Mateo 8, 5-17 – que te suceda como has creído

junio 27, 2015

Texto del evangelio Mt 8, 5-17 – que te suceda como has creído

5. Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó
6. diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»
7. Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.»
8. Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.
9. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.»
10. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande.
11. Y les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,
12. mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
13. Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído .» Y en aquella hora sanó el criado.
14. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.
15. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.
16. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos,
17. para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades.

Reflexión: Mt 8, 5-17

Es solamente fe lo que necesitamos. ¿Cómo alcanzar una fe semejante? Es una Gracia que debemos pedir cada día y que debemos ejercitar tomando decisiones basadas en ella, sin dudar, dando por sentado que si lo que hacemos es la Voluntad de Dios, definitivamente se cumplirá, porque para Él no hay nada imposible. Pocos alcanzamos esta fe, tal como el mismo Jesucristo lo testimonia al oír al centurión. Mayor razón para implorarla cada día, en cada momento. Nuestro lenguaje y nuestro proceder tienen que ser así de determinantes. Debemos dejar esa forma de expresión que se ha hecho tan común en nuestros tiempos que es dejarlo todo al parecer de las personas, dando valor relativo a todo, como si dudáramos que hay una Verdad Absoluta y esta es Dios. A cada nada oímos o leemos de connotados hermanos nuestros, filósofos, periodistas y estudiosos, referirse a quienes creemos en una Verdad Absoluta, como fundamentalistas, porque según ellos nadie es dueño de la verdad. ¿Podemos creer eso? Yo no lo creo. La Verdad es una y consiste en admitir, creer y sostener que no hay Don más grande que el de la Vida y que esta nos ha sido dada por Voluntad de Dios; esto quiere decir, porque Él así lo quiso, por Amor. Y de aquí nace la principal característica que debemos aprender e imitar del amor Divino, que es INCONDICIONAL. ¿Qué quiere decir esto? Que nos lo da integra y totalmente sin que haya de por medio requisito alguno que hayamos tenido que cumplir. Nos lo da a todos por igual, mucho antes que hayamos nacido. Esta es la Verdad que Jesucristo nos revela y en la que hemos de creer, sin ninguna duda, porque solo entonces comprenderemos que hay un solo Camino para alcanzar la Vida Eterna, que consiste en hacer la Voluntad de Dios. Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído .» Y en aquella hora sanó el criado.

Tenemos que pedir su luz al Espíritu Santo, para reflexionar y alcanzar la certeza que Dios ha puesto en nuestras manos de saber que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, que por lo tanto a nosotros nos toca creer en Él y seguirlo, porque como resultado de nuestro discernimiento, hemos de concluir que ello es lo más sensato. Pidamos que nos de esta sabiduría para saber optar hoy y ahora por seguirlo, sin reparos ni condiciones, convencidos que Él solo quiere nuestro Bien, porque nos Ama y el amor ha de ser correspondido con amor. Proponernos corresponder al amor de Dios, nos pone en Camino, porque solo se puede amar a Dios amando a nuestro prójimo y no existe amor que no se manifieste en obras. Por lo tanto, si amamos a nuestro prójimo, como resultado, iremos construyendo día a día un mundo diferente, dejando un aroma, una estela agradable que muchos querrán imitar y seguir; alumbrando el Camino como Cristo nos lo ilumina a nosotros y como Él mismo nos pide que hagamos por los demás. Porque no se enciende una luz para ocultarla, sino para que sirva de guía a todos. Esto es lo que debemos hacer cada día con nuestra vida toda y depende de una decisión que hemos de tomar de una vez y para siempre. ¿Creemos o no creemos en Dios? ¿Creemos o no creemos que Jesucristo es Hijo de Dios Padre que ha venido a Salvarnos cumpliendo la Voluntad del Padre? Desterremos totalmente posiciones intermedias, dudas y definiciones antojadizas y acomodaticias, que solo buscan popularidad y hacerlo todo más fácil y digerible, como si Dios no fuera único y pudiera acomodarse a la opinión y gusto de cada quien. Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído .» Y en aquella hora sanó el criado.

Abandonemos el relativismo ético y moral en el que nos tiene sumidos este mundo moderno. Nosotros los cristianos, tenemos que aprender a dar testimonio de Cristo y esto pasa por vivir cristianamente cada día, lo que quiere decir obrar como el mismísimo Jesucristo lo haría en cada circunstancia que nos toca vivir, obedeciendo al Padre y amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Caminar con decisión por la senda que Jesucristo nos señala, sabiendo que Él nos acompaña y que por lo tanto no tememos a nada y abordamos todo cristianamente y con decisión. Pidamos esta Gracia cada día, que siempre tendremos tentaciones que nos invitarán a dejar el Camino por algo más fácil, más placentero, menos exigente, con el argumento de que “todos lo hacen”. Nosotros debemos seguir a Jesús sin titubeos y con total convicción. Eso es fe, la fe que el Señor espera de nosotros, la fe que nos permitirá cambiar el mundo, mirarlo con ojos de esperanza, sabiendo que Jesús ha vencido al mundo y que por lo tanto la victoria está garantizada. ¡El Reino se ha acercado! ¡Está al alcance de nuestra decisión! Lo tomamos o lo dejamos. Es Dios o el Dinero; no hay más. Vemos claramente en el pasaje que estamos reflexionando dos partes muy definidas: la primera es la referida a la fe del centurión, que es la respuesta que nosotros debemos dar a Dios. Fe profunda, certera, inamovible, poderosa, decidida. Y en la segunda parte podemos apreciar la acción del poder de Jesucristo, Hijo de Dios, en quien depositamos nuestra fe. Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído .» Y en aquella hora sanó el criado.

Oremos:

Padre Santo, danos fe para seguir a Jesucristo, Tu Hijo, en cada una de las acciones de nuestra vida. Que seamos capaces de corresponder a Tú amor en nuestras vidas, amando al prójimo, al hermano frente al cual nos colocan las circunstancias cotidianas, sin diferencias, sin predilecciones y sin condiciones…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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