Mateo 6,7-15 – hágase tu Voluntad

febrero 16, 2016

Texto del evangelio Mt 6,7-15 – hágase tu Voluntad

6. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
7. Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados.
8. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
9. «Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
10. venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
11. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
12. y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
13. y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
14. «Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
15. pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Reflexión: Mt 6,7-15

El Señor, mejor que nadie, sabe muy bien lo que nos conviene. Por eso nos enseña en este pasaje: primero, a orar y segundo, cómo debemos orar. Dos asuntos de vital importancia para nuestras vidas. El primero, el solo hecho de orar es de una trascendencia vital. Significa reconocer que no podemos ni somos nada sin Él. Lo necesitamos para vivir cada día, como necesitamos del aire, de la luz, del sol, del alimento y del descanso. Eso quiere decir: vital. No es algo de lo que podamos prescindir. Si lo hacemos, como las plantas, sin agua, ni luz, ni tierra, empezamos a languidecer, a marchitarnos, hasta morir. Qué importante es que captemos esta idea a cabalidad, porque si algo está ocurriendo con la humanidad es precisamente que pretendemos que podemos vivir sin Dios, lo que viene acarreando las graves consecuencias que todos padecemos y conocemos. Una sociedad sin Dios, está destinada al sin sentido, al fracaso y a la muerte. Hemos dicho que Dios nos ha creado Libres y es Verdad. Podemos, entonces escoger entre Dios y todo el resto, que no es Dios y que el Señor llama el Dinero, porque bien examinado, como lo ha hecho Él, nos conduce a este y a lo que este representa, que no es otra cosa que la idolatría, es decir, poner nuestra confianza y fe en otra cosa que no sea Dios. Y es que, quien no cree en Dios es porque, en realidad, ha puesto su confianza en otra cosa, que para él es primero y usualmente es la acumulación de riqueza, es decir, la acumulación y acaparamiento de todo aquello necesario para vivir, pero en cantidades exageradas y sin importar que ello signifique, como en muchos casos sucede, restar a otros lo que ellos necesitan para vivir. Esto se traduce en apetitos desordenados, que finalmente conducen a la perdición y a la muerte. Que no alcancemos a entenderlo o no queramos entenderlo, no cambia el resultado del que el Señor nos advierte. Por eso, siendo Libres, nos conviene escoger lo que Jesús nos manda, es decir, amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos…venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

Dios Padre, con todo Su poder y omnipotencia, juzgó conveniente enviarnos a Su propio Hijo Jesucristo a enseñarnos el Camino. Es decir que Él pudo anticipar, como era de esperar, siendo Dios, que solos no íbamos a poder, que nos desviaríamos del Camino y nos perderíamos, lo cual quiere evitar. ¿Por qué? Porque es nuestro Padre y amándonos tanto, no quiere que ni uno solo de Sus hijos se pierda. Así se lo pide y recomienda a Jesús, por quien conocemos todos estos entretelones. Es Jesús el que nos da a conocer al Padre y nos Revela toda esta historia, que de otro modo no estaría a nuestro alcance. Es por eso el mismo Jesús el que nos da a conocer la importancia de la oración y quien finalmente, en el pasaje que estamos reflexionando, nos dice cómo debemos orar, es decir, incluso nos enseña a orar. Es por esto que el Padre Nuestro es reconocido como la oración perfecta, la oración por excelencia. Si alguna oración debemos aprender y repetir constantemente es esta. Y es así que muchos la hacemos, pero tan de memoria, que pocas veces nos detenemos a pensar en lo que quiere decir palabra por palabra y convendría hacerlo, por lo menos una vez al día, porque lo que hacemos, cada vez que rezamos el Padre Nuestro, es un profundo acto de fe, disponiéndonos a acatar de la mejor manera lo que Dios Padre disponga para nuestras vidas, que resulta lo más lógico y razonable, a pesar que, sin embargo, muchas veces, en la práctica, no somos consecuentes con lo que decimos. Nos revelamos contra estas Voluntad y hacemos nuestra propia voluntad, lo que resulta en falta de coherencia, afectando tanto nuestras vidas como las de los que nos rodean. ¿Por qué ocurre esto? Por falta de fe. Porque no basta repetir de paporreta el Padre Nuestro; porque hay que vivirlo. Por eso el Señor nos enseña, además, a decirlo en privado, porque es una conversación y un compromiso con nuestro Padre. Conversación que Él atiende, a la que responde y con la que tenemos que ser consecuentes…venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

Finalmente tengamos en cuenta que la oración que el Señor nos enseña, no solo nos compromete con Dios, sino además con nuestros hermanos, porque en realidad y tal como lo formula nuestros Señor Jesucristo, no puede haber compromiso con Dios sin tomar en cuenta a nuestros hermanos. Es en el trato a ellos que manifestamos nuestro amor a Dios. Esta es una constante en la prédica del Señor, porque esto es lo que significa amor. Para decirlo de otro modo, solo estaremos cumpliendo con el amor a Dios en la medida que amemos a nuestros hermanos. No hay otra forma de amar a Dios, lo que nos tiene que tener sobre aviso en la pretensión que a veces tenemos de amar a Dios orando intensamente y sin desarrollar relación alguna con los que nos rodean, al extremo de hacernos totalmente indiferentes a lo que puede estar ocurriendo a nuestro alrededor. Tal vez encontremos aquí algunas divergencias, pero no creemos que se pueda hablar de amor a Dios sin tener expresiones de amor concreto y palpable al prójimo. Tenemos que mantener relaciones con nuestro prójimo y estas deben ser armoniosas, amorosas, no meramente formales. Esto se traducirá en acciones concretas: hablar, oír, tocar, consolar, callar, sacrificar muchas veces nuestros deseos y necesidades por el bien del otro u otra, lo que a veces resulta casi imposible en una sociedad hedonista, en la que todos los días nos martillan que si no obtenemos provecho de todo y si no hacemos lo que nos gusta a cualquier precio, estaremos condenándonos a la infelicidad, lo que desde luego no es cierto. Amar es antes que todo y antes que nada, DAR, sin condiciones, sin esperar nada a cambio. Esto es lo que nos enseña el Señor dando su propia vida en la cruz por nuestra Salvación…venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de entender que no hay nada más conveniente para nuestras vidas que hacer Tu Voluntad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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