Mateo 7,7-12 – todo cuanto quieran que les hagan

Febrero 18, 2016

Texto del evangelio Mt 7,7-12 – todo cuanto quieran que les hagan

7. «Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá.
8. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
9. ¿O hay acaso alguno entre ustedes que al hijo que le pide pan le dé una piedra;
10. o si le pide un pez, le dé una culebra?
11. Si, pues, ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!
12. «Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

Reflexión: Mt 7,7-12

Esta es la ley del talión, el ojo por ojo, pero al revés. Tan es cierto que el mismo Señor sentencia al final: esta es la Ley y los Profetas. Nos llama mucho la atención, porque el Señor no usa las palabras de cualquier manera, sino con una intención. Y resulta que cuando resume todos los mandamientos en “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”, termina con la misma frase. No es casual, sino que le está dando el mismo rango, la misma categoría a esta oración. En otras palabras, podemos entender que: todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes es otra forma de formular el resumen de los Mandamientos. Ha de ser así, sino no lo diría. Hagamos el esfuerzo de reflexionar y descubrir esta similitud. Veamos, no es normal que alguien actúe contra sus intereses, contra sí mismo, aunque algunas personalidades patológicas como los masoquistas tal vez podrían hacerlo, pero se trataría de una excepción y de un comportamiento inesperado y censurable. Lo más natural es que procuremos lo mejor para nosotros y que esperemos que así nos traten los demás. Si eso es lo que nos gustaría, pues de ese mismo modo debemos tratar a nuestro prójimo, que no es sino otra forma de decir que lo amemos como a nosotros mismos. Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

Pedir, buscar y llamar; limosna, oración y ayuno, son actitudes cristianas a las que debemos prestar especial atención en este tiempo de cuaresma. Nada de esto tiene sentido si no lo hacemos por nuestros hermanos. Su presencia da sentido a nuestras vidas. Sin ellos no hay forma de acercarnos a Dios. Por lo tanto, los necesitamos, pero debemos aproximarnos a ellos con los brazos abiertos y dispuestos a servir. El común denominador es la acción y esta ha de estar dirigida o desplegada para bien de nuestro prójimo. Si pedimos, buscamos y llamamos no es para nosotros, sino para dárselo a nuestros hermanos, tal como quisiéramos que ellos nos den a nosotros. El centro gravitacional de nuestras acciones es el prójimo. Si buscamos, pedimos o llamamos es para ellos, porque viviendo para Dios, para ellos vivimos o, lo que es lo mismo, solo viviremos para Dios si vivimos para ellos. Hay pues una íntima relación entre Dios, ellos y nosotros, a tal punto que es imposible separarnos, porque nuestra salvación depende de ellos, y solamente en la medida que vivamos y nos demos por ellos. Así, no existe la realización y mucho menos la salvación sin los demás. Lo que nos está revelando aquí el Señor es la razón de nuestra existencia. Hemos sido creados para el amor y en tanto amemos, encontraremos y se nos dará. Aquí tenemos la llave del Reino, que nos abrirá todas las puertas hasta alcanzar la Vida Eterna. Creemos o no, de ello depende. Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

En este tiempo de cuaresma, si hemos de reflexionar en la razón de nuestras vidas, buscando enmendar, corregir y cambiar, hemos de prestar especial atención a las relaciones que mantenemos con nuestro prójimo, antes que a lo que nos agrada y acomoda. Es por ellos y para ellos que vivimos. Con qué naturalidad obran de este modo las mujeres, especialmente las madres, y qué difícil nos resulta a los hombres, acostumbrados a dar la pauta y jactarnos que en nuestros hogares se hace lo que decimos. Menos soberbia y más entrega es lo que debemos practicar, esforzándonos por agradar a los demás, especialmente a los más débiles y a los menos favorecidos, antes que exigir aquello que nos gusta. Ser y vivir para los demás debía marcar nuestro esfuerzo especialmente en este período de cuaresma, tal vez de este modo podríamos empezar a formar nuevos hábitos, corrigiendo nuestro egocentrismo. Esforcémonos por hacer cuanto queremos que nos hagan. Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de esforzarnos por servir y agradar a los demás, especialmente a nuestros familiares y amigos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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