Mateo 5,33-37 – lo que pasa de aquí viene del Maligno

junio 17, 2017

Lo que pasa de aquí viene del Maligno

Sea su lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.

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Mateo 5,33-37 lo que pasa de aquí viene del Maligno

Mateo – Capítulo 05

Reflexión: Mateo 5,33-37

El Señor es muy preciso en Sus Palabras. Ya lo hemos dicho varias veces. En sus mensajes no hay desperdicio. No sobra ni falta nada. Él es nuestro ejemplo, incluso en eso. Ahora precisamente se refiere a ello, aunque en un sentido mucho más profundo.

Debemos acostumbrarnos a hablar lo necesario. No quiere decir que seamos parcos, pero hay gente que con tal de hablar, dice lo que sea. Hay que tener cuidado con las palabras que son como saetas y una vez que salen de nuestra boca, ya no vuelven.

Si hablamos sin ton ni son, por hablar, corremos el riesgo de decir disparates. Y, a algunos nos gusta chismosear. Esto es hablar por hablar y decir más de la cuenta. Si tenemos este hábito, muy pronto veremos cómo nos vemos envueltos en líos por nuestra lengua.

Podemos ser efusivos en nuestras expresiones de cariño. Todo lo que sea positivo, MIENTRAS SEA VERDAD, está bien. No andemos con zalamerías, pero peor aún, con MENTIRAS. No andemos inventando cosas para agradar. Pro curemos decir lo justo.

Sea su lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.

Cuando uno empieza a hablar más de la cuenta, el Demonio -¡que existe!- inmediatamente nos tienta. Los “boca floja” son sus favoritos. Estos que no pueden controlar la lengua y que les encanta ir llevando y trayendo secretos y chismes, son realmente una plaga Maléfica.

Cultivemos la prudencia en el hablar. Es bueno tener palabras de aliento, palabras de alago, palabras que den tranquilidad y esperanza, pero no abusemos cayendo en la exageración y la mentira. ¡No digamos mentiras! Ni si quiera las conocidas como mentiras piadosas. ¡No mintamos nunca!

Acostumbrémonos a decir siempre la verdad y que todo el mundo sepa que jamás mentimos. Ese es el mejor ejemplo que podemos darles a nuestros hijos. Que sepan que papá y mamá nunca mienten. Ellos aprenderán a reconocer el valor dela verdad y lo cultivarán.

Cuando uno dice la verdad su palabra adquiere valor. Si él o ella lo han dicho, así ha de ser, porque ellos nunca mienten. Oír que nuestros hijos digan eso será la mejor señal que estamos haciendo las cosas bien. Entonces, jamás será necesario jurar ni agregar una coma más a lo dicho. Nuestro no, será no y nuestro sí, .

Esto es lo que el Señor nos manda y es porque por la mentira entra el Demonio. La mentira y el engaño es su arma favorita y comienza con las pequeñitas, las inocentes. “Dile que no estoy” o “Dile que no me has visto” o “Dile que no sabes a qué hora volveré”. Por ahí se empieza. Luego pasamos a transgresiones mayores.

No es exageración, sino el mismísimo Señor no nos lo diría. Veamos cómo comienzan todos los engaños, todos los robos, todos los crímenes. Empiezan por haber hecho algo que sabemos que está mal y que queremos ocultarlo. No queremos que alguien en especial lo sepa, porque ello nos desacreditaría.

Queremos quedar bien a cualquier precio. Los primero centavos muy pronto se convierten en miles, luego en millones y finalmente en fortunas que empezamos a equiparar con algunas vidas. Es entonces que decidimos sacar de en medio a quien podría “perjudicarnos”: un anciano, un testigo, un bebe, la otra, el otro.

Y cuando todas las evidencias nos señalan y ya no podemos ocultarlo más, empiezan los engaños y los juramentos. Todas son tretas del Demonio que empezó a ganarse nuestra alma con la primera mentirilla. Él abrió nuestra cuenta en el banco de la mentira y empezó a abonar cada mentira y amostrarnos el balance cada vez que necesitábamos más dinero.

Cada mentira no solo representa un palito más en sus registros, sino un dinero mal percibido. Él se encargó de empezar a pagarte por cada mentira y mostrarte como cada una de ellas representa mayores ingresos. Luego, una vez encaminado y acostumbrado, empezó a mostrarte metas más ambiciosas.

De allí vienen las mentiras piadosas, de compararlas con las que ya mayores empezamos a usar. Más complejas, más peligrosas. Más gente involucrada, pero también más dinero y mejores ganancias. No siempre resulta tan evidente la recompensa económica, pero siempre la hay.

Por ejemplo cuando copiamos un examen. Pasamos de año, permanecimos en el mismo colegio o alcanzamos un título. ¿A cuánto hubiera ascendido la pérdida si no lo lográbamos? Pues eso fue lo que ganamos, “abriéndonos las puertas” además, a mayores ganancias.

¿Qué dimos a cambio? Tal parece que una serie de mentiras cada vez más grandes. Pero en realidad empezamos a empeñar nuestra alma al Diablo, al Maligno, que es como pretender caminar en el fango. Mientras más mentimos, más nos hundimos y más difícil se nos va haciendo salir.

El Maligno existe y cuando le abrimos las puertas, el entra y abre las ventanas y muchos más vienen a ocupar el lugar que hasta entonces ocupaba Dios. Y cuando sale Dios, cuando el Demonio nos toma por completo, estamos perdidos. No hay forma de salir. Solo Dios puede vencer al Demonio.

Jesucristo ha vencido al Demonio, pero tenemos que seguirlo para salir de sus garras. Para eso debemos seguir siempre la Verdad, caminar en la Luz y el Amor. ¡Siempre! ¿Te parece imposible? Tienes razón, lo es. Pero para Dios no hay nada imposible. Con su ayuda, con Él de nuestro lado, TODO es POSIBLE.

Solo tenemos que dar el primer paso. Decirle SÍ a Jesucristo. El resto dejémoslo en Sus manos.

Padre Santo, te pedimos que nos ayudes a Caminar siempre en la Verdad. Que no caigamos en las tentaciones del Maligno que pretende atraernos con sus mañas y engaños. ¡Nada se puede ocultar para siempre! Danos Tú Espíritu Santo para que nos guíe por la Luz y la Verdad, hasta alcanzar la Vida Eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Sea su lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.

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