Mateo 5,13-16 – que vean sus buenas obras

junio 12, 2018

que vean sus buenas obras

“Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.”

Martes de la 10ma Semana del T. Ordinario | 12 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

que vean sus buenas obras

Nosotros, los cristianos, en un mundo en que los derechos han ocupado el centro de atención de todo el género humano, tenemos el DEBER, la obligación de dar testimonio de Jesucristo con nuestras obras. No se trata de algo opcional.

Son nuestras obras, nuestro proceder, nuestra forma de actuar frente a cada situación y circunstancia que la vida nos presente, las que deben dar cuenta de nuestra fe, para mayor gloria de Dios. No es lo que decimos lo que importa, sino lo que dicen los demás de nosotros.

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No se trata de aquella preocupación frívola por el qué dirán, que hacen las personas superficiales que se ocupan de cada detalle de su vestir, de su maquillaje, de su aroma, de la imagen que transmiten al presentarse, atentas a los halagos que van despertando.

Es, más bien, la obligación que tenemos de hacer notar, a través de nuestros actos, que todo lo hacemos movidos por la fe en el Dios Verdadero, en nuestro Padre Celestial, por quién vivimos y somos. Por sus obras los conocerán, dice el Señor.

Que no haya ni un atisbo de egoísmo, de conveniencia, de corrupción, de aprovechamiento, de explotación, de orgullo, de necedad, de soberbia, de ambición, de lujuria, de venganza. Que no obremos condicionados por una recompensa.

El Camino del Señor, el Camino de la Verdad y la Vida, es un Camino de virtud, de fe, de justicia, de esperanza, de modestia, de generosidad, de entrega, de humildad, de desprendimiento, de amor. Es un Camino ejemplar que nos configura, nos hace semejantes a Cristo.

Nuestras obras deben brillar de tal modo, que atraigan la atención de todos los hombres y dirijan su mirada al artífice de todo cuanto existe: a Dios. Solo entonces estaremos dando gloria a Dios con nuestra propia existencia.

Tenemos puesta la vara muy alta. No nos conformemos con menos y cuidemos de no caer en la tentación de vanagloriarnos con lo que hemos sido capaces de hacer, que no hubiéramos hecho nada sin la ayuda e intervención directa y constante del Espíritu Santo. ¡A Él le sea la Gloria!

Dejemos, pues, de divagar y pongámonos a trabajar con un solo propósito: hacer la Voluntad de Dios. ¿Cuál es esta Voluntad? La conocemos por los Evangelios. Nos la ha revelado Jesucristo. Que nuestra alegría alcance su plenitud, en el Reino de los Cielos.

Hemos sido creados por Dios para vivir eternamente. Nosotros lo sabemos. ¡Que lo sepa la humanidad entera! ¡Para que todos quieran alcanzar el propósito para el cual fuimos creados! Ello dará Gloria a Dios, por quién vivimos y somos.

Empecemos cada día orando, agradeciendo por todo cuanto hemos recibido y poniéndolo todo a disposición del Señor, para hacer Su Voluntad. Pidiendo el auxilio del Espíritu Santo, sin cuya intervención nos será imposible alcanzar esta meta.

Recordemos contraponer a este mundo lleno de derechos, a través de los cuales el Demonio pretende tentarnos, desviándonos y apoderándose de nuestras voluntades, los DEBERES que tenemos con Dios y con nuestros hermanos. Deberes que nos obligan a brillar.

Oración:

Padre Santo, danos la capacidad de repetir con San Francisco: Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, ponga amor. Donde hay ofensa, ponga perdón. Donde hay discordia, ponga unión. Donde hay error, ponga verdad. Donde hay duda, ponga Fe. Donde desesperación, ponga esperanza. Donde hay tinieblas, ponga luz. Donde hay tristeza, ponga alegría. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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