Mateo 28,16-20 – yo estoy con ustedes

abril 27, 2017

Yo estoy con ustedes

y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

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Mateo 28,16-20 – yo estoy con ustedes

Mateo – Capítulo 28

Reflexión: Mateo 28,16-20

Hemos estado reflexionando en la importancia de creer; creer que Jesucristo en nuestro Salvador; creer que es el Hijo de Dios vivo; creer en cada una de las cosas que nos ha revelado; creer en sus promesas, siendo posiblemente la que condensa todo, que si creemos en Él, tendremos vida eterna. Vida para la cual fuimos creados por Dios. Vida en abundancia que Dios Padre quiere que tengamos por amor.

El mensaje es positivo. El demonio ha influido mucho para que algunos lo tergiversemos y andemos presentando cuadros sombríos y aterrorizadores para aquellos que no creen. Crueles castigos que Dios depara para los malos y pecadores. Pero esto no se condice con Dios que es amor e Infinitamente Misericordioso. Una cosa no va con la otra. Ello debe alertarnos para desconfiar de tal mensaje. Quien entra por la amenaza y el terror solo revela su ignorancia, su poca fe y su poco amor a Dios.

El Señor, en ninguno de los evangelios se presenta como el verdugo cuya misión es acabar con los impíos y dar muerte cruel a los pecadores. Ni se presenta así, ni hace eso en toda su vida pública. El Señor Jesucristo es el Hijo de Dios, que ha sido enviado por Él, que es nuestro Padre, a SALVARNOS. No a castigarnos, ni a ponernos duras pruebas, ni a mortificarnos, ni a acabar con nuestras vidas y enviarnos al fuego del infierno. ¡Jesucristo ha venido a salvarnos! ¡Él es nuestro salvador! Hemos de creer en Él para seguirlo y siguiéndolo, salvarnos. Si no le creemos y por lo tanto, no le seguimos, nos perderemos y entonces si sobrevendrá la calamidad, la destrucción y la muerte.

Pero no tergiversemos Su Misión. El mismo nos lo dice, no ha venido ni a juzgarnos y mucho menos a condenarnos. Así que dejemos de presentarlo como implacable juez, porque ese no es el rasgo que destaca de su misión. Él ha venido por amor. Ha sido enviado por el Padre que nos ama como nadie nos podrá amar jamás. Esto resulta difícil de entender a quien no conoce el amor, quien siempre ha sido despreciado, utilizado y maltratado. Es comprensible que no entienda. Pero el ser humano ha sido creado por amor y para el amor, así que debemos insistir en presentar este como el rasgo más notable y distintivo de Dios Padre y su amado hijo Jesucristo.

y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

¿Qué hace quien ama? Quien ama procura siempre tu bien, tu alegría, tu felicidad, tu plenitud. Quien realmente te ama quiere que te desarrolles en todas tus potencialidades hasta ser perfecto, como es Tu Padre. Eso es lo que quiere Dios. ¡Todo en positivo! Quiere lo mejor para cada uno de nosotros. No quiere vernos sufrir. Quiere nuestra sonrisa, nuestra alegría, nuestra felicidad. Y cuando ve en peligro que alcancemos este destino, envía a Su propio Hijo para Salvarnos. Es decir que, en prueba de Su amor, no escatima el menor esfuerzo y nos manda lo mejor que tiene, lo mejor que puede darnos. ¿Para qué? Para salvarnos. ¡No para castigarnos! ¡Por favor! ¡Esforcémonos por entender esto! ¡No volvamos a usar el temor ni la amenaza, que ese no es el lenguaje del Señor!

Pensemos ahora en qué es lo que hace un enamorado. Un hombre o una mujer profundamente enamorado o enamorada, piensa y espera con mucha ilusión cada momento que pasará con su amor. ¿qué hace cuando no están juntos? Prepara algo para agradarle, algo que le guste, algo que sabe que le hará feliz: una frase, un poema, una canción, un dibujo, unas flores, algo dulce…Y cuando llega, se muestra feliz, de buen humor y procura aliviar las penas del otro, consolar, acompañar, halagar…¡Eso es lo que hace una enamorada o enamorado! ¡Eso y mucho más es lo que hace Dios con nosotros!

¿Cuál debe ser nuestra respuesta? ¿Es que al enamorado o enamorada la vamos a querer porque sino se puede molestar y aplastarnos los pasteles en la nariz o darnos de correazos porque no correspondimos sus halagos? ¿Alguien cree, por ventura, que se puede construir una relación amorosa basada en amenazas? ¡No! ¿Por qué entonces nos permitimos presentar a Dios como un cruel verdugo cuando sabemos que es Infinitamente Misericordioso! INFINITAMENTE: sabemos lo que quiere decir. Será imposible que podamos comprenderlo a cabalidad, pero podemos intuir que será muchisísimo más que lo mejor que pudiéramos pensar o imaginar.

Por lo tanto, si algo nos debe mover a oír y seguir al Señor es el amor. Nos debe doler no amarlo tanto, no poderle corresponder como quisiéramos. ¡Eso es estar enamorados! A Dios y a Jesús debemos esforzarnos por corresponderles con el amor más grande del que seamos capaces. No lo hacemos porque sino nos castigara, ni por temor al fuego del infierno, ni por cualquier desgracia que pueda sobrevenirnos, sino porque le amamos más que a nada en este mundo. Y, si no lo hacemos, debemos esforzarnos por hacerlo, que eso es todo lo que Él quiere. ¿Entendemos?

Que otra cosa puede querer decir que la ley y los profetas se reducen a: “Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Ese es el único mandamiento. El mandamiento superior. Dios quiere que le amemos como Él nos ama. Parece una Misión imposible, por pura lógica mundana. Cierto. Pero allí es donde entra a tallar precisamente nuestra fe y la promesa que hoy nos hace Jesús en el evangelio: he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Lo que es imposible para nosotros es posible para Dios, porque para Él no hay nada imposible.

Esforcémonos de aquí en adelante por ver y promover positivamente la Palabra de Dios, la Salvación y la fe. No invitemos a creer en Dios por temor al castigo, a la muerte, a la mentira, a la destrucción, al pecado y la perdición. No es el temor al Demonio el que me ha de llevar a Dios, NO. Ha de ser el deseo de retribuir a Dios el amor sin límites que me prodiga y profesa cada día, como mi mejor amante, como mi mejor enamorado o enamorada. Él lo tiene todo y sin hacerle falta nada, quiere compartir TODO lo que tiene conmigo, porque me ama. ¿Lo voy a despreciar? ¿No debía ser más bien grata o grato y esforzarme por corresponderle, como haría cualquier enamorado o enamorada?

Claro, si todos actuáramos así, muy pronto erradicaríamos la maldad, el pecado, la destrucción, el odio, la soberbia, el maltrato, la pobreza, la injusticia y la muerte de este mundo. ¡Eso es a lo que nos invita el Señor! ¡Escojamos lo mejor! Corresponder a su amor, siempre será lo mejor.

Padre Santo, ayúdanos a comprender el alcance y significado del amor, ese vocablo tan manoseado y depreciado hoy. Danos la sabiduría y fe para entender que es amando a nuestros hermanos que correspondemos y agradecemos Tu amor, te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos, amén.

y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

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