Mateo 5,43-48 sean perfectos

marzo 11, 2017

Sean perfectos

Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

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Mateo 5,43-48 sean perfectos

Puedes leer el Evangelio aquí. 

Reflexión: Mateo 5,43-48

Qué lección tan grande nos da hoy el Señor. Se nos hace difícil entenderla, porque siempre preferimos quedarnos en la periferia de Su Palabra. ¡Es tanto lo que espera de nosotros, que nos da miedo y nos evadimos! Como frente a la inmensidad del océano, preferimos quedarnos en la orilla.

Cuántas veces reducimos todo a ser buenos. Cuántas veces hablamos de dar, e implicamos que hay que dar de aquello que nos sobra. Cuántas veces hablamos de ayudar y casi siempre implicamos un pequeño esfuerzo en algún sentido, pero sin llegar de verdad a comprometernos con nada, ni con nadie. El Señor espera más; mucho más.

No basta con hacer aquello que cualquier hombre “bueno” haría. El Señor no se contenta con los estereotipos de “bondad” que hemos establecido, en los que el “bueno” en realidad ni se compromete, ni se implica. El Señor quiere que vayamos más allá.

Hoy, mientras participaba en la Eucaristía recordé que en ese templo siempre antes de comenzar la Misa el Sacristán da el siguiente aviso: tengan cuidado con sus objetos personales; no se descuiden. Lo que hacía que todo el mundo ande pendiente de sus sacos, carteras y demás.

Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

Como yo fui con sombrero y lo había colocado sobre el asiento mientras estaba de pié, tuve varias veces la tentación de voltear a ver si aún seguía allí, pero de pronto pensé: ¿Qué haría si al volver descubriera que alguien se estaba llevando mi sombrero? La reacción natural sería increparle y reclamárselo. Sin embargo luego pensé que lo que el Señor hubiera querido que haga es llamarlo para darle también mi casaca.

Así de fuerte es el mensaje del Señor. ¿Cuán dispuesto estoy a aplicarlo en mi vida? Hoy estuve cenando en casa de un amigo luterano. La conversación giró en torno a la Ideología de Género, que en estos momentos tiene en vilo a muchas sociedades, pero particularmente a la peruana, donde –exactamente como indican los manuales más elementales-, autoritariamente y desde el gobierno se pretende imponer esta ideología en el currículo escolar.

Junto con revelar las burdas estrategias que vienen implementando los defensores de esta Ideología en el país, lo más interesante fue el acuerdo que teníamos en una idea que él saco a relucir con verdadero énfasis: Sabiendo que Dios está en control de la situación, aunque a veces veamos las cosas difíciles, no debemos perder la esperanza, porque suya es la victoria.

Por lo tanto, nuestra actitud, siguiendo el Evangelio, ha de ser la de amar a nuestros enemigos aun en estas circunstancias. Enfrentar esta confabulación sin el ánimo de derrotarlos, rechazarlos o aislarlos, sino de esclarecer con paz, con fe y con el afán de integrarlos. No podemos caer en la tentación de atacarlos, ni de emplear sus mismos métodos.

Tendremos que defendernos con la Palabra, tratando de iluminar cada situación, pero sin caer en la tentación de luchar y enfrentarlos con sus mismos métodos, pues es aquí precisamente donde debemos obrar como Hijos de Dios, con fe y esperanza, sabiendo que Dios está en control y que estamos llamados a la perfección, la cual pasa por humillarnos al extremo que sea necesario, sin por ello dejar de amar, incluso a nuestros enemigos.

Solo el amor puede hacernos repetir con Cristo, aun en la última hora: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Nuestra fe y nuestro amor deben ser así de grandes como los de Jesús. Es a la misma perfección del amor de Dos a la que estamos llamados. Él nos amó primero, es decir sin que lo mereciéramos y sin condiciones. ¡Ese es el ejemplo que debemos seguir!

Padre Santo, ayúdanos a amar sin condiciones. Que seamos capaces de iluminar el Camino de nuestros hermanos con Tu Palabra, conduciéndonos por el Camino de la paz y la misericordia. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que es Dios, que vive y reina contigo, por los siglos de los siglos amén.

Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

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