Mateo 7,7-12 – la Ley y los Profetas

marzo 9, 2017

La Ley y los Profetas

Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

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Mateo 7,7-12 la Ley y los Profetas

Puedes leer el Evangelio aquí. 

Reflexión: Mateo 7,7-12

Nos proponemos reflexionar sobre un texto que de entrada nos parece difícil. El Señor define lo que aquí nos revela como “la Ley y los Profetas”. Pero esta es la segunda vez que usa esta definición en todo el Nuevo Testamento. Antes lo hizo con la reducción de todo a dos mandamientos: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

¿Qué semejanza puede haber entre ambos textos? Esto es lo que nos intriga y reta. Sabemos que el Señor usa las palabras adecuadas en cada ocasión y que no improvisa, ni se equivoca. Entonces, ¿qué puede haber de semejante en ambas situaciones?

El Señor está esquematizando; está resumiendo. Le interesa mucho que le entendamos y que no andemos teorizando, ni especulando. Es como si quisiera decirnos que la Verdad, el “secreto de la existencia” es algo muy simple. No está reservado tan sólo para eruditos, sino que cualquiera puede alcanzarlos si tiene en cuenta este par de afirmaciones.

Nos centraremos en la que hoy nos propone. El Señor nos habla de pedir. De pedir y pedir incansablemente, sin tregua. ¿A quién? A nuestro Padre Dios. El pedir implica esperar. Pedimos para obtener algo. La invitación a pedir insistentemente es para que no decaigamos hasta no obtenerlo. ¿Y por qué habremos de obtenerlo? Porque Dios es nuestro Padre y como cualquier padre, no dejará de dar a sus hijos lo que le piden.

Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

Los padres, obviamente aplicamos discernimiento sobre lo que nos piden nuestros hijos y si esto es bueno y apropiado, y si está a nuestro alcance, no dejamos de dárselo. Además, no les engañamos. Les damos lo que nos piden, cuidando que sea lo correcto y de ser posible, lo mejor.

Si Dios es nuestro Padre, ¿qué menos podríamos esperar de Él? Esto es lo primero que el Señor quiere que tomemos conciencia. ¡Es nuestro Padre! ¡Es el mejor! ¡Pidámosle que nos oirá y atenderá! ¿Qué implica esto? ¡Qué depositemos nuestra confianza en Él! ¡No perder la esperanza! Confiar y esperar en Él. Fe.

¿Cuál es el primer mandamiento? Amar a Dios por sobre todas las cosas. Creer, confiar, esperar en Él, ¿no es finalmente una forma de amar? ¿Se puede pedir, creer y esperar que nuestra súplica sea atendida por alguien que no nos ama? Y si nos ama, ¿cuál ha de ser nuestra respuesta sino la reciprocidad?

En segundo lugar, en los versículos que estamos reflexionando el Señor se refiere a hacer a nuestros hermanos todo cuanto queramos que nos hagan. Pone en primer lugar nuestra actitud y nuestro obrar frente a nuestros hermanos. Es decir, somos nosotros los que debemos actuar, en primer lugar, haciendo lo que quisiéramos que ellos nos hagan.

¿Qué es lo que cualquiera quisiera que le hagan en última instancia? ¡El Bien! ¡Pues empecemos haciendo el Bien a nuestros hermanos! No empecemos reclamando, ni exigiendo. Empecemos dando sin esperar nada a cambio. ¿Cómo se llama a esto? AMOR.

Debemos empezar amando a nuestros hermanos, recordando que el amor no tiene límites, que es incondicional, que, por lo tanto, no espera nada a cambio. Lo que sembremos, cosecharemos. Empecemos haciendo lo que queremos que nos hagan. Empecemos amando.

Dios en una mano y nuestro prójimo en la otra. Dios y el prójimo en nuestros corazones. Para Dios, de quien dependemos, nuestra confianza y nuestras insistentes peticiones. Para nuestro prójimo, todo lo que queramos que nos hagan. Esta es la Ley y los Profetas.

Gracias Padre Santo porque nos das Tu luz para comprender lo que Jesucristo nos enseña cada día. Danos perseverancia para orar incansablemente y amor para acudir a nuestros hermanos, antes que nos llamen.

Por tanto, todo cuanto quieran que les hagan los hombres, háganselo también ustedes a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.

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