Mateo 5,27-32 – cometió adulterio

junio 16, 2017

Cometió adulterio

Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo les digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

mateo-05-27

Mateo 5,27-32 cometió adulterio

Mateo – Capítulo 05

Reflexión: Mateo 5,27-32

A propósito del adulterio el Señor nos da a conocer la radicalidad de sus exigencias. El Señor no se queda en las formas superficiales, en las apariencias, sino que va al fondo. Son las actitudes, desde las intenciones las que debemos cuidar.

Y es que no podemos partir de lo que nos agrada, de lo que nos acomoda, de lo que nos da placer. No somos nosotros el centro de nuestro actuar. ¡No debemos serlo! ¡No vivimos para nosotros! Vivimos por Dios y para Dios, por lo tanto, para el prójimo.

Cierto, porque a Dios llegamos por el prójimo. Pero ¿Quién es el prójimo? Ya nos lo dice el Señor, en la Parábola del Buen Samaritano: cualquiera que necesite de nosotros, sin importar más. Reflexionábamos ayer en que todos somos Hijos de Dios y por lo tanto hermanos.

Antes que padre, madre, esposa, esposo o hijo, antes que cualquier otra relación, todos somos hermanos, porque pertenecemos a una misma familia, la familia de Dios, puesto que Él es nuestro Padre. Nuestros hermanos son nuestro prójimo. Debemos empezar por los que tenemos más cercanos, pero sin excluir a nadie.

Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo les digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

La vida está llena de vericuetos, de actividades, de exigencias, de encuentros. Cada vez que nos topamos, por lo que fuera, con un ser humano, tenemos que pensar que este es nuestro hermano y como tal, merece la redención de Cristo y por lo tanto nuestro amor.

Amar es un acto de la voluntad. No tiene nada que ver con el placer o el gusto. Que luego pueda gustarme estar con tal o cual persona, es humano. Pero nosotros estamos llamados a ir siempre más allá. No quedarnos en lo que nos atrae, en lo que nos resulta fácil e incluso agradable. Amar es dar, muchísimo antes que recibir.

Debemos disponernos a amar toda nuestra vida, empezando por este momento. Empezar a amar ahora, ya. No lo dejemos para después, para cuando nos encontremos con alguien, no. Dispongámonos desde ahora, anticipando todo aquello que debemos hacer hoy. Estamos en manos de Dios y el dispondrá lo que ocurrirá, pero hay encuentros que podemos anticipar hoy. Demos, antes de esperar recibir, a todo aquel que encontremos.

Seamos generosos con nuestro tiempo. Muchas veces es lo único que tenemos, lo único que podemos dar y lo que esperan los demás. No cuesta mucho. Es solo tener la buena disposición de dar, de atender, de comprender, de oír, de sonreír, de interesarse, de consolar.

El Señor nos pide y recuerda que debemos ser distintos. Nosotros estamos llamados a esforzarnos por aquella milla adicional. ¿Por qué? Porque nosotros sabemos a dónde vamos. Porque nosotros sabemos cuál es la meta. No somos ciegos. Ya no debemos serlo.

Si hemos sido bautizados, si nos esforzamos por llevar el Evangelio al mundo entero, es porque hemos conocido a Cristo y sabemos que nada puede superar Sus promesas. El Reino de Dios se ha acercado. Para nosotros es evidente. Estamos caminando hacia Él, tanto, que ya podríamos decir que estamos dando los primeros pasos en sus umbrales.

Siendo así, teniendo esta certeza que nos da Cristo, hemos de caminar por la vida sin perder de vista este horizonte, al cual todo converge. Nada tiene sentido si no está orientado, dirigido hacia este fin. Todo lo que hacemos adquiere sentido si nos acerca a la luz de Cristo. Lo que nos aleja, lo desechamos.

Nuestros afectos, nuestras acciones, nuestras palabras y pensamientos están orientados a este fin último. Por eso vivimos y amamos. Tanto nos acercamos a las personas, situaciones y cosas, en tanto nos ayudan a este fin y nos alejamos en tanto nos dificultan.

La Palabra de Dios va afinando nuestros pensamientos, sentimientos y propósitos. Hay mucha confusión en el mundo. Por eso vemos que todos parecieran caminar como ovejas sin pastor. Nosotros estamos limpios, porque la Palabra de Dios nos purifica, fortalece e ilumina.

Pero no se enciende una vela para meterla bajo la mesa. Sino que debe iluminar y guiar. Eso es lo que tenemos que hacer, sabiendo que donde debemos conducir a nuestros hermanos es a Cristo, porque allí está la paz y felicidad que buscan. ¡Eso es amar!

Esto es lo que estamos llamados a hacer. No se trata de pasarla bien, de divertirnos y ni si quiera de dar u obtener placer. Todo eso puede pasar, es verdad, pero sin que signifique la menor desviación del propósito que tienen nuestras vidas y que hemos descubierto a la luz del Evangelio.

Hemos sido creados para vivir eternamente felices, al lado de nuestro Padre Celestial, adorándole y alabándole. No porque Él lo necesite, sino porque la belleza de la Verdad, la hermosura del Amor, la Plenitud de Dios nos atrae y mueve nuestros corazones y nuestras almas a este encuentro inenarrable.

En nosotros no puede haber engaño, no puede haber mentira, no puede haber abuso, ni obtención de provecho, ni mezquindad, en el trato con nuestros hermanos. Solo puede haber amor, comprensión, consuelo, apoyo, compañía, orientación, advertencia, amistad, sacrificio…

Padre Santo, no permitas que caigamos en el adulterio de ninguna clase, ni con nuestras esposas o esposos, ni con nuestros amigos, ni con Jesucristo. Que no haya dobles, ni engaño en nuestro comportamiento. Que prime la luz de tu amor en cada uno de nuestros actos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo les digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

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