Mateo 5,20-26 – si su justicia no es mayor

Junio 9, 2016

Texto del evangelio Mt 5,20-26 – si su justicia no es mayor

20. «Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
21. «Han oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal.
22. Pues yo les digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.
23. Si, pues, al presentar tú ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24. deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
26. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

Reflexión: Mt 5,20-26

El Señor nos hace ver de diversas maneras la exigencia de Su Palabra, que va más allá de cuanto estamos habituados. No se trata entonces de hacer lo que todos hacen; nosotros estamos llamados a ir mucho más allá. Nos lo ha dicho de diversas maneras, así que debemos estar atentos y reflexionar al respecto. Fijémonos en la comparación que hace. Parece abismal la diferencia, sin embargo es claro que por ningún motivo podemos considerar como ejemplo o excusa para nuestro comportamiento la forma en que se comportan los escribas y fariseos, es decir los que detentan el poder, de los que sabemos que usualmente son hipócritas y practican la ley del embudo, es decir que siendo ellos los legisladores y los que tiene el deber de velar porque las leyes se cumplan, las aplican de un modo muy suigéneris, siendo muy permisivos con ellos mismos y exigiendo al extremo a los demás. Pues Jesús no nos dice tan solo que debemos ser justos en el sentido que todos esperan, incluso los hipócritas, sino que debemos ir más allá, al otro extremo. Entre dar la muerte a alguien y encolerizarse contra un hermano hay una distancia sideral, sin embargo el Señor quiere que rechacemos a tal extremo esta actitud, que la equipara. Es decir que para cualquiera de nosotros ha de ser tenido por un crimen el encolerizarnos con nuestros hermanos. A qué puede llevarnos esto, si no a vivir de tal modo que jamás, JAMÁS acudamos a la violencia en ningún sentido, ni física, ni verbal y podríamos agregar incluso ni de pensamiento, porque solo así podremos evitar cualquier manifestación externa de cólera. ¡Qué difícil! ¡Cuánto autocontrol se nos exige! Y es que el Camino que nos propone el Señor está muchísimo más allá de cuanto imaginamos o estamos acostumbrados a considerar. Jesús no quiere que hagamos lo que todos, así que la excusa aquella de “es normal”, porque “todos lo hacen”, no entra en ninguna de sus consideraciones. Nosotros hemos de actuar de otro modo, siguiendo el ejemplo de Jesús. Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Si nos detenemos a pensar en lo que estamos reconociendo, nos llega a dar incluso miedo. ¿Cómo comportarnos así? Estamos acostumbrados a responder cualquier ataque, incluso cualquier insinuación de ataque. No nos gusta que nos miren mal, que nos hagan gestos, ni que nos contradigan. No toleramos la mentira, ni la hipocresía, ni el abuso, lo cual es correcto. No podemos ser indiferentes a todo aquello que causa dolor o constituye violencia o injusticia contra nuestros hermanos o nosotros mismos, sin embargo, hemos de meditar mejor nuestras respuestas, porque no pueden ser las mismas de los escribas y fariseos, es decir las que justifica el mundo, porque nosotros no buscamos agradar al mundo, sino a Dios. Por lo tanto, si alguien te desaíra no invitándote a su fiesta o dándote el peor lugar o simplemente no saludándote en público para ofenderte o hacerte sentir mal, no le devuelvas con la misma moneda, que es lo que usualmente hacemos. Por el contrario, tú invítalo, dale el mejor lugar y salúdalo cuando lo encuentres. No lo harás ni por ti, ni por él, sino por el Señor, que como ejemplo de esta actitud llegó al extremo de dar Su Vida por nosotros. No se trata de un acto histriónico llevado a la pantalla, sino de un hecho real. Jesús recibió y aguantó tan brutal castigo, con tal saña, que finalmente –como hombre-, no le quedó nada más que expirar. Lo soportó todo por nosotros, por nuestra salvación y por cumplir con la Misión que Dios Padre le había encomendado. Como hombre, pudo reaccionar, llenándolos de improperios y defendiéndose violentamente. Siendo Dios, cuanto más aún, pudo desaparecer a los que tanto daño le estaban haciendo. Sin embargo Él sabía que tenía que aguantarlo para cumplir Su Misión y para darnos ejemplo, diciéndonos con su propia vida, muerte y resurrección, que todo esto es posible. Que solo tenemos que amar y creer en Él. Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Alguien podrá decir que esto podía haber sido relativamente fácil para Él, porque después de todo era Dios. Y hasta cierto punto podría tener razón. Sin embargo no debemos olvidar que Jesús es verdadero Dios y verdadero Hombre, algo que nos resulta difícil comprender, porque constituye un Misterio Divino Único. Pero son muchas las cosas que hizo Jesucristo que dan testimonio de esta única y especial condición, que tenemos que aceptar por más misteriosas que nos parezcan, porque no tienen explicación nada más que en su Divinidad. Hemos de creer en Él. Sin embargo inmediatamente surgirá la siguiente objeción. Está bien, aceptemos que esto es posible para Dios, pero ¿cómo sería posible para nosotros? Y ahí encaja, con la misma lógica, lo que el Señor nos enseña: que todo es posible para Dios. En otras palabras si estamos con Él, si confiamos en Él, todo aquello que nos parece imposible, que de hecho nos resultaría imposible a nosotros, será posible con Dios, porque para Él no hay nada que no se pueda, nada imposible. Por lo tanto, todo esto que se nos pide aquí, ha de ser lo que nos propongamos hacer cada día; esta debe ser nuestra actitud para enfrentar toda situación, pensando tan solo en hacer la Voluntad del Padre. Difícil, cierto, sobre todo porque tenemos muchos malos hábitos en nuestro comportamiento. No nos gusta dejarnos “pisar el poncho”, como decimos en Perú. Siempre queremos tener la última palabra y esta ha de ser una reivindicación o un reconocimiento a nuestro esfuerzo. Difícilmente nos humillamos, no dejando que la injusticia prevalezca, no, pero promoviendo la paz, la distensión y la comprensión, sin calificar, ni insultar; sin reclamar algún trofeo, como el reconocimiento de nuestra inteligencia o de la estupidez o testarudez de nuestro ocasional adversario. Tener actitudes de promoción y respeto a la dignidad de la persona humana, como hija de Dios, se torna difícil cuando tenemos en la punta de la lengua los peores calificativos imaginables, sin embargo este es el esfuerzo adicional que nos pide el Señor, el cuál no podremos lograr SIN SU PARTICIPACIÓN Y AYUDA. Por eso es tan importante llevar una vida de oración; para permanecer siempre en contacto con la Única fuente de Vida Eterna: nuestro Señor Jesucristo. Porque les digo que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a perdonar a todo el que nos ofende o agrede, a no devolver mal por mal, a esforzarnos por construir buenas relaciones incluso con quienes nos guardan enemistad y antipatía. Refrena nuestra lengua y nuestros pensamientos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Mateo 5,20-26. Perdona a tu hermano

como puedes tu orar enojado

Yo Te Perdono

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