad comunitaria.

Sígueme

Para decirlo de otro modo, no nos salvaremos si no es con nuestros hermanos. No podemos ser indiferentes. No tendremos ninguna oportunidad si no amamos, si no ponemos a ellos, a quienes nos rodean en el primer lugar de nuestras agendas.

No importa lo que creamos ni cuan buenos seamos. No importa que no tengamos pecado alguno, ni si quiera que recemos todos los días, que participemos en la Comunión diaria y que recemos el Rosario, si no estamos abocados a la salvación de nuestros hermanos, tampoco encontraremos nuestro salvoconducto al Reino de los Cielos.

“Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Dícele Jesús: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.”

Así, debemos poner en el centro de nuestras vidas al prójimo. Dios primero, es verdad, y luego nuestro prójimo. Es muy cierto que si atendemos al prójimo en primer lugar, estaremos sirviendo a Dios, de este modo, no está errado quien prioriza el servicio al prójimo antes que a uno mismo.

Veamos que la exigencia es muy grande. No podemos posponer ni un segundo a nuestros hermanos, no de otra manera podemos interpretar la negativa de Jesús ante el pedido de este discípulo. Debemos ocuparnos de los vivos, no de los muertos.

Es que, no por cuidar la memoria de los que ya no están, tenemos derecho a descuidar el presente de quienes nos rodean: niños, hermanos, nietos, esposos, esposas, vecinos. Tomemos conciencia de la responsabilidad solidaria que tenemos en la salvación de nuestro prójimo.

La situación no está para mirar atrás. Tenemos que enfocarnos en las promesas de Cristo y avanzar cada hora, cada día más. El mismo sentido tiene la respuesta que el Señor da al escriba que quiere seguirle.

La advertencia es que en este trabajo no hay tiempo para descansar, para tomarse una pausa, unas vacaciones. No hay vacaciones para la fe. Ni el Señor descansa. No tiene donde reclinar su cabeza. No es que no lo merezca, es que no hay tiempo.

“Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Dícele Jesús: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.”

Así de exigente es el presente. De eso quiere el Señor que tomemos conciencia. Es que nuestro futuro está entrelazado con el de nuestro prójimo. Las bienaventuranzas nos hablan precisamente de ello. Mientras gayan pobres, injusticia, sufrimiento y miseria, no podremos tomar las cosas con calma.

No es falta de confianza en el Señor, ni en el Espíritu Santo. Ellos están actuando constantemente, pero lo hacen a través de nosotros. El asunto es así de práctico: mientras meditamos ¿cuántos abortos se están llevado a cabo, por mujeres desorientadas que caen en las garras de multinacionales asesinas?

¿Cuántos jóvenes se echan a perder por carecer de hogares, familias y padres que los orienten buscando convertirlos en hombres y mujeres de bien? ¿Cuánta droga, pornografía, prostitución, corrupción están al acecho de nuestros niños y jóvenes?

El Demonio está desatado, sediento y hambriento de almas. No permitamos que por descuido nuestro, por falta de atención, por un descanso prolongado o por simple indiferencia, los más pequeños vayan a caer en sus garras. ¡El mundo nos necesita!

“Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Dícele Jesús: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.”

Pongamos en orden nuestras vidas, priorizando el bienestar de nuestro prójimo, sobre todo de los más pobres e indefensos. No nos dejemos ganar por la indiferencia, la comodidad y el egoísmo, que nos invitan a taparnos ojos, oídos y boca, con tal de no involucrarnos.

Oración:

Padre Santo, danos la lucidez necesaria para entender la urgencia que tiene el mundo de Tu Palabra y Tu ejemplo y cómo nosotros podemos ser portadores de este mensaje a nuestros hermanos en cada circunstancia. No permitas que la desidia y el egoísmo se apoderen de nosotros. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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