Mateo 5,13-16 – Brille así su luz

junio 9, 2015

Texto del evangelio Mt 5,13-16 – Brille así su luz

13. «Ustedes son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.
14. «Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.
15. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.
16. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Reflexión: Mt 5,13-16

Son muy lindas las palabras que dedica el Señor a sus discípulos y a la multitud que le oye y del mismo modo, a través de ellos, a nosotros. ¡Está en nuestras manos dar sabor y luz al mundo! ¿Cuántas veces nos quejamos porque todo parece una desgracia, todo es oscuro y caminamos en penumbras, habiéndose convertido el hombre en lobo del hombre? Entre hermanos nos matamos, nos engañamos, nos hacemos trampa y nos aprovechamos unos de otros. El mundo parece un lugar insufrible, del que todos queremos escapar, cada quien a su modo. Unos, dándole la espalada a todo lo que aparentemente no nos toca de modo personal, es decir, desentendiéndonos de lo que ocurre a nuestro alrededor con nuestros hermanos. Las cosas están tan difíciles, nos decimos, que ya bastante tenemos con lo nuestro. Más bien, huyamos de aquellos que hacen muchas olas, no vaya a ser que nos lleven al fondo con ellos. Otros hemos aprendido a vivir de los errores y torpezas de los demás, engañándoles y haciéndoles creer cosas muchas veces imposibles, que por alcanzarlas, por ambición o por temor, están dispuestos a darnos lo que sea. Así somos -por ejemplo-, los políticos populistas que llegamos al poder con una serie de cuentos y promesas, la mitad mentiras que no podremos cumplir, ni tenemos la intención de hacerlo, pero que nos permiten hacernos de los votos necesarios para acceder al poder y con ello, a la oportunidad de enriquecernos como jamás lo habíamos soñado. Otros, finalmente, huyen dedicándose a una vida vertiginosa, acelerada, en la que no hay tiempo para pensar, en la que la adrenalina los gobierna, hasta que despiertan y ya es demasiado tarde, porque se han vuelto criminales, ladrones, chantajistas, drogadictos, perversos e inmorales. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Y sin embargo, el Señor se refiere a nosotros como la sal y la luz del mundo, lo que quiere decir que tenemos en nuestras manos cambiar el color de este planeta, llevando esperanzas a los que sufren. ¡Es posible que todo tenga otro color! ¡Qué en lugar de oscuridad y sombras, se vea todo iluminado y transparente! ¡Está en nosotros alcanzarlo! ¡Nosotros podemos hacerlo! Es más, el Señor nos dice que debemos hacerlo, de otro modo no servimos sino para ser echados a la basura. Nada de lo que hemos recibido es para guardarlo y ponerlo a buen recaudo, a fin que no se pierda ni se gaste. Tenemos la obligación, el deber de dar sabor y luz y esto no se puede lograr si no ponemos en juego todos los recursos de los que disponemos, no solo espirituales o intelectuales, sino también materiales. No se trata solamente de señalar en grandes discurso lo que se debe hacer o lo que no se hace, sino de ponerse manos a la obra y señalar con el propio testimonio de vida lo que se debe hacer. Tenemos la obligación de dar testimonio, de iluminar el camino de nuestros hermanos con nuestro ejemplo. Esto es algo que no siempre tenemos en claro, lamentablemente. Creemos equívocamente que se trata de ser buenitos; es decir, inocuos, pasando desapercibidos, cuando en realidad debemos estar dispuestos a dar ejemplo y eso solo se logra haciendo que las miradas se posen en nosotros, llamando la atención, como la luz en lo alto de una montaña. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Los cristianos, entonces, no estamos llamados a ser los simplones de nuestra sociedad, a los que ni se les oye, ni escucha, porque pasan totalmente indiferentes y desapercibidos en las situaciones que vive el pueblo. Los cristianos, por nuestra fe, sabemos que Cristo ha vencido al mundo, que por lo tanto no hay nada ni nadie que pueda oponerse a Su Voluntad, que es Salvarnos a todos y que consecuentemente es incompatible con la destrucción, la muerte, la mentira, el abuso y la injusticia. El que se aprovecha de sus hermanos, sin ningún escrúpulo, atentando contra su integridad física y su dignidad, comete una afrenta contra el mismísimo Jesucristo y todos los que callamos –por lo que fuere-, somos cómplices. Dicho de otro modo, no porque sean unos pobres negros africanos los que se ahogan todos los días en el mar mediterráneo y nosotros vivamos a miles de kilómetros dejamos de ser responsables, si no somos capaces de fomentar en nuestros hogares, en nuestros colegios, en nuestras universidades, en nuestras empresas, en nuestros gobiernos, la justicia, la verdad, la ética y la honestidad. Y también, cómo no, procurando brindarles consuelo y algún tipo de ayuda a estos hermanos que han perdido toda esperanza, al extremo de poner sus vidas en juego con tal de encontrar una salida al infierno en que viven. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Cada vez que mentimos y damos la espalda a nuestros hermanos que sufren injusticias –con nuestra sola indiferencia-, nos hacemos cómplices de la muerte, la mentira, la oscuridad y la corrupción que trata de engullir a nuestro mundo y no servimos nada más que para tirarnos a la basura. Nosotros estamos llamados a brillar y a dar sabor a este mundo, siendo ejemplo, dando esperanza y buscando salidas constructivas y justas, que nos permitan vivir en armonía, dando preferencia a los que menos tienen, a los más frágiles, a los que sufren. No nos sentemos a esperar que otro lo haga; no nos excusemos. Pensemos que si nosotros no lo hacemos, nadie lo hará. Para ello contamos con el apoyo de Dios. Que brille nuestra luz para llevar a todos nuestros hermanos a la Vida Eterna, ese es el único objetivo. No se trata que nos miren para admirarnos lo valientes, intrépidos o inteligentes que somos, sino porque mirándonos descubrirán a Jesucristo y con Él el Camino de la Salvación de la Humanidad Entera. Nosotros sabemos que Cristo ha Resucitado y de este modo ha vencido a la muerte, con lo que la Salvación está sellada y garantizada. Esta es una Buena Noticia que todo el mundo tiene que conocer, porque solo hay un Camino para la Humanidad y ese es el que Jesús ilumina y nosotros con Él. Permanezcamos unidos a Él haciendo lo que nos manda y muy pronto participaremos del Reino de Dios, sin importar los avatares por los que tengamos que atravesar para alcanzarlo. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos apartemos de ti, que caigamos en el egoísmo, el temor o la desesperanza, sino que fortalecidos por Tú Palabra y los Sacramentos, seamos uno con Cristo e iluminemos a nuestros hermanos, de modo tal que sea a Él a quien vean en cada una de nuestras obras…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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