Mateo 5,43-48 – sean perfectos

junio 14, 2016

Texto del evangelio Mt 5,43-48 – sean perfectos

43. «Han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
44. Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan,
45. para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
46. Porque si aman a los que los aman, ¿qué recompensa van a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?
47. Y si no saludan más que a sus hermanos, ¿qué hacen de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?
48. Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

Reflexión: Mt 5,43-48

Esta es una de las principales exigencias contra la que choca nuestra sociedad laxa y permisiva. ¿Cómo se le puede pedir a alguien que sea perfecto? Es de locos, sostienen. Claro, porque acomodarse al Sistema y vivir según sus exigencias y mandatos es totalmente contrario. Sino fijémonos en algunas evidencias. De un tiempo a esta parte, los niños hacen lo que quieren. ¿Por qué? Porque les han hecho consentir a sus padres que deben ser libres y estos, en su ignorancia, confunde libertad con libertinaje, así que les dejan hacer lo que les da la real gana consintiéndoles en todo. Así van creciendo pensando que solo tiene que hacer un chasquido de dedos para que sus padres les den o les dejen hacer lo que les place. No es invento de un viejo resentido. Lo vemos en los templos, en los hogares y en los colegios. Los niños corren por donde quieren y son incapaces de mantener una postura adecuada en cada lugar. En sus hogares andan literalmente sometidos a esa máquina de adoctrinamiento que conocemos como televisión. No pestañean, ni son capaces de prestar atención a ninguna otra cosa que no sea su programa favorito y ay de quien ose quitárselo. ¿Quién va criando a estos monstruitos? La televisión con la complicidad de los padres, que a falta de una mejor oferta y antes que tener que esforzarse un poco más, pues están comprensiblemente agotados por el trabajo, prefieren tenerlos allí enganchados, porque por lo menos no molestan. ¿Pero qué hay de las sinapsis? ¿Esos surcos que se van gravando en nuestros cerebros de tanto hacer lo mismo, a las mismas horas y con los mismos mensajes? ¿Qué criamos? Consumistas, defensores y adaptados hasta la esclavitud a este sistema, como si no fuera posible si quiera reflexionar en otra opción. No, no hay reflexión posible. Y qué propone el sistema: una cultura individualista, consumista, utilitaria, práctica, desarraigada, egoísta, de espaldas a Dios, donde lo único que cuenta es la satisfacción personal, en la que los principales valores son la riqueza, la acumulación, la avaricia, el placer, el hedonismo, la competencia, la recompensa inmediata, al menor esfuerzo posible. Vivimos inmersos en una cultura de muerte y lo primero que hacemos con nuestros hijos es dejarlos al cuidado y entrenamiento de quienes la sostienen, demoliendo sus cualidades y personalidad, convirtiéndolos en un producto más del mercado, como si no hubiera más alternativa. Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

Si, somos conscientes del pesimismo que pueden transmitir estas líneas, pero es que no encontramos otra forma para invitarte a que te sacudas de esta esclavitud. ¡Nosotros hemos sido creados libres! Y libertad no es la que nos da este sistema que por el contrario nos aliena y esclaviza. Libertad es la que Dios nos da, para no convertirnos en un engranaje más de este sistema, en el que hemos sido todos masificados, convirtiéndonos en variables del consumo, sujetas a la dictadura de los mercados, que exigen cada vez más productos, en mayor cantidad, con diferentes atributos, para incrementar el consumo a cualquier precio, porque ello incrementa la utilidad del capital que ha de mantenerse siempre circulando y creciendo, sin detenerse a reflexionar en las consecuencias de las murallas que precisa derribar en su camino al éxito, permanentemente medido como el índice de incremento del margen o utilidad del capital. El Sistema, que todo lo engulle, lo allana o lo depreda, solo puede ser regulado por el hombre, con ayuda de Dios, pero si una parte de ellos, los que detentan el poder político y económico, renuncian a interferir mientras la situación les beneficia incrementando sus ingresos y su riqueza, y crean todos los mecanismos –filosóficos, ideológicos, éticos, morales, científicos, tecnológicos y políticos- necesarios para neutralizar a las mayorías afectadas y si estas se dejan engañar con el espejismo de la posibilidad de ocupar un espacio entre estos, lo que constituye una excepción que confirma la regla que establece que por el contrario, la riqueza se seguirá acumulando en cada vez menos manos a cambio del empobrecimiento de las grandes mayorías, tenemos las condiciones necesarias para señalar, como lo hace Jesús, que es el Dinero la causa de nuestra perdición y que por lo tanto tenemos que decidir entre Dios o el Dinero, porque nadie puede servir a dos señores. Al decidir por el Dinero, como lo hacemos socialmente y sin reflexión alguna, estamos sellando nuestra perdición y muerte. Al llevar a nuestros hijos tras esta quimera, estamos sellando injustamente su perdición. Tenemos que detenernos a reflexionar y actuar responsablemente. No podemos dejarnos llevar y arrastrar, como si no tuviéramos otra posibilidad. Hemos sido creados inteligentes, libres y dotados de voluntad. Hemos de aplicarlas para escoger lo que nos conviene. Y esta es definitivamente la propuesta que nos hace el Señor. Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

Ser perfectos como lo es nuestro Padre que está en los cielos es aspirar a los Bienes mejores. Es poderse sacudir de esta melaza insana que nos tiene sujetos como moscas pegados a este sistema inmundo. Claro, seguramente se dirá que pasar de esta declaración a levantar las armas contra los que ostenta el poder hay un solo paso y posiblemente muchos han llegado a confundirse de este modo, por no entender a Cristo, por no conocerle, por falta de FE. El Señor Jesucristo, Hijo de nuestro Creador, en su Sabiduría Infinita, nos viene enseñando cual es el Camino. ¡No es el de la violencia! ¡No es el de la revancha! ¡No es el de la desobediencia! Es el del amor, llevado al grado sumo de la perfección. ¡Siempre más! ¡Siempre mejor! Pero no en las tareas que apuntalan al sistema, no buscando el éxito, el reconocimiento, el aplauso y la recompensa de este mundo, sino del AMOR. La posición es totalmente extrema y distinta a la que propone este mundo. Por eso no podemos medir el éxito de su aplicación en función de las expectativas mundanas. Por el contrario, el mundo nos tomará por locos e incluso por tontos. ¿Si obramos de este modo seremos pasto del sistema? No, si actuamos de la mano del Espíritu Santo, si estamos con el Señor, porque Él hará que se multipliquen nuestros esfuerzos, asegurándonos una cosecha abundante, no de los frutos que busca y prefiere el sistema, sino de aquellos que ayudarán al cumplimiento de nuestra Misión: ir por el mundo llevando el evangelio, bautizando y enseñando a creer en Dios. Los que crean y se bauticen se salvarán. ¡Eso es lo que queremos, porque eso es lo que nos ha mandado el Señor! ¡En ello hemos de aplicarnos de modo tal que alcancemos la perfección! Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que caigamos en los engaños del Demonio, que bajo la fachada del éxito profesional, el lujo, la riqueza y el poder solo le interesa ganar nuestra alma y perdernos para siempre…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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