Mateo 28,16-20 – Me ha sido dado todo poder

mayo 27, 2018

Me ha sido dado todo poder

“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado…”

Domingo 8va Semana del Tiempo Ordinario | 27 de Mayo del 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Me ha sido dado todo poder

Hoy celebramos a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios Verdadero. Un solo Dios con tres personas. Es mucho para quien no puede siquiera creer en un solo Dios.

Jesucristo nos dice que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra…Todo poder, Dios, Trinidad, cielo y tierra. Palabras muy difíciles de entender para quien no tiene fe. Y será imposible tener la fe necesaria si no hemos recibido el Espíritu Santo.

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Son todos estos temas propios de una vida sobrenatural. No estaría al alcance nuestro si Dios mismo no nos lo permite. Es decir, que es Gracia de Dios que podamos reconocerle, amarle, adorarle y servirle. Somos muy poca cosa para creer por nuestra propia cuenta.

Y, sin embargo, a pesar de nuestra pequeñez, hemos de ser inmensamente grandes e importantes para ser el objeto del amor e interés de Dios. ¿Qué hemos hecho, qué hemos podido hacer para merecerlo? ¡Nada!

Eh aquí el primer misterio incomprensible para quien no tiene fe. Dios nos ama sin merecerlo. Dios nos ama porque esa es Su Voluntad, porque Él así lo quiere. Pero, ¿quién es este Dios para hacernos depositarios de tan grande obsequio?

¿Cómo entender a Dios? ¿Cómo explicar a Dios? ¿Cómo medir, pesar, dimensionar a Dios? Esto es algo que no podemos responder aplicando la pura razón, porque está más allá de nuestra capacidad de entender y razonar. Es lo primero que tenemos que reconocer.

Y aunque a los que quieren racionalizarlo todo les cueste entender, porque han erigido a la capacidad del hombre como la medida de todo lo que es o puede existir, es una verdad de Perogrullo que siendo Dios de una naturaleza distinta, es imposible que el hombre lo contenga de cualquier modo, por lo que ello tendría que ser suficiente para aceptarlo y rendirse, sin más.

Este razonamiento lo explicaba San Agustín hace casi 20 siglos, con aquella historia de un niño que habiendo abierto un agujero en la arena, iba y venía con agua del océano, con la pretensión de contenerlo todo, lo que desde luego resulta imposible.

Eso mismo nos pasa a los hombres, desde los menos entendidos, hasta las lumbreras: ¡Nadie puede contener a Dios! ¡Nadie alcanza Su medida! ¡Nadie llega a Su Sabiduría! ¡Él es La Verdad y La Vida! ¿Cómo lo sabemos? Porque Jesucristo nos lo ha revelado.

¿Qué quiere decir que es La Verdad? Que todo lo que permanece inexplicable y desconocido para nosotros, Él lo sabe, lo controla y lo domina. Que Él tiene todas las respuestas a los misterios más insondables que inquietan a los más grandes sabios de la humanidad.

Quiere decir que Él lo sabe todo, que no hay nada oculto para Él. Que lo atraviesa todo de arriba abajo; de principio a fin. Que Él estuvo antes de que nada fuera y que estará después. Que no tiene límites. Que es la Luz que disipa toda tiniebla.

Siendo así Dios, ¿qué tiene que ver con nosotros? Que nada existiría si no fuera por Él, incluyéndonos a nosotros. Esto quiere decir que Él nos creó. ¿Por qué? ¿Para qué? Aquí tenemos otra revelación confirmada por Jesucristo: por amor y para el amor.

Es que Dios es amor. Es amando. Se manifiesta en el amor. Se le reconoce e identifica por sus evidencias, por sus huellas y estas son de amor. Podemos hacer un símil con el Sol, como seguramente pretendieron hacerlo los Incas. Dios es Amor, como el Sol es luz y calor.

Sin la luz y el calor que emana del Sol no sabríamos de su existencia y si vamos un poco más allá, no habría habido vida en la Tierra. No al menos como la conocemos. No existiríamos, ni tampoco los animales y plantas.

¿Quién pudo hacer todo esto tan perfecto y equilibrado? ¡Solamente pudo hacerlo alguien superior a todo lo creado! ¡Dios! Pero este Dios, que además es perfecto, tiene un rasgo fundamental, que seguramente es sinónimo de esta perfección: es Amor.

