Mateo 6, 7-15 – hágase tu Voluntad

junio 18, 2015

Texto del evangelio Mt 6, 7-15 – hágase tu Voluntad

7. Y al orar, no charlen mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados.
8. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
9. «Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
10. venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
11. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
12. y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
13. y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
14. «Que si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, les perdonará también a ustedes su Padre celestial;
15. pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre perdonará sus ofensas.

Reflexión: Mt 6, 7-15

La doctrina de Jesús en realidad muy simple de exponer, tanto que el mismo la resume en: ama a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Este solo mandato que como tantas veces hemos dicho podría exponerse en un twitt utilizando mucho menos que 140 caracteres, es el núcleo, el meollo de la doctrina de Jesús. Bástenos aprendernos de memoria esta oración, lo que es muy sencillo, recordarlo en cada una de nuestras acciones de nuestra vida y practicarlo. Por eso el Señor dice que en esto se resume toda la sabiduría y los profetas. Todo lo que se agrega a esto es en realidad argumentación añadida para morigerar, diluir y hasta evadir este mandato. Todos nos ocupamos en realidad de hacerlo más digerible y menos exigente, porque queremos hacerlo compatible con las vidas que llevamos. Queremos ser cristianos y cumplir con el mandato Divino, pero sin sacrificar nada y ahí está la dificultad. Entonces empezamos a dar rodeos tratando de compatibilizar lo que hacemos con el amor a Dios y nuestros hermanos, argumentando matices, variantes, circunstancias, sujetos, objetos, en fin, infinidad de palabras y palabras para justificar lo que hacemos o dejamos de hacer. Como si presentándolo de un modo u otro, como si por el embalaje pudiera cambiar el fondo. Y sin embargo la Verdad es tan simple como la acabamos de exponer. Si tan solo meditáramos en estas palabras cada día y tratáramos de llevarlas a la práctica en toda circunstancia, el mundo sería otro. Y es esta la Voluntad de nuestro Padre que Cristo ha venido a revelarnos. Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

La oración que Jesús nos enseñó, que por repetirla tan seguido la hemos banalizado, diluyendo el significado de las palabras y convirtiéndolas en simples sonidos guturales que vaciados de contenido no expresan ni significan nada, contiene en realidad una declaración de principios y de fe, que concuerda plenamente con el mandamiento de Dios Padre y que debía constituir nuestro programa de vida, para cuya ejecución pedimos la intervención Divina, sin cuya ayuda nos sería imposible llevarlo adelante. El pedido lo hacemos directamente a quien hemos aprendido a reconocer como nuestro Padre –Dios-, gracias a nuestro Señor Jesucristo. Esta es la revelación que nos trae Jesús; el Evangelio, la Buena Nueva, que debía llenarnos de alegría, esperanza y entusiasmo, porque tenemos un Padre Creador cuyo amor da sentido a nuestras vidas. Sin Él nada somos y nada tiene sentido; por eso es lógico que un mundo de espaldas a Dios se pierda en el pecado, que es el mayor de los sinsentidos. El pecado no es otra cosa que obrar torpemente, destruyéndonos y destruyendo a nuestros hermanos, sin más que la pretensión de ser felices, lo que nunca lograremos por esa vía. El egoísmo, el mal, la mentira, el orgullo, la vanidad y la violencia solo nos llevaran a la destrucción y a la muerte; nunca a la felicidad. En cambio Dios, como pieza fundamental, como la piedra que desecharon los arquitectos, tiene el poder y la virtud de cambiarlo todo, por medio de un solo ingrediente, sin el cual jamás alcanzaremos la felicidad: el amor. Solo el amor da sentido a nuestras vidas. Solo el amor es capaz de permitirnos alcanzar la felicidad y la vida eterna. ¿Por qué? Porque Dios, que es Amor, así lo ha querido. ¡Esa es Su Voluntad! Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

Cada vez que repetimos las palabras de la oración que Cristo mismo nos enseñó, estamos haciendo un acto de fe en nuestro Padre, Dios, cuya Voluntad queremos que se haga realidad, porque, convenido que Él es Dios Omnipotente, que nos ha creado por Amor, que es nuestro Padre, porque Él así lo ha querido, solo puede anhelar cosas buenas para nosotros, tal como Cristo con su vida, muerte y resurrección nos ha demostrado, por lo que lo más sensato resulta pedir que se haga Su Voluntad y que nosotros sepamos adherirnos a ella. Esta es toda la primera parte del “Padre Nuestro”; una declaración de fe. No entiendo cómo los Mormones que se dicen cristianos no lo rezan; ¿será tan solo para diferenciarse de nosotros? ¿por tal nimiedad puede descartarse algo tan fundamental? Lo traigo a colación porque tengo familiares y amigos mormones, a los que respeto mucho, pero a los que no llego a comprender su desdén por la Iglesia Católica a cuyo seno los confiaron sus padres. Ha de tener alguna explicación que no me atrevo a juzgar, pero que lamento, porque creo que no se puede renunciar a la familia y es lo que en alguna medida han hecho, al renunciar a la fe que abrazaron sus ancestros por muchas generaciones, sin detenerse a especular, seguramente, que es posible que haya más de uno al que le haya costado la vida legarnos esta fe. Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

La segunda parte del Padre Nuestro está orientada a pedir, con la misma fe, que Dios nos permita resolver todas nuestras necesidades cotidianas, pero sin dejar de tener en cuenta a nuestros hermanos, con quienes convivimos cada día, producto de lo cual tenemos roces, que debemos saber perdonar, exactamente como Dios nos perdona, porque todos cometemos errores. Pero estos no deben ser fruto de la obstinación y la premeditación, por eso pedimos a Dios que no nos deje caer en la tentación, porque constituye una constante en nuestras vidas el querer hacer las cosas de un modo diferente al que sabemos que ha sido dispuesto por Dios. Con la intención de favorecernos o de evitar algún sacrificio o de tener mayor abundancia, mayor placer o mayor satisfacción y sin tener en cuenta la equidad y las necesidades de nuestro prójimo, buscamos obtener mayor provecho de alguna situación o circunstancia, ocultando, mintiendo, tergiversando, engañando, chantajeando y hasta violentando a nuestros hermanos, lo cual sabemos en el acto que está mal y sin embargo nos resistimos a enmendarlo, aferrándonos a lo alcanzado, pretendiendo ocultarle a nuestro Padre lo que en conciencia sabemos que está mal, como si pudiéramos ocultarnos de Él y acallar su reproche y nuestra conciencia. Incluso llegamos al extremo de pretender cambiar la ley de Dios, Su Voluntad y de negarlo, con tal de salir con nuestro capricho. Esta es la tentación de la que pedimos a nuestro Padre que nos libre cada día, porque si cada día vivimos haciendo Su Voluntad, finalmente alcanzaremos la Felicidad y la Vida Eterna. Esto es lo que hoy nos enseña el Señor. Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos apartemos de Ti. Que no andemos buscando excusas, ni argumentaciones falaces para dejar de cumplir Tu Voluntad. Danos el Valor, la entereza y la fe para hacer cada día loa que Tu nos mandas, depositando ciegamente nuestra confianza en Tí…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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