Mateo 5,17-19 – será grande en el Reino de los Cielos

junio 13, 2018

será grande en el Reino de los Cielos

“Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.”

Miércoles de la 10ma Semana del T. Ordinario | 13 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

será grande en el Reino de los Cielos

Hay una sola ley. Es la misma desde siempre. Hay continuidad entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Y esto es muy lógico, aun para nuestra mentalidad humana, pues de otro modo habría incoherencia y Dios no puede ser incoherente.

Por otro lado, Dios es Absoluto, es Eterno. Es el mismo hoy, ayer y siempre. Permanece inmutable. Dios no evoluciona, no cambia. Somos nosotros los que necesitamos evolucionar, cambiar y progresar en el entendimiento de las cosas.

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Dios sigue siendo el mismo y nos ama hoy, como nos amó cuando fuimos creados. Su amor no tiene límites, por lo tanto tampoco puede incrementarse, ni disminuir. Es inmutable. Nos ama gratuitamente desde siempre y para siempre.

No hay nada que hubiéramos podido hacer para que nos ame más. Tampoco hubo, hay ni habrá mérito posible que haga que nos ame más. Él nos ama siempre igual, lo cual no es decir poco, ni tampoco degradar el amor que nos tiene.

Siendo así, alguien podría preguntar, en qué consiste entonces la Condenación y qué la Salvación. Parecen muy buenas e incontestables preguntas, pero en realidad no lo son. Jesucristo nos ha revelado que Dios es nuestro Padre y que nos ha amado desde siempre, aun antes que naciéramos.

Por lo tanto, volvemos a lo que mencionábamos en los párrafos anteriores. No hay ningún mérito nuestro en eso, ni nada podría hacer que nos ame más. Él nos ama y por eso quiere que alcancemos la plenitud para la cual fuimos creados, viviendo eternamente.

La Condenación o la Salvación corresponden a decisiones nuestras. Es decir que somos nosotros los que decidimos Salvarnos, si seguimos el propósito para el cual fuimos creados o Condenarnos si por el contrario lo rechazamos.

El ingrediente determinante allí es nuestra libertad, aquella de la que hablamos tanto, confundiéndola muchas veces. Somos libres para hacer lo correcto. Somos libres para hacer lo mejor. Somos libres para escoger el Bien Mayor.

Mientras obremos de este modo, estaremos haciendo correcto uso de la libertad con la que Dios nos dotó. Dios, en Su Sabiduría Infinita supo desde antes de crearnos, que tendría que hacernos libres, para que alcancemos la plenitud por nuestra propia decisión.

Amándonos tanto, así lo hizo y así nos puso en el Jardín del Edén, que es una realidad bellamente narrada en el Libro de Génesis. No había forma que nos condenáramos si obrábamos conforme a nuestra inteligencia y voluntad.

Sería de necios e irracionales escoger aquello que nos haga daño, que nos impida alcanzar la plenitud para la cual fuimos creados. Y, sin embargo ocurrió. ¿Por qué? Porque fuimos tetados por el Demonio para hacer aquello que sabíamos que no debíamos hacer.

En un momento de flaqueza y debilidad, dudamos de la Palabra de Dios y preferimos creer al Demonio, siguiendo nuestro propio camino, aun a sabiendas que era contrario al que el Señor nos había indicado. Fue un arranque de debilidad, orgullo, soberbia, incredulidad e irracionalidad.

Cualquiera se equivoca, es verdad. Pero hay que ser muy testarudo para persistir en el error. Y eso es lo que nos ha ocurrido a lo largo de la historia. La Verdad sobrenatural e inamovible revelada por Dios no ha cambiado.

Dios sigue esperándonos con los brazos abiertos, para vivir eternamente, conforme Su deseo y promesa. Sin embargo somos nosotros los que nos empeñamos en seguir en el error. Y es que en ese camino no estamos solos.

Es el Demonio, que se ha revelado contra Dios, el que nos arrastra con astucia por este camino. ¿Por qué? En primer lugar, porque nos dejamos tentar, porque hemos perdido la fe en Dios. Y en segundo lugar porque él nos ha engañado haciéndonos creer que no necesitamos de Dios.

¿Por qué hace esto el Demonio? Porque está en pugna con Dios, una pugna que desde luego está sentenciado a perder, pero que se resiste a aceptar, dañando gravemente a la humanidad por su capricho. Pero Dios no quiere que ni uno de nosotros se pierda.

Por eso llegado el tiempo envió a Jesucristo Su Hijo, a Salvarnos. Él ha sido levantado por sobre todo para derrotar a la muerte, a la oscuridad, a la mentira y al Demonio, mostrándonos el Camino al Reino de los Cielos, para el cual fuimos creados.

Él ha venido a Salvarnos y ha cumplido Su Misión. Nosotros tenemos que escucharle y hacer lo que nos dice. Solo debemos creer en Él para Salvarnos. Si creemos, haremos lo que nos manda. Si hacemos lo que nos manda, alcanzaremos la plenitud de la Vida Eterna.

¿Qué nos manda? Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. El amor es el Camino de la Salvación. No estamos solos, ni depende de nuestras propias fuerzas hacer este Camino.

Dios nos ha enviado al Espíritu de Dios, como nuestro Defensor y Guía hasta la Verdad completa. Solo tenemos que invocarle a través de la oración y dejarnos llevar. No hay forma que nos perdamos. Solo tenemos que empezar a caminar, invocando Su Nombre.

No nos Salvaremos porque las leyes hayan cambiado o se hayan hecho menos exigentes. Estas son inmutables. Permanecen iguales hoy, como siempre. Nos Salvaremos porque creemos en Dios, le invocamos, le oímos y le seguimos.

Oración:

Padre Santo, permítenos entender y creer que solo debemos invocar la ayuda del Espíritu Santo para que Él nos defienda y guíe por el Camino hasta la Verdad completa. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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