Mateo 5,1-12a – Bienaventurados serán cuando los injurien

Noviembre 1, 2015

Texto del evangelio Mt 5,1-12a – Bienaventurados serán cuando los injurien

1. Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.
2. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
3. «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
5. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
6. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
7. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11. Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.
12. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos;

Reflexión: Mt 5,1-12a

Es preciso insistir en que no encontraremos en las palabras de Jesús justificación para nuestros actos, no si lo que buscamos es su anuencia para seguir comportándonos dentro de los parámetros establecidos por la sociedad relativista, egoísta, hedonista y consumista en la que vivimos. El Señor no aprueba ni una sola de estas actitudes y no puede hacerlo, porque Él sabe que estas son el origen de nuestros males. Allí están enumeradas una por una las actitudes cristianas –como Bienaventuranzas-, que se encuentran en las antípodas de aquello que soporta nuestra sociedad salvaje e inhumana. Ninguna de ellas nos llevará al éxito en los negocios, a la riqueza o al poder político o social. No podremos considerarnos cristianos si no somos capaces de vivir estas Bienaventuranzas y si lo hacemos, nos expondremos a ser despreciados y tenidos por poca cosa. Nos engañamos si creemos que podemos ser cristianos y gozar de prestigio en los círculos sociales frecuentados por los ricos y poderosos, porque el cristianismo y la riqueza son incompatibles. Lo serán mientras haya pobreza y miseria en el mundo, mientras haya millones de niños desnutridos, mientras hayan millones que no tienen acceso a los medios necesarios para cubrir sus necesidades básicas. Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.

El Señor nos está proporcionando un listado con todo aquello que nos ocurrirá si vivimos cristianamente. Nos está diciendo que si sentimos que en nuestras vidas ocurren episodios, marcados por la pobreza, por el hambre, por la falta de recursos y sin tener a quien acudir, porque somos tímidos, porque no queremos molestar, ni ser carga para nadie, seremos Bienaventurados, porque encontraremos la misericordia de Dios, seremos saciados y recibiremos consuelo. El cielo es de aquellos que padecen nuestra indiferencia, nuestra falta de solidaridad, nuestra falta de tiempo y dedicación. Bienaventurados ellos. ¿Pero qué hay de nosotros, de los que estamos al otro lado? Prestemos atención a las personas, a nuestros familiares y amigos que atraviesan este tipo de circunstancias, porque son ellos los Bienaventurados, son ellos los que gozan del amor y predilección de Dios. Ellos serán colmados y consolados por Dios. De ellos será el Reino del Cielo. Si este es el mejor destino al que podríamos aspirar, no tendríamos que exigirnos obrar de tal modo que –imitándolos-, nos acerquemos también a él. Si somos cristianos, ¿no debemos buscar el Cielo? Si las Bienaventuranzas nos acercan a Dios, ¿no debíamos hacer de alcanzarlas nuestro mayor empeño? Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.

¿Cómo ser pobres de espíritu? Conozco una madre que hoy está que muere literalmente, sola y abandonada por su única hija, a quien le dio todo lo que tenía y más, sin pedir nunca nada a cambio. Una vez que esta hija se casó, formó su familia y se fue a vivir lejos, la madre tuvo el tino y la fortaleza de no inmiscuirse en sus vidas. Pasaron los años y llegaron la ancianidad y las enfermedades, las que afrontó siempre sola, con tal de no alarmar, ni incomodar a su hija y mucho menos irrogarle gasto alguno, hasta el punto que hoy se muere, sin que esto logre conmover lo suficiente a su hija para dejar su rutina y obligaciones e incomodarse un poco por ella, como exigen las circunstancias. Se acostumbró de tal modo a que no la molestaran, que se endureció, se volvió “practica” e indiferente. Mientras la madre –pobre de espíritu- muere sola, abandonada, arrinconada, la hija –a la distancia- espera el desenlace fatal, con los papeles listos para el entierro, cuando llegue el momento, sin si quiera considerar la posibilidad de desinstalarse un poco para procurarle los cuidados y el amor que necesitaría para mejorar y tal vez prolongar algo más su vida, lo suficiente para por lo menos agradecerle. Nuestra forma práctica, utilitarista de ver el mundo no se ajusta a la visión amorosa de Dios. Por eso nos cuesta entender las Bienaventuranzas. Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.

El descarte de los viejos está de moda. Vivimos demasiado y no tienen donde ponernos, sin que molestemos. A los niños no deseados, los abortas, con la excusa que tú decides sobre tu cuerpo. ¿Y qué se hace con los viejos indeseados? La eutanasia o el simple abandono indiferente, librando su subsistencia al azar. ¿Qué será peor? Nos conformamos con mirarlos desde lejos. Conozco el caso de otra anciana mujer, próxima a cumplir los cien años, que ha sido abandonada a su suerte, junto con su hermana anciana como ella y un hijo –ya mayor también- con severos trastornos mentales. Este fue el motivo por el cual su otro hijo, un catedrático de renombre, la dejó siempre abandonada, porque en su casa no querían a la anciana y mucho menos a su hijo “enfermo”. Teniendo la posibilidad de llevarse a su anciana madre a vivir con él, en su casa, a fin de prodigarle el amor y cuidados que ella necesitaría los últimos años de su vida, prefiere mantenerla lejos, a cargo de una “profesional” que va por horas, mientras que él se esfuerza por “visitarla” de vez en cuando, cuando sus múltiples ocupaciones se lo permiten. Horas y días pasa sola, mirando por la ventana, esperando…esperando…¿Esperando qué? Su “pecado”: llegar a vieja, sin una interesante fuente de ingresos y con un hijo “enfermo”. ¿No será Bienaventurada? Y mientras ellas son Bienaventuradas, ¿nosotros qué? El Señor no nos condena, porque no ha venido para eso, sin embargo nos hace ver cuál ha de ser nuestro comportamiento si queremos alcanzar la Vida Eterna. ¿Hay algo que valga más que esta promesa de Jesús? ¿Creemos o no creemos en Dios? Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa.

Oremos:

Padre Santo, perdónanos por ser tan indiferentes, por no jugarnos hasta lo último con tal de añadir un segundo más a las vidas de nuestros hijos o nuestros padres. Perdónanos por aferrarnos tanto a la comodidad, al extremo de preferir perder cualquier cosa antes que nuestra estabilidad y comodidad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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