¿Qué implica que sea Amor? Que se realiza amando. Dios es amando. No tiene otra forma de ser. Por eso, todo lo que ha salido de sus manos, todo lo que ha sido creado por Él, ha sido Bueno. Y en medio de este Universo puso al hombre, creado a Su Imagen y Semejanza.

Por Jesucristo sabemos que Dios nos ama como un padre a sus hijos. Que nos ha creado para ser felices y para vivir eternamente. Él quiere que nuestra alegría sea plena. Y lo será en la medida en que hagamos Su Voluntad.

Tenemos un talón de Aquiles los hombres, que al crearnos Dios a Su Imagen, nos dotó de inteligencia, voluntad y libertad, para que decidiéramos libremente lo que hacemos con nuestras vidas, haciéndonos capaces de discernir y escoger obviamente lo mejor, lo que más conviene.

Lamentablemente, por soberbia y por tentación del Demonio, un Ángel caído en desgracia, hemos sido engañados, induciéndonos a escoger el camino opuesto a aquél para el cual fuimos creados, llenándonos de dudas, temores y egoísmo.

El Demonio se ha puesto a competir con Dios, en una batalla que la tiene de antemano perdida, para arrebatarnos de sus manos. ¿Por qué? Porque odia a Dios. Porque quiso ser mejor que Él y por eso fue separado y condenado a padecer eternamente.

El Demonio no puede vencer a Dios, sin embargo si puede dañaros, porque somos libres para elegir entre Dios o el Dinero, que es otra forma de llamar al Demonio. ¿Por qué? Porque el Demonio representa todo lo que el Dinero encarna.

¿Qué puede pasar si no seguimos a Dios, es decir, si no hacemos lo que nos manda? Que no alcanzaremos la Vida Eterna, el destino para el cual fuimos creados. ¿Qué pasará si seguimos al Dinero o al Demonio? Que nos destruiremos y moriremos para siempre.

Por lo tanto, solo hay un Camino. El Camino es Jesucristo. Es decir, oírle y hacer lo que nos enseña y manda. Para eso le envió Dios Padre. Para salvarnos de las asechanzas y engaños del Demonio. ¿Cómo nos salvó? Confirmando lo que los profetas venían repitiendo y cumpliendo las promesas reveladas por los profetas.

Cristo, el Hijo de Dios, vino a salvarnos y lo hizo viviendo, muriendo y resucitando al tercer día, tal como lo había anunciado. Cristo nos enseña que el Camino es amar a Dios por sobre todo y al prójimo como Él nos ha amado.

Dios Padre nos crea por amor y Jesucristo, el Hijo viene a salvarnos del engaño de Demonio, dejándonos al Espíritu Santo para que nos defienda y guíe hasta la Verdad completa. Padre, Hijo y Espíritu Santo trabajan en una comunidad de amor, para salvarnos, por amor.

¿Por qué Dios, que es Uno y Trino, se tomaría semejantes molestias con nosotros? Por amor. Este es precisamente el mejor ejemplo del amor verdadero, que es incondicional, gratuito y sin límites. Así es el amor de Dios para con nosotros.

Así debe ser el amor nuestro con nuestros semejantes. Ese es el Camino que nos llevará a la Vida Eterna, para la cual fuimos creados. Todos debemos ir. No hay Misión que se ajuste más al amor de Dios que hacer Su Voluntad.

Esta Voluntad es la que expresa Cristo en el Evangelio de Hoy: “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado”.

Para eso ha recibido Jesucristo todo el poder de Dios. En otras palabras, el éxito de la misión está garantizado. Sin embargo depende de nosotros el alcanzarlo, porque somos libres para aceptar este Plan o rechazarlo.

Con el propósito de ayudarnos, fortalecernos y guiarnos Jesucristo nos ha enviado al Espíritu Santo, que es el mayor Don que Dios podía darnos. Invoquémoslo con fe y no habrá nada ni nadie que nos detenga.

Todo está a nuestro favor. Nos salvaremos si creemos y queremos. Dios ha hecho su parte, hasta el extremo. Nosotros ¿haremos la nuestra?

Oración:

Padre Santo, te pedimos que nos envíes hoy, como cada día, Tu Espíritu Santo, para que nos fortalezca, enseñe y guíe hasta la verdad, hasta el amor, hasta la plenitud. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